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martes, 16 de septiembre de 2014

Centenario Cortázar


E

Envidia 

  “La envidia es una inferioridad que nosotros mismos confesamos”.                                                      

                                                       P. Charles


JULIO CORTÁZAR, CUENTA


        El mundo literario de Julio Cortázar es un juego que recobra esa virtualidad perdida, y se convierte en refugio para la sensibilidad o la imaginación. En muchos de los libros de Cortázar el autor juega con el narrador, juega con los personajes e incluso llega a jugar con el lector. Los cuentos de Cortázar se convierten en más ambiciosos e iconoclastas que el resto de su producción narrativa. Saúl Yurkievich editaba los Cuentos (completos, 2003) del escritor argentino, un amplio proyecto de «Obras completas» publicado por Galaxia Gutenberg/ Círculo de Lectores. El primer volumen contiene los Cuentos y en la documentada «Introducción general» sobre el autor y sobre su obra, el crítico afirma que sus relatos desconciertan, producen un asombro inquietante; son cuentos sembrados de misterio, hacen vislumbrar lo oscuro, la desconocida amenaza que acecha, selecciona lo admisible y lo discernible de nuestro mundo y permite atisbar otros posibles, enmarcados en un orden distinto para llegar a otras magnitudes, o incluso vislumbrar ignorados parámetros; los cuentos de Cortázar —insiste Yurkievich—, ofrecen una visión «intersticial», una manera de estar “entre”, afirma con rotundidad, ni por encima ni por detrás sino, precisamente, “entre”. Darío Villanueva señalaba en su Trayectoria de la novela hispanoamericana actual (1991) que «los cuentos de Cortázar suelen ser apreciados por los lectores de su obra con mayor aceptación y complacencia estética que sus desconcertantes experimentos novelísticos; con aquellos ha contribuido a la creación de una nueva retórica del relato breve, mostrando recortes significativos e intensos de la vida, fundiendo en perfecta alianza objetividad e imaginación (...) dotándolos de una creciente tensión y de un ritmo de semejante libertad al del jazz en su influencia, hasta conseguir formas esféricas, en las que tiene amplia cabida la fantasía y el misterio a partir de su atenta captación de la realidad y de la observación de sus dimensiones maravillosas y poéticas (...).


         La obra, y la vida de Cortázar, —según ha manifestado José Miguel Oviedo— puede dividirse en tres etapas reconocibles, marcadas por cambios y reafirmaciones: la etapa formativa es breve, algo tentativa, y acaba cuando en 1951 publica Bestiario y abandona Buenos Aires para instalarse en Europa. Hasta ese momento es un escritor cuya literatura le ofrece una auténtica evasión donde jugar con presencias imaginarias, fantasmas, desdoblamientos, animales míticos y otras convergencias, las puertas hacia lo desconocido; la segunda etapa comienza con su vida en París, donde pasó largos años como traductor de la UNESCO y vería publicados dos de sus mejores libros de relatos, Las armas secretas (1958) y la segunda edición de  Final de juego (1964); y la última etapa, iniciada mediada la década de los 60, cuando el compromiso de Cortázar se hace mucho más activo: Cuba, las revoluciones latinoamericanas, incluso la causa palestina, y surgen los cuentos de Todos los fuegos el fuego (1966). Su obra cuentística —reincide Oviedo— es muy extensa, de bordes imprecisos, porque se entremezcla con formas paralelas, como el resto de textos incluidos en sus misceláneas y en las prosas en las que aparecen sus famosos «cronopios» y «famas».

