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lunes, 26 de marzo de 2018

Llorenç Villalonga


EL CLÁSICO BEARN
RETRATO INEVITABLE DE UN MUNDO EN DECADENCIA


       La suerte de ciertas novelas resulta, en ocasiones, impredecible y quedan en el olvido durante décadas hasta que el paso del tiempo las convierte en un auténtico clásico. Bearn o La sala de las muñecas fue publicada, en su versión castellana, en 1956, por la modesta editorial mallorquina Atlante. En 1961 se publicó en catalán, y con una merecida repercusión ganaría el Premio de la Crítica catalana. Existen algunas discrepancias sobre la primera versión escrita por Llorenç Villalonga, y fue Baltasar Porcel, amigo personal del autor, quien sostuvo que fue primero la española, iniciada hacia 1936, aunque parece que se redactó la versión catalana mediados los 50, y que enfrentado el autor al editor barcelonés porque pretendía numerosas y diversas correcciones, emprendió la versión castellana, que entregó a la imprenta. El editor Carlos Barral editó una nueva versión castellana en Seix-Barral (1969), prologada por Jaime Pomar, texto que aseguraba la acogida en el ámbito peninsular de quien sería considerado ya como un clásico vivo de la literatura catalana del siglo XX. Dos ediciones recientes recogen el texto completo: el Institut d'Estudis Baleàrics (2006) y Alfabia (2009), que asegura haber editado la versión definitiva, según cotejo de las anteriores, y ahora se suma la de Malpaso con un prólogo de José Carlos Llop, una edición del propio Llop y David Martín Copé.

