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miércoles, 30 de noviembre de 2016

J.M. Castellet



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J.M. Castellet

LA OBJETIVIDAD DEL ESCRITOR


              
       Este es un libro escrito hace más de cuarenta y cinco años y cuyo propósito inicial sirve aún hoy de pretexto para estar en los escaparates de las librerías, esto es, la lectura y el lector y su compromiso en una época convulsa como la de los años 50, un hecho que bien podría traducirse para el final del milenio y en el comienzo del presente. Es decir, ese repetido conflicto generacional, con evidentes resortes ideológicos motivado por unas condiciones ambientales y una voluntad de resistencia que caracteriza a los lectores de todas las edades y de todas las épocas. La hora del lector (2001), en edición definitiva, crítica y anotada por Laureano Bonet, aparece ahora en las librerías despertando el mismo interés de hace medio siglo. En realidad, las premisas en torno a la relación que se establece entre autor/lector siguen vigentes porque la visión que mantiene el autor aún hoy día es la del compromiso, un compromiso literario y un compromiso social y, esto trasciende, además, al lector como esa cadena de sucesión que empieza en la misma gestación del libro. La literatura exige una dedicación, una pasión, una tensión que no escapa a la sensibilidad del lector, es más, éste participa de ella y por consiguiente debe mostrarse dispuesto a colaborar en la empresa de servir de interlocutor y aún más de co-autor.
       Castellet habla de «literatura de la producción»y de «literatura del consumo»para demostrar de qué manera los intelectuales en España se habían acercado a los lectores tras el desastre de la guerra civil, el exilio después del 39 y sobre todo la difícil postguerra, aunque sobre todo ejerce esa labor de análisis de toda una época y se centra, esencialmente, en el concepto de novela, no sólo en España sino también en el resto de Europa. Difiere el crítico y estudioso catalán con los teóricos franceses de la nouvelle école, sobre todo de Sarraute y Robbe-Grillet, quienes también habían teorizado en La edad de la sospecha (1956) y Por una nueva novela (1963), respectivamente. Mientras el español aboga por una narrativa acusadamente comprometida, los franceses tienden a la evasión alejándose de los presupuestos humanísticos, la realidad española frente a la irrealidad francesa. Postula, como ya afirmó en su momento, Sanz Villanueva, una objetividad que se construye como un método técnico en el que se vieran implicados, efectivamente, narrador y lector, y la conveniencia de que ambos vieran su perspectiva desde diversos ángulos, con la implicación que esto presupone.
       El amplio estudio de Laureano Bonet a esta edición definitiva, no hace sino, apostillar e insistir aún más en esa libertad esgrimida por Castellet acerca de la libertad compartida entre el narrador y su público, esa tesis que sostiene que a partir de cada lectura se reinventa el mundo latente en cada ficción y por consiguiente se aleja de los presupuestos sociales, como el realismo que campeaba por la narrativa española de la época. La presente edición se basa en la primera de 1957, aunque añade algún cambio textual y suprime algunas variantes de ediciones anteriores, sobre todo la italiana de 1962 y la catalana de 1987, para quedar un texto definitivo que incorpora un amplio aparato crítico del editor del volumen.






LA HORA DEL LECTOR
J.M. Castellet
Edición crítica de Laureano Bonet
Barcelona, Península, 2001, 246 págs.

martes, 29 de noviembre de 2016

Nicholas Shakespeare



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EL ÚLTIMO NÓMADA DEL SIGLO XX


       La reciente biografía de Bruce Chatwin (1940-1989), de Nicholas Shakespeare, es un libro que bien puede leerse como la apasionante novela de un artista que supo hacer de su vida el mejor relato de su producción. En esta biografía se dan citas personajes y voces que ponen de manifiesto la fascinación que hoy despierta el viajero Chatwin, considerado como el último nómada del siglo XX.  Tres rasgos vertebraron la vida de Bruce Chatwin hasta su muerte: su afán por el coleccionismo, el gusto por los largos paseos que siempre había realizado en compañía de su abuelo y su pasión por los libros, sobre todo los que hablaban de viajes y de tierras lejanas. Chatwin se ha convertido con el paso del tiempo y, sobre todo, desde su desaparición en 1989, en el referente del viajero vital, mochila al hombro, cuyos desplazamientos por medio mundo no suponían los trayectos físicos en su sentido estricto sino, el de la imaginación o el mental que después le llevaban a la literatura, una disciplina que no fue fundamental en su vida pero que le ha proporcionado toda la fama de la que hoy goza. Su ambigüedad sexual, su matrimonio no por excéntrico y supuesto, sus fantasías viajeras, su actitud ante la vida, su despecho de lo cotidiano, es lo que el biógrafo pone de manifiesto y en lo que redunda la voluminosa biografía en la que el escritor inglés—según propias declaraciones— ha empleado diez años de su vida.