Los cuentos
                En la «introducción» de Yurkievich leemos que Bestiario aparece en 1951, cuando el autor ya se ha instalado en París. Se trata de su primer libro de cuentos publicado, contiene uno de sus relatos más estudiados y publicados, «Casa tomada», preciso en su lenguaje, de engañosa morbosidad, repleto de juegos de ominosas sugerencias y claves que crean un clima que hace sospechar al lector de todo, y del que no se espera su final. Relata un ambiente normal: una pareja de hermanos que llevan una aburrida existencia, de hábitos vacíos e indiferentes pero a quienes un buen día les ocurre que alguien o algo invade su casa, los va arrinconando y progresivamente termina por expulsarlos. Esa actitud, esa incapacidad para indagar y resistir complica aún mucho más la interpretación del cuento porque se trata de confinar lo ocurrido al silencio, o a esa parte del mundo en el que es mejor no hablar de ciertas cosas. ¿Hay una explicación sobrenatural o fantasmal? ¿Son personas o personajes reales? ¿Tal vez son objetivaciones imaginarias del propio sentimiento de culpa de los protagonistas del cuento? Esto se cuestiona José Miguel Oviedo cuando analiza, certeramente, el más famoso relato del argentino. A este volumen seguirán en un riguroso orden calculado Final del juego (1956), Las armas secretas (1958), Todos los fuegos el fuego (1966), Octaedro (1974), Alguien que anda por ahí (1977), Queremos tanto a Glenda (1981), Deshoras (1982), y además la edición de Galaxia incluye La otra orilla, cuentos de aprendizaje que el autor compuso entre los años 1937 y 1945. El editor reconstruye la edición de estos relatos de una forma cronológica y los distribuye en tres secciones, «Plagios y traducciones» (cinco cuentos fechados entre 1937 y 1939), «Historias de Gabriel Medrano» (cuatro, entre 1941 y 1945) y «Prolegómenos a la Astronomía» (otros cuatro, fechados entre 1942 y 1945). Esta colección había aparecido por primera vez en los Cuentos completos que Alfaguara había publicado en dos volúmenes en el año 1994. El manuscrito encontrado entre los papeles del autor, concluye con el más famoso «Casa tomada» que entonces publicará en su segundo libro de cuentos Bestiario (1951) y muestra esa especie de puente entre sus relatos desechados por sus «frágiles estructuras» y la consumada maestría que se anuncia con este relato que Borges había incluido en la revista Los Anales de Buenos Aires, en su número 11, en diciembre de 1946. Sobre este cuento y sobre la obra, Borges había afirmado en una entrevista de 1974 lo siguiente: «Conozco poco la obra de Cortázar, pero lo poco que conozco, algunos cuentos, me parecen admirables. Además tengo el orgullo de haber sido el primero que publicó uno de sus trabajos. Yo dirigía una revista y recuerdo que se presentó en la redacción un muchacho alto que traía un manuscrito. Le dije que iba a leerlo. Volvió al cabo de una semana. El cuento se llamaba «Casa tomada». Le dije que era admirable y mi hermana Nora lo ilustró». Borges, no se equivocó y hoy «Casa tomada» es uno de sus relatos más estudiados, junto a «Bestiario» y «Lejana» que lo siguieron y que se cuentan entre los más perfectos de su ficción breve, núcleo de su primera colección publicada, Bestiario.
                Hoy la ficción breve de Cortázar esta bien editada, a la edición de 1976 realizada por Alianza Editorial, en tres volúmenes, han seguido la de Alfaguara en 1994 con un prólogo de Mario Vargas Llosa, dos volúmenes, y el presente (parte de OC) de más mil páginas, con un aparato crítico interesante, bien documentado, así como el inédito «Bix Beiderbecke». Escribir para Cortázar, señala Yurkievich, constituía una tentativa de conquista (o comprensión) de lo real. La buena literatura encarna para él una forma de acción (no la acción de las formas sino las formas de la acción) y de ahí que escoja el existencialismo como teorética de su praxis de escritura.  



 

3 comentarios:

  1. Un genio del relato -de la narrativa, en general- que, aunque no a todos gusta, es imprescindible en la historia de la literatura hispánica.

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  2. Difícil, a veces, de seguir el hilo de su prosa, pero un auténtico genio.
    Mª Ángeles.

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  3. Un centenario recordado por sus seguidores y lectores, además muy bien explicado.

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