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viernes, 11 de noviembre de 2016

Carlos Peramo



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VECINOS


      Siempre resulta gratificante descubrir una ópera prima que muestra tener tanto talento en el difícil arte del relato corto, aunque la presente colección de cuentos Vecinos (2000) se abra con una nouvelle, de cierta extensión, que muy bien podría no encajar en esa definición que caracteriza a un puñado de páginas y más bien habría que decantarse por la clasificación de novela corta, en su sentido estricto, que formaría un único volumen. Pero habrá que pensar que Carlos Peramo (Barcelona, 1967) haya querido incluir cinco cuentos más, de una extensión variada, pero de una coherencia estructural, para conformar su primer libro como una apuesta mayor.
       Nada sabemos de este autor que por la ficha que acompaña a la fotografía de solapa, ha desempeñado varios empleos y trabajos y que recientemente ha ejercido de profesor de Técnicas de Novela y Cuento en el Aula de Letras de Barcelona. Es este un detalle que no escapa a una atenta lectura puesto que la estructura narrativa de estos cuentos está lograda casi milimétricamente hablando.
       Tanto Vecinos, el cuento extenso que le proporciona al autor el título del volumen, como el resto de las cinco historias recrean un mundo homogéneo, una atmósfera común que otorga a las historias la categoría de excelentes exposiciones narrativas, con una información dosificada, un detallismo extremo, un ambiente claustrofóbico que recrea espacios interiores, fundamentalmente, cierto suspense en la ejecución de las historias y un final apenas vislumbrado. Todas estas características son las muestras inequívocas de un autor que es capaz de ofrecerse, a priori, a sus lectores, ofreciéndoles ese minimalismo cotidiano del que participamos todos y cada uno de nosotros hasta llegar a la obviedad misma que nos impone la rutina. Esta colección de relatos, también hay que decirlo, resultan tan sorprendentes como crueles, violentos en alguna medida y ciertamente obsesivos, una característica que en caso de este autor se convierte en una actitud porque hacia la mitad del primer cuento, en una de las tantas conversaciones que sostienen estos vecinos, el fotógrafo afirma, que «no se alcanza nada sin obsesión». Quizá por este motivo y no otro, los caracteres que infunde el autor a sus personajes pertenecen a ese mundo obsesivo donde la necesidad de defenderse para ellos es la justificación de su existencia misma, quizá, también por ello, psicológicamente hablando, duden o se sientan engañados, sean arrogantes o tengan unos celos que desembocan en la ridiculez. La repetición de símbolos o esquemas narrativos no empobrecen el desarrollo de cada una de estas historias, caso de los animales y sus dueños, más bien muestran la contundencia de un devenir urbano, salpicado de peligrosas actitudes humanas.
       Si nadie puede elegir a sus vecinos y éstos, a la larga, aparecen en nuestras vidas como perturbadores molestos del diario trasiego, quienes, de verdad, sientan esta actitud en sus carnes, les aconsejo ojear esta colección de cuentos con la secreta convicción de que al final su conciencia condicionada se sentirá aliviada porque nadie en toda su comunidad puede resultar un monstruo tan obsesivo como algunos de los que aquí nos describe, tan magistralmente, este singular escritor que es Carlos Peramo.







VECINOS
Carlos Peramo
DVD, Barcelona, 2000


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