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lunes, 26 de diciembre de 2016

Eduardo Hojman



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OTRA HISTORIA ARGENTINA

              
       Un país como Argentina —asegura el autor de la presente selección y de la introducción de la misma, Eduardo Hojman— produce más y mejores cuentistas que novelistas. Borges no escribió novelas—insiste; los relatos de Cortázar son más memorables que sus novelas y lo mismo habría que decir de Horacio Quiroga, Roberto Arlt, Aberlardo Castillo o Fogwill . Hace algunos años, Juan Forn, reunía en un volumen titulado Buenos Aires (1992), una antología de la nueva ficción argentina, con el único propósito de paliar el desconocimiento y la ignorancia que pudiera existir en España respecto a la literatura breve actual en un país hermano como Argentina; los autores seleccionados entonces, bastante descocidos por cierto, han confirmado, años después, el valor de una literatura que surgió, como apuntaba Forn, de ámbitos urbanos, que habían recibido una educación existencialista francesa, se inscribían en la onda beatniks o en el nacimiento del pop, la revolución sexual y el estructuralismo; surgían así los nombres de Aberlardo Castillo, Ricardo Piglia, Fogwill, César Aira, Alan Pauls o Rodrigo Fresán, además del propio Juan Forn.
       En Cuentos argentinos (una antología) (2004) que, Siruela pone a disposición del lector español, se apuesta, nuevamente, por una diversidad de nombres con una trayectoria desigual y de un desconocimiento narrativo de este país; es decir, tan solo son conocidos y han publicado en España autores como, Ana Basualdo, Eduardo Berti, Lázaro Covadlo y Rodrigo Fresán. Fontanarrosa, sin embargo, es un conocidísimo autor en su país, dibujante y humorista gráfico que colabora diariamente en medios como Clarín. La selección, «arbitraria, basada en gustos personales y en cercanías temporales y geográficas» responde a una visión del cuento argentino actual, aunque muchos de estos autores ya no residen en Argentina y sus vivencias y localizaciones geográficas se refieren a los países de adopción, bien sea España, Alemania, Francia o algún que otro país sudamericano. No existe pues, estructura o un planteamiento genérico que pudiera aglutinar de alguna forma buena parte o la totalidad,  temáticamente hablando, sobre estos relatos, aunque en el trasfondo de muchos de ellos late una Argentina viva o recuperada, como en el caso de «Volver», cuento de Eduardo Berti, aunque, en realidad, se experimente una extraña situación de volver al pasado o el caso, también, de «No te conozco» de Lázaro Covadlo que inicia, en igual medida, un viaje al pasado, pero desde una ciudad como Barcelona, donde reside. El propósito de esta selección —escribe Hojman— es que quien lea estos cuentos sepa, o crea saber, un poco más de Argentina que antes. Al menos diez de estos relatos están salpicados de una extrema violencia, a veces, directa y palpable, otras veces camuflada bajo una crónica policial, aunque, también, frente a esa actitud de violencia, surge como sentimiento intercambiable, el amor, junto al desencanto o la imposibilidad de ser. Relatos violentos que uno no debe perderse, «Quería taparla con algo» de Jorge Accame, «Matar a un perro», de Samanta Schweblin y acerca del amor escriben, Liliana Heker y su cuento «Contestador» y María Fernanda Cano y «La partida definitiva».
       Fontanarrosa y Aguirre además de ser los escritores más cosmopolitas, comparten la característica común de saber captar el lenguaje coloquial y recrearlo en sus relatos, empleando términos de difícil comprensión para los hispanohablantes de otros países; quizá por esto, el compilador acompaña en este libro un glosario esclarecedor. Hojman habla, al final de su introducción, de puerta de entrada a una literatura que como el propio país se tilda de caótica, densa, rica, cuestionable, brillante. Aceptemos este último término para definir la propuesta de estos Cuentos argentinos. 





CUENTOS ARGENTINOS
(Una antología)
Selección y prólogo de
Eduardo Hojman
Madrid, Siruela, 2004

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