Páginas vistas en total

jueves, 25 de septiembre de 2014

Adelaida García Morales, réquiem



      Ayer saltaba la noticia del fallecimiento de Adelaida García Morales, la aclamada narradora de El Sur, sin duda su novela de mayor proyección, alimentada además por el filme de Erice.
        En este país tenemos una fría y mala costumbre, acordarnos de nuestros buenos autores cuando ya han desaparecido, y quizá haya que volver la vista cuando aun los tenemos entre nosotros y aun la magia de sus relatos nos acompañan. Adelaida García Morales llevaba más de una década de silencio porque, en alguna ocasión, había manifestado que lo último que escribía no merecía la pena publicarlo. La más de docena de títulos que nos deja, son muestra suficiente para volver ala vista a la narradora de los 80, quien nos acompañó en la difícil travesía de la transición, poniendo en sus textos mucho del color humano de sus personajes y paisajes del Sur, y por añadidura algunos que otros claroscuros que caracterizan su obra.



    Adelaida García Morales nació en Badajoz en 1945. A los trece años se trasladó a Sevilla, donde vivió y se licenció en Filosofía y Letras, formando parte del grupo teatral Esperpento, tras lo que marchó a Madrid para especializarse en creación de guión en la Escuela Oficial de Cinematografía. Tras un tiempo dedicado a la docencia, terminó decantándose por la escritura, y ha creado varias novelas encuadradas en la comúnmente denominada “literatura femenina”, cuyos personajes se ven envueltos en intrigas de corte fantástico y a la vez sentimental (algunas de sus obras se consideran de género gótico). Se dio a conocer con la novela Archipiélago, en 1981, y su posterior relato, El Sur, fue adaptado a la gran pantalla por Víctor Erice, y con la novela El silencio de las sirenas obtuvo el Premio Herralde en 1985. La lógica del vampiro (1990), Las mujeres de Héctor (1994), La tía Águeda (1995), los cuentos Mujeres solas (1996), Nasmiya (1996), La señorita Medina (1997), El secreto de Elisa (1999), El testamento de Regina (2001) y Una historia perversa (2001).También posee el Premio Ícaro de Diario 16 a revelación literaria de la temporada. Falleció en Sevilla, su tierra de adopción el 22 de septiembre de 2014.



El Sur
                El Sur tiene mucho de claroscuro y de evocación del tiempo. El relato está intrínsicamente ligado al filme, y este a su vez al relato. Quien haya podido hacer las dos lecturas comprenderá que los matices colorísticos de la historia, han sabido adaptarse en las imágenes grises, las tonalidades matizadas en la película realizada por Erice.
                La novela corta es, fundamentalmente, un recuerdo en el tiempo; una evocación del sur, un aura de misterio entorno al personaje central: el padres; y es, también, el recorrido de los años de una niña que va descubriendo su vida con un telón de fondo de oscuridad y misterio.
                El padre desprende una fuerza que llena por completo la vida de la adolescente, hasta el punto de que a lo largo del relato aparece en sucesivas ocasiones el vínculo que une a los dos: la afición por lo misterioso, lo enigmático, la justificación de situaciones vividas, el zahorismo que practica el padre y le enseña a ella. El relato es el perfecto diario de una joven que tras el correr de los años siente la necesidad evocadora de su niñez y adolescencia pasadas. El paso de la existencia del padre le hace revivir, una y otra vez, el pasado que protagoniza este y ella misma; con figuras de fondo como la madre o la criada que no participan de su mundo.
                El Sur es un círculo de dos: padre-hija, hija-padre, y todo gira en torno a una relación llena de justificaciones: de adulte­rio, con el descubrimiento de las cartas recibidas de Gloria Valle, de incesto cuando Adriana descubre el amor en un joven de su edad. Y es también la justificación de una vida sin sentido que necesariamente, la protagonista femenina debía contar.
                Una vez ocurrido el desenlace trágico esta vuelve a Sevilla, al origen del padre y allí encuentra a la amante y al hijo de ambos.
                La narración no tiene otra lectura. Adelaida García Morales ha querido escribir un relato rectilíneo, evocado en el tiempo como recurso técnico con la única interpretación de ser la transcriptora de una historia que se justifica por sí al plasmarla en el papel, que de ninguna otra forma podría serio, que se convierte en una magistral muestra de cordura literaria, de expresión unívoca del tiempo real vivido de sus protagonistas, con una recreación colorística majestuosa.

Adelaida García Morales; El Sur & Bene ; Barcelona, Anagrama, 1985.

