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martes, 26 de mayo de 2015

Javier Sánchez Menéndez



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MEDIODÍA EN KENSINGTON PARK



     La distancia que establece un poeta en relación con su propio lenguaje se concibe como la expresión directa de sus verdades y como consecuencia de la construcción de un artificio capaz de determinar la relación moral con su realidad inmediata, a la par que esa voz lírica se identifica con esa primera persona que se supone es el poema. La soledad del poeta en mitad de una ciudad, o de un espacio conocido y/o reconocible presupone en él la convivencia con esa geografía, vértice que depura todos y cada uno de los argumentos válidos de la realidad vivida, suspiro llevado al límite, y capaz de sugerir esa estilización que presupone una trascendencia eminentemente subjetiva, puesto que la poesía se define como una tarea expresiva, una necesidad de exprimir que deja un eco de la verdad esencial del individuo con respecto a esa misma realidad esgrimida.



   Ecos, sonidos y colores, cadencias, notas en resumen que convierten la fuerza de un lenguaje en la impresión de un acentuado simbolismo, un ejercicio capaz de expresar el ámbito real con la verdad subjetiva, para crear así una auténtica conciencia de las imágenes como ocurre en, Mediodía en Kensington Park (2015), que Javier Sánchez Menéndez (Puerto Real, Cádiz, 1964) nos ofrece como “Libro cuarto” de ese proyecto que titula Fábula y que reunirá un total de diez poemarios de singular y variadísima expresión lírica. La preocupación metapoética de Sánchez Menéndez es constante como puede apreciarse en estas treinta, ¿prosas poéticas? ¿metanarraciones? ¿dietario lírico? Poco importa si el poeta ha conseguido con su ritmo pausado dejarnos mirar en su interior y devolvernos parte de sus recuerdos, y además porque como afirma Sánchez Menéndez con las palabras (solo) busca la verdad. Y esa palabra justa, es la que conduce al poeta por el camino de la esencia. Es medio día en Kensintong Park anota el gaditano, mientras el mundo gira y las referencias literarias al lugar asaltan la memoria del lector, Barrie, Tickell, McClung y el más cercano Fresán que salpican los versos que presuponen la ignición de la palabra, mientras el poeta se adentra, observa y anota cuanto admira desde el centro mismo del parque, envuelto en las imágenes que pueblan el lugar, en la magia y la fantasía de sus árboles, de las numerosas plantas y flores que se conjugan en una simbólica visión de todo el conjunto.
    Detalles cotidianos, recuerdos y silencios en abundantes pensamientos líricos que se desvelan como una auténtica declaración de intenciones; en realidad, una ajustada autorreflexión a que pocos poetas nos tienen acostumbrados.










MEDIODÍA EN KENSINGTON PARK
Javier Sánchez Menéndez
Sevilla, Ediciones de la Isla de Siltolá, 2015.

       

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