                       Seis libros, en total, dio a la imprenta el viajero desde 1977 hasta 1989, todos referidos a sus experiencias vividas por medio mundo, el primero titulado En la Patagonia, en realidad, un libro que viene a ser el reflejo de esa historia humana que se funde con un paisaje particular, ese que el escritor pretende recobrar a partir de la teorías darwinianas para poder viajar a través del tiempo y del espacio, rescatando, al mismo tiempo, la intrahistoria unamoniana de esos seres humanos, estratificados, y poder dejar traslucir algunos de sus hechos más significativos, sobre todo de una tierra aún hoy despoblada y baldía. En ¿Qué hago yo aquí? se convierte en el sumario de cosas de quien no encontró, en esta vida, su sitio definitivo, ese hombre en marcha—según la definición de Enzensberger—, tanto en términos de espacio como de contexto social. Y en este sentido habrá que valorar y ver hoy la figura de un Chatwin mito, figura para la que ha quedado en la historia literaria, aunque nunca pensó en ser escritor, antes bien, se había ganado la vida trabajando en la casa de subastas Sotheby´s, como experto en antigüedades, no había conseguido terminar la licenciatura en arqueología, tampoco conseguía publicar sus libros, y antes había dejado la redacción del periódico The Times para aventurarse en proyectos de viaje que nunca convencieron a nadie, pero que a él le supusieron su entrada definitiva en un mundo de leyenda porque, en definitiva, con esa actitud acentuaba el sentido de personaje aventurero literario para un público lector que jamás había leído alguno de sus libros. El resto de sus libros, El Virrey de Quidah (1980), Colina Negra (1982), Los trazos de la canción (1988) y Utz (1988) hoy enfrentan a críticos de diversos países que ven en estos textos la originalidad de un género tan valorado en el siglo XIX, aunque le achacan la falta de reflexiones profundas sobre aquello de que hablan, datos y más datos, sin ninguna sensación aparente de análisis. La prosa, indiscutiblemente, de calidad, al menos los libros aquí enumerados, es excelente, como lo pone de manifiesto el biógrafo Shakespeare, sobre todo porque se percibe ese ejercicio de fascinación a que sometía el escritor todo lo que veía, capaz de asimilar una cultura múltiple, merced a su condición de amante de lo sublime, de lo hermoso, de lo imperecedero, agudo y sutil observador de una realidad que hoy ya no sería posible. Pero la aparición de la biografía Bruce Chatwin reaviva, una vez más, la polémica en tono a la autenticidad de este personaje que, en declaraciones del propio biógrafo, no fue, en absoluto, un favorito de los dioses. En realidad, la polémica en torno a la autenticidad de este personaje queda zanjada porque, según el propio Shakespeare, se enfrentaba a su biografía para iluminar su vida y su obra, para mostrar todo un proyecto de objetividad del escritor nacido en Sheffield, fallecido en Niza y enterrado en uno de sus lugares favoritos, después de conocer medio mundo, al pie de un olivo, cerca de una capilla bizantina dedicada a San Nicolás, en Chora, una isla perdida de la mítica Grecia.







BRUCE CHATWIN. BIOGRAFÍA
Nicholas Shakespeare
Muchnik Editores, Barcelona, 2000

lunes, 28 de noviembre de 2016

Antonio Muñoz Molina



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Antonio Muñoz Molina

ÉXODO
              
       El éxodo o la huida a que se ven obligados los personajes de ficción y los personajes reales es el tema de la última obra de Antonio Muñoz Molina (Úbeda, Jaén, 1956), titulada, precisamente, Sefarad (2001). Toda una galería de mujeres y de hombres, seres excluidos durante buena parte de su vida, se convierten en víctimas de ese gran y estremecedor proyecto destructivo que fueron las persecuciones tanto ideológicas como políticas de la primera mitad del siglo XX, sobre todo los movimientos en torno al fascismo y al totalitarismo, movimientos surgidos tanto al amparo de las derechas como de las izquierdas, en una evidente proyección histórica de lo que supuso en Europa y, en particular, en nuestro país, la intolerancia, sobre todo la de los siglos XIV y XV con la expulsión de los judíos por parte de los Reyes Católicos. Así lo proclama, en uno de los capítulos, el judío húngaro Isaac Salama al evocar el éxodo de su familia, expulsados de la antigua capital del reino, la bella Toledo, de cuya casa conservaban, generación tras generación, aún la llave de su puerta.
       Este nuevo libro de Muñoz Molina, cuyos límites estructurales alcanzan los de la novela, la memoria y el ensayo, trasciende estos conceptos en su cohesión, puesto que ante semejante relato se exigía un ensayo literario entre la realidad y la ficción. Sus capítulos se van sucediendo alternativamente, con esa medida suficiente como para ofrecer tanta heterogeneidad y, además, tan ejemplar y tan bien planteada que en ningún momento nos aleja de las