El silencio de las sirenas
                El silencio de las sirenas, aunque publicada después, está escrita en el tiempo antes que El Sur. Bajo el mismo escenario geográfico, esta novela corta se redactó entre 1979-980, revi­sada y terminada en 1985. El relato corto es de 1981. La novela no necesitaba, necesariamente, ser el III Premio Herralde para ser publicada y para saltar a la escena literaria.
                El silencio de las sirenas es una historia de amor muy especial, localizada en un pequeño pueblo de las Alpujarras granadinas, y sin duda el hecho de que Adelaida García enmar­que su relato en esta tierra viene dado por el hecho de que ha sido un lugar que durante cinco años le ha marcado sensible­mente su forma de vivir. En el relato lo imaginario es la parte más importante. María la maestra de una pequeña localidad de las Alpujarras, se convierte en la transcriptora de la vida de la protagonista: una joven que decide vivir allí para huir de la ciudad. En el pequeño pueblo la maestra se convierte en confidente del amor que siente Elsa por un hombre que casi no aparece en la novela, a quien conoció en Barcelona y con el que sólo se comunica a través de cartas y del teléfono.
                La historia principal está servida, y en torno a ella un excelente conocimiento de la atmósfera en que viven los habi­tantes del pequeño pueblo. La sensación del ambiente llega a confundir la realidad con lo imaginario, como hace la propia protagonista con su vida.
                De nuevo un círculo de dos: María y Elsa y su mutua fascinación. Elsa en su retiro evoca el amor ¿ficticio? ¿real? que puede llegar a significar la autoafirmación de su existencia, pues cuando al final del relato este amor se disipa, se desenca­dena el deseo de la autodestrucción del yo.
                A pesar de esa primera sensación de estudio psicoanalítico de personajes y ambientes, la obra no es ni mucho menos un estudio teórico sobre cualquier disciplina psicoanalítica, sino más bien la persecución por parte de la protagonista de una ficción que para ella llega a convertirse en realidad, y, funda­mentalmente, como Adelaida García Morales ha manifestado en alguna ocasión, es el placer intrínseco de contar una historia.

Adelaida García Morales; El silencio de las sirenas; Barcelona, Anagrama, 1985; 168 págs.

(Reseñas publicadas en Diario Ideal/Almería, El kiosco de papel, domingo 2 de marzo, 1986; pág., 11.)




Las mujeres de Héctor
                La trayectoria narrativa de Ade­laida García Morales (Badajoz, 1946) viene marcada desde sus primeras entregas por un lirismo tenebroso que envuelve a sus historias. Sus valores estilísticos se con­cretaban en la provocación hacia una sensibilidad estética diferente, que definía a esta mujer frente a consabidas voces que desde hacía años no decían ya nada.
                Ese halo de misterio que inci­taba al lector a traspasar la rea­lidad de la vida o de la muerte, como tema preferente en la narra­dora pacense, la convirtió en la revelación de la década pasada, que en el espacio de cinco años nos entrega sus obras hasta el presente: El sur & Bene (1985), El silencio de las sirenas (1985) y La lógica del vampiro (1990). Sin la prisa que ha caracterizado siempre a la narradora, publica ahora Las mujeres de Héctor (1994), una nueva novela que conserva ese aire de soledad y frustración que condicionaba a sus personajes anteriores, aunque el planteamiento en la obra pre­sente, nada tiene que ver con las anteriores. El intimísimo rural que conmocionó al lector, la fuerza de unos personajes que se desenvol­vían sin apenas diálogo y el fuerte subjetivismo caracterizadores, han sido abandonados y la novelista parece haber querido distanciarse para escribir, en esta ocasión, una obra urbana.
                El comienzo es bueno, las pri­meras páginas son de lo más cine­matográfico —dos mujeres discu­ten y tras un breve forcejeo ocurre un asesinato involuntario—, cir­cunstancia que planeará sobre el resto del relato. Los personajes son presentados muy rápidamen­te, al hilo del suceso y su poste­rior ocultación.
                Tres mujeres encarnan un melodrama personal en torno al único hombre del relato, Héctor. Pero lo que se cuenta parece más bien el esbozo de una historia mayor que, inequívocamente, se queda a medias, porque ni la trar ma policial que debiera envolver a la historia, ni la lucha particular que llevan a cabo las distintas mujeres, logran interesar, definiti­vamente, al lector. Laura, la ex-esposa y homicida involunta­ria, se debate entre su propia autosuperación y la sombra del crimen que debe ocultar; no logra la fuerza necesaria como persona­je principal y al final queda como un conato de ejemplo femenino. Margarita, la amante circunstan­cial del marido separado, es quien, por su propia fuerza natu­ral, logra sobresalir por encima del personaje anterior, aunque se desdibuja en una especie de "sal­vadora de almas" que la condicio­na; y finalmente, Irina, una niña-mujer, que caprichosamente se debate entre el amor imposible de Héctor, puesto que éste no le hace caso; su actuación se com­pleta en una sucesión de actos insensatos.
                La aparente investigación poli­cial tampoco es llevada a cabo con la habilidad esperada: se con­vierte en una sucesión de interro­gatorios que la policía lleva a cabo, sin que al final se vislumbre la solución del crimen. A Adelaida García Morales le han fallado los cambios experi­mentados en la presente obra, porque el abandono de la primera persona en favor de la tercera no logra dar coherencia a la seduc­ción alcanzada en sus anteriores relatos, cuya fuerza, repetimos, se encontraba en el rigor expositivo, en la estética de unas descripcio­nes, en la capacidad seductora de un lenguaje marcado por la insi­nuación, la sugerencia y un fuerte subjetivismo.

