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miércoles, 23 de noviembre de 2016

Lorenzo Silva



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FRENTE AL ESPEJO

 

       Lorenzo Silva explica las circunstancias diversas por las que su libro, El urinario (1999), aparece algún tiempo después de su gestación, concretamente cinco años, cuando ya es el autor de una variedad de títulos y ha conseguido algunos premios importantes. El protagonista, cuyas iniciales corresponden a J.L.R, representa a ese tipo de hombres que, de alguna manera, se sienten estafados por lo vertiginoso de una vida que les lleva a la negación más rotunda, aunque como los personajes de sus novelas, La flaqueza del bolchevique (1997) o El ángel oculto (1999), pretenden resistir, aunque no siempre logran su propósito. Leído hoy El urinario se muestra como un esbozo de lo que será la posterior escritura de Silva, alejada ya del lastre autobiográfico evidente que esgrime la presente novelita, ampliándose hacia planteamientos muchos más novelescos, como ocurre en sus últimas entregas, El lejano país de los estanques (1998) o El alquimista impaciente (Premio Nadal, 2000).
       Con respecto al contenido, el desarrollo de la historia se centra en la vida de un ejecutivo, un asesor financiero, de cierto éxito profesional que lejos de haber conseguido  la felicidad, su estado le lleva a considerar su corta vida como una sucesión de desasosiegos, renuncias y pérdidas y, finalmente, al abandono en última instancia. Todo esta sucesiva calificación psicológica lleva al lector hasta un personaje contradictorio e insatisfecho hasta en su última voluntad. Y en realidad, como tal, el relato se muestra como la confesión escrita de alguien que ha muerto a consecuencia de un atropello en el Paseo de la Castellana madrileña. Un suicida a quien se le han encontrado unos papeles dirigidos, hipotéticamente, a un juez y divididos en dos partes, una de ella escrita durante una breve estancia en Bonn, donde pasará las últimas horas de su vida antes de volver a España, y una segunda fechada en Madrid, unos días más tarde. La primera parte es mucho más extensa y ofrece una definitoria visión de este joven ejecutivo que anota en diversos papeles sueltos sus impresiones, a modo de diario o confesión, durante su participación en un curso dirigido a un grupo de asesores bancarios de diversas nacionalidades y, muestra el intento vano de establecer relaciones con algunos de sus compañeros, quienes terminan por ser seres tan aislados como él mismo. Podemos entrever, entre estas páginas, su desafortunada visión del amor en el personaje de Natalia, la joven novia, que no termina de ser la persona esperada, y además, relata su relación con algunas de las mujeres que se han cruzado en su estancia alemana: Véronique, Ulrike, la mujer desconocida de la Kreuzkirche o finalmente la camarera italiana. El resto queda a esa especie de visión de un mundo hastiado que a algunos casos puede llevar a una muerte voluntaria, pero sobre todo, El urinario, pese a su brevedad, consigue tener el innegable valor testimonial de una época, la de hace un lustro que propugnaba la ausencia de los sentidos en el mundo del nihilismo yuppie.






EL URINARIO
Lorenzo Silva
Pre-textos, Valencia, 1999

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