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jueves, 29 de diciembre de 2016

Werner Fuld



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MIENTRAS LLEGA  EL FINAL
              

       El mercado editorial no deja de sorprendernos con curiosidades como la que aparecía al filo de una fecha tan señalada en nuestro país como el día de los santos o de los difuntos, nos referimos, concretamente, al pequeño monográfico que sobre la ocurrencia de esas palabras finales se le atribuyen a numerosos personajes de nuestro pasado, tanto del mundo histórico como literario, del político o del ensayístico, de lo laico o de lo religioso, de la realeza o de la burguesía, de lo pictórico o de la música, y que Werner Fuld (Heidelberg, 1947) concreta en su Diccionario de últimas palabras (2004), una idea que el escritor y crítico literario había recogido de Chateaubriand cuando éste afirmaba, «a uno le gustaría tener una antología de las últimas palabras de hombres célebres». Propuesta, además, confirmada por ese otro genio que fuera el filósofo Montaigne quien suponía que «la gente, siempre ante la muerte, dice la verdad en favor de una salvación del alma».
       El Diccionario de últimas palabras es, en esencia, una colección de célebres personajes y la actitud que adoptaron ante tan agónico tránsito a la otra vida. A lo largo de estas páginas se vislumbra alguna que otra agudeza de ingenio de muchos de los personajes que desfilan por el libro de Fuld. Pero, como puede vislumbrarse, no siempre se acierta con esa voluntad de epitafio deseado con que se acuerda pasar a la posterioridad. La genialidad de los mismos, por otra parte de muchos de ellos, queda puesta de manifiesto en los numerosos ejemplos que, ordenados alfabéticamente, para comodidad del lector ha ido reuniendo el escritor alemán de las codas literarias que, en numerosos casos, rezuman imaginación, humorismo y un sarcasmo punzante. Quizá por todo esto, habrá que pensar, como alguien ya lo ha hecho, en un epitafio como el continente perfecto que da rienda suelta al humor negro porque esa imprevisibilidad del final impide siempre al escritor o al hombre importante concluir sus días con una despedida a la altura del genio que siempre se la ha atribuido y, en ocasiones, recurre a un pequeño acto de venganza para redondear así la resignación que le supone ante esta actitud final.
       La muerte señala el propio Werner Fuld tiene sus propias leyes; si no podemos calcular la vida, menos aún resultan previsibles esos minutos últimos, a veces grandiosos, otras tristes, en ocasiones absurdos y finalmente cómicos. «Nuestra muerte ilumina nuestra vida», escribió Octavio Paz, un pensamiento tan hermoso como elegante del poeta mejicano, pero sin olvidarnos del lado jocoso del asunto, no menos ocurrente y verdadero resulta lo que puede leerse en el cementerio de Charenton, en la tumba de El Marqués de Sade, «Si no viví más es porque no me dio tiempo».






DICCIONARIO DE ÚLTIMAS
PALABRAS
Werner Fuld
Barcelona, Seix-Barral, 2004

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