Adelaida García Morales; Las mujeres de Héctor; Barcelona, Anagrama, 1994.

(Reseña publicada en Cuadernos del Sur, jueves 5 de mayo, 1994, pág., III/29)



El testamento de Regina
                El mundo femenino de Adelaida García Morales (Badajoz, 1948) es inherente a su propia escritura, como viene siendo habitual en sus últimas entregas, pasiones escondidas o soterradas bajo una aparente vida familiar, deshecha por alguna circunstancia en la que los celos, el poder, el dominio, en definitiva, de unos personajes sobre otros más débiles rompe esa armonía. En El testamento de Regina ( Destino, 2001) se muestra el mundo de las pasiones familiares, en realidad, se trata de contar un cierto melodrama interior, con intereses de fondo para con una anciana, protagonista del relato, y la joven psiquiatra que decide trasladarse hasta la casa, de esa señora mayor, acudiendo al reclamo de un anuncio. Para Susana comienza una historia inverosímil, con una Sevilla desdibujado como telón de fondo, y sobre todo el conocimiento de una familia cuyos personajes están abocados a un sinvivir por las ambiciones perversas que dominan sus vidas. Sólo la imagen de una dama, Regina, una bella anciana, cuya fuerza interior surge de la soledad con que ha vivido sus últimos años,  sobrevive a las intrigas familiares de un relato que discurre por los difíciles límites de la inverosimilitud. Para esta mujer ya no existe el tiempo, la uniformidad de todos los días, será paliada con la presencia de la joven psiquiatra, sólo así viviremos la historia interior de la anciana y la exterior de Susana, quien observa y relata perpleja las idas y venidas de una familia, cuya presión se acentúa cuando ocurre un inesperado suceso, el crimen de Bernardo y su amante, hijo de la señora, encontrados en una finca familiar cercana a Sevilla. A partir de este suceso el relato discurre por las intrigas familiares que llevan a cabo, hermano y sobrinos, para hacerse con la herencia de la anciana y sólo se remansa por momentos cuando se estrechan y fortalecen las relaciones entre las dos mujeres. En ambas se refuerza el sentimiento femenino con que siempre ha dotado García Morales a las protagonistas de sus relatos hasta el momento, aunque la historia de Regina y las mezquindades en que se ve envuelta bien podrían haber sido resueltas de otra manera.

Adelaida García Morales; El testamento de Regina; Madrid, Debate, 2001

                                 
Una historia perversa
                La segunda novela que García Morales publica simultáneamente este mismo año se titula Un historia perversa (Planeta, 2001), una trama psicológica que suprime buena parte de los elementos y constantes de su narrativa interior. La novela se desarrolla en espacios interiores y reduce sus personajes, prácticamente, a dos, los protagonistas, Andrea y Octavio, una pareja de recién casados, un famoso escultor y la dueña de una sala de exposiciones. Se trata de un relato angustioso, una historia horrorosa que relata la pasión de su protagonista masculino, poco tiempo después del matrimonio, un carácter violento, autoritario, dueño absoluto de la situación. Pero, por otra parte, sobresale la atracción de la joven esposa por un hombre de tan extraña conversión. Dos géneros se superponen, el psicológico porque se trata de una exposición de dominio y posesión sobre el otro yo, y la intriga porque, en cierto modo, predomina una cierta locura criminal en el desarrollo de toda la novela. Hay un proceso que va creciendo a medida que avanza la novela y el final, que no puede ser desvelado, no deja de sorprender a un lector que espera un desenlace distinto tras el aura de misterio que encierra la historia. La estructura narrativa no deja de ser original, hay una alternancia en los dos protagonistas que van contando, mediante monólogos alternos, sus experiencias con la pareja, perfectamente graduadas cuando hablan, tanto Andrea y los miedos que le va originando su relación, como Octavio y los celos que éste va observando en su atractiva esposa.. Original en su tratamiento, esta especie de novela gótica al uso que recordará al lector a monstruos como Frankenstein e incluso la doble personalidad de Jeckyll y Hyde en esa profunda mirada que se concreta en el bien y el mal.

Adelaida García Morales; Una historia perversa; Barcelona, Planeta, 2001.

(Reseñas publicadas en Diario Ideal/ Granada, Artes y Letras, marzo, 2001.)



 


 
 

3 comentarios:

  1. Una narradora contemporánea imprescindible. Algunos son recordados solo tras su muerte, en este caso ayer me sorprendió que ni se hiciera mención a ella en la tele (quizá no me enteré). Suerte que existen medios como este blog para hacerle justicia y rescatar sus títulos, y tal vez motivar a quienes no la conozcan a descubrir la calidad de su prosa.

    ResponderEliminar
  2. Una vida tormentosa, una muerte inesperada. Siempre nos quedará su obra.
    Mª Ángeles.

    ResponderEliminar
  3. Me encanta que este blog recuerde a personas que no están entre nosotros por el gran trabajo que han hecho escribiendo y publicando sus libros.

    ResponderEliminar