La obra
       Llorenç Villalonga cuenta un relato de familia de un modo sencillo, con una enjundiosa historia de fondo, una especie de diario-memoria sin apenas ostentación ni una excesiva complejidad estilística que, curiosamente, incorpora la convulsa historia de España a la vida cotidiana, y constata la decadencia de una casa mallorquina de rancio abolengo con envidiable naturalidad. La francmasonería y el volterianismo de su protagonista, don Antonio de Bearn, no eran materia grata al espíritu de una España entre provinciana y empeñada en la autarquía imperial, aunque el tema no fuera razón suficiente para que la novela pasara desapercibido durante décadas, y si el hecho de haber sido escrita por un intelectual mallorquín, ale­jado de los centros emisores de la cultura tradicional de la época: Madrid y Barcelona. La novela narra el devenir de los años de madurez de don Antonio de Bearn, el último de los señores de una estirpe que llegó a la isla con la conquista cristiana, y de su esposa, doña María Antonia, primos hermanos, con quienes se cierra la familia puesto que no han tenido descendencia, símbolo evidente de esa decadencia inexorable de la clase social a la que representan: la aristocracia rural.
       El acierto de Villalonga fue la creación del personaje que interpone en su narración, y cuenta la historia de los señores de Bearn, el capellán de la familia, Juan Mayol, un joven del lugar considerado una especie de “porquero de la casa”, aunque protegido quizá porque fuera un hijo bastardo del amo, dado a sostener aventuras con campesinas del lugar, como buen señor feudal. Juan reconoce la paternidad espiritual de ese hombre cuya vida ha marcado la suya en todos los aspectos. Solo ausente de Bearn durante los años del seminario, Mayol asume que su destino es haber compartido la vida y los conocimientos con el señor, y algunas de sus intimidades. Don Antonio tiene esa cualidad misteriosa que llevan a pensar que algunas personas resulten francas y comunicativas en apariencia, pero como es el caso resultan los seres más impenetrables.
       Juan Mayol encarna ese espíritu reaccionario de raíz clerical propio de la Restauración, aferrado a esa ortodoxia que observa en el señor de la casa y encarna al librepensador por excelencia. La relación entre el hombre maduro y el joven se dilata a lo largo de 30 años desde el inicio hasta el final de la novela, y simboliza el conflicto entre la fe y la razón que defienden ambos personajes. El sacerdote preocupado por la heterodoxia del señor se convierte en guardián de su obra más querida: sus memorias, que son el lugar donde don Antonio ha decidido encerrar ese mundo que muere en la realidad, aunque perdurará por la irreductible fuerza de la literatura. El interés del personaje Mayol, complemento de los esposos Bearn, estriba en su perpetua y continua lucha interior, en las insatisfacciones que dominan su existencia, y se traducen en ese grito nunca formulado en voz alta, que el lector percibe entre líneas. Joven de una extrema sensualidad, de una fuerza incontenible que debe reprimir, oculta una gran frustración por no haber llevado la vida de ese hijo legítimo, y porque por mucho liberalismo que proclame el señor, entendido como humanismo e incapacidad para comprender al semejante, este nunca renunciará al lema ancestral de la familia: Antes morir que mezclar mi sangre.
       Una importancia más ostenta un cuarto personaje, doña Xima, la sobrina de don Antonio, que subraya aun más el importante aporte psicológico de Villalonga. Una joven que provoca un gran escándalo familiar: su fuga a París en pleno Segundo Imperio, donde encuentra protectores jóvenes y adinerados, incluido el mismo Napoleón III, hasta convertirse en una célebre cocotte. Xima encarna una aguda degradación, moral y personal, un hecho que Juan Mayol no deja de denunciar con cierta repugnancia, aunque ella conduce su vida por la senda de esa libertad social que el capellán nunca disfrutó, y su presencia provoca un profundo desasosiego en el sacerdote, que estallará con el incontenible episodio de la visita parisina de la familia. La sensualidad del sacerdote no se verá contenida pese a las represiones y las penitencias a que se somete, puesta a prueba por hallarse en la misma ciudad, llevándolo a soñar con ella, incluso a creer verla en todas partes.
El autor
       Llorenç Villalonga i Pons nació en Palma de Mallorca el 1 de marzo de 1897, de padre militar no siguió sus pasos y estudió Medicina en las facultades de Murcia, Barcelona, Madrid y Zaragoza, y en 1926 se especializó en Psiquiatría. Ejerció en Palma, y después en el Hospital Psiquiátrico de la ciudad. Siendo estudiante universitario escribió artículos en El Día, diario de carácter liberal, se interesó por las vanguardias estéticas europeas, y por Marcel Proust, decisivo en su obra. Su primera novela, Mort de dama (1931), narra la agonía la aristocracia de la isla, y satiriza la vida de la alta sociedad mallorquina de los años veinte. Director literario de la revista Brisas (134-1936) publicó en castellano cinco relatos breves y una pieza teatral.
Cuando se produce la sublevación militar contra la República, Villalonga se afilia a la Falange Española. El 19 de noviembre de 1936 contrae un matrimonio de conveniencia con una pariente lejana, Maria Teresa Gelabert i Gelabert. El final de la guerra significó un tiempo de silencio, escasean sus publicaciones: diez artículos entre 1942 y 1947, en el diario El Español. En 1947 reanudó sus colaboraciones de prensa en el diario Baleares, órgano del régimen franquista, y regresa al cultivo literario en su lengua materna en los 1950, mejoran sus relaciones con los representantes del catalanismo en Mallorca, y publica en 1952, en catalán, La novela de Palmira, y dos años después aparece en Barcelona una nueva edición de su primera novela, Mort de dama. Entre 1952 y 1954 escribe en catalán su obra más importante, Bearn o La sala de las muñecas, considerada hoy un clásico de la literatura catalana. A partir de los sesenta, en su literatura cobra una gran importancia el componente autobiográfico, en las novelas L'àngel rebel (1961), Falses memòries de Salvador Orlan (1967), Les Fures (1967) y El misantrop (1972. Actualmente se considera una de las figuras más importantes de la literatura en lengua catalana del siglo XX. Murió el 28 de enero de 1980.





Llorenç Villalonga, Bearn o La sala de las muñecas; ed., de José Carlos Llop y David Martín Copé; Barcelona, Malpaso, 2017; 340 pp.

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