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viernes, 18 de noviembre de 2016

Marcos Giralt Torrente



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NADA IMPORTA NADA



       Marcos Giralt Torrente (Madrid, 1968) recupera en su primera novela, París (1999), el atormentado pasado familiar del protagonista del relato, contado desde el presente, con unos padres cuya sombra se ha diluido por el paso del tiempo. Hace años que el joven no sabe nada de su padre, alguien que un día decidió no volver a casa, y la madre con quien ha pasado los años de su adolescencia, se encuentra, moribunda, en un hospital. La sombra de la duda acerca del comportamiento de ambos campea sobre la mente de este hombre treintañero que ahora, casado, rememora, episódicamente algunos sucesos de esta triple relación.
       A lo largo de las trescientas páginas de la novela, Marcos Giralt Torrente, autor de dos colecciones de relatos, Entíendeme (1995) y Nada sucede solo (1999), nos irá presentando los personajes de la misma, en un relato que el propio narrador protagoniza, un papel complejo porque se trata de contar y ser juez al mismo tiempo, testigo y víctima de unos adultos que nunca habían apostado por la sinceridad de su existencia. En esta indagación que inicia el joven narrador con su relato, podemos enterarnos de un buen puñado de historias familiares que, psicológicamente tratadas, conforman el sentido último del relato: las apariencias de ambos adultos esgrimidas durante años, el lado oscuro de buena parte de la vida del padre, el sinsentido de la mentira a toda su existencia, la falta de identidad, la dialéctica entre el valor de un pasado y los resultados del presente, el precio de la memoria, la búsqueda de la verdad y finalmente la ilusión de alcanzar ésta. Pero además, la novela, contiene la posibilidad de ofrecer el retrato de unos personajes singulares, como el de un padre que con el tiempo se ha convertido en un ser acabado, capaz de delinquir, enigmático, con un perfil que da la talla, pese a lo esbozado de su descripción en el relato y que, literariamente hablando, está conseguido hasta el punto de que el lector no tiene por qué sentir despecho hacia él. La madre se convierte en ese personaje de consabida situación en nuestra historia reciente, una esposa rendida a la apariencia de un matrimonio sinsentido, llevado a cabo desde la juventud, pese al beneplácito de los padres y que con el paso del tiempo se ha convertido en la imagen de esa tolerante actitud que han ejercido algunas de las mujeres de nuestro pasado, pero que, en alguna, ocasión ha tratado de rebelarse, como su fallida huida a París, una episodio que el joven narrador tendrá siempre presente, que recrea a lo largo de su historia y le sirve para dar título a su novela.
       La densidad del relato cobra virtualidad por la destreza en la estructura empleada por el joven Giralt Torrente, calcula y dosifica unos capítulos que pretenden ser eficaces, sobre todo porque se trata de ahondar, íntimamente, en conflictos muy particulares que por la fuerza imaginativa del narrador, llegan a ser eficaces, sobre todo porque de lo que se trata es de recuperar algunas zonas oscuras, enfrentarse a la figura de un padre desdibujado y romper con el extrañamiento que tenía la madre acerca de algunas situaciones de su pasado. Las emociones y las sensaciones del narrador quedan, pues, explicitas en un relato pormenorizado, cuyo sentido último es comprendido por el lector.






PARÍS
Marcos Giralt Torrente
Premio Herralde de Novela
Anagrama, Barcelona, 1999.

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