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lunes, 19 de diciembre de 2016

Manuel Hidalgo



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TODO ESTÁ EN ORDEN


       Manuel Hidalgo (Pamplona, 1953) es un periodista que ha dedicado sus esfuerzos a escribir jugosas columnas literarias y a ejercer la crítica cinematográfica durante las últimas décadas; pero ha sido, además, guionista de cine y novelista con títulos como El pecador impecable (1986), Azucena, que juega al tenis (1988), Olé (1991), La infanta baila (1997) y Días de agosto (2000). Ahora justifica su mayor atrevimiento, en el mundo de la buena literatura, con un puñado de cuentos y, como si de una autoexculpación se tratara, los titula Cuentos pendientes (2003). El cuento —ha escrito Manuel Hidalgo— es algo así como una cuestión de carácter o, tal vez, ese dominio que un autor debe tener para utilizar con una precisión casi sincrética la economía de los elementos y los recursos medidos de una narración breve.
       Si algo caracteriza a estos Cuentos pendientes es precisamente ese fuerte carácter, tanto en su planteamiento como en su ejecución, y ambos como recursos capaces de señalar en toda su extensión la capacidad de Hidalgo para hablar de la vida cotidiana con todas sus  miserias y sus obsesiones. A algunos de los temas planteados a lo largo de sus relatos, el mundo del sexo y el amor o la vida y la muerte, incluso ese destino imprevisto que nos atormenta, se añaden esas otras inseguridades que provocan una aguda observación sobre la realidad vivida por muchos de sus personajes y, en ocasiones, plasmado en las situaciones más absurdas, fantásticas e inverosímiles que nadie pueda imaginar. Hay un profundo sentimiento de tristeza no exenta de abundantes dosis de acritud en muchas de estas historias, aunque el autor sabe resolverlas desde un prisma humorístico que salpica lo efímero de muchas de las existencias narradas. Solo así se consigue que lo transitorio y lo perecedero se prolonguen, en el futuro, en la memoria del lector. Para sobrevivir a algunas contundentes historias de un realismo tradicional, léase, por ejemplo, «La chica del ascensor». Por otra parte, la concisión y la expresividad buscadas por el autor se consiguen con una economía lingüística como no podía ser de otra manera, necesariamente elíptica; el mejor ejemplo, es el relato en forma de diálogo, «Cama blanca». Supersticiones, guiños del destino, incluso esperanzas en el azar de la vida, hacen que algunos de sus personajes concreten sus deseos, como ocurre en «La ironía del destino». Trece historias, siete de las cuales publicadas anteriormente y revisadas para el libro; el resto inéditos. Coincido con una mayoría de lectores, el cuento que cierra el volumen «El portero», resume la belleza o la ternura que Hidalgo, pese a todo, logra infundir a sus relatos. Esa otra batalla que se logra con alguna u otra pasión.






CUENTOS PENDIENTES
Manuel Hidalgo
Madrid, Páginas de Espuma, 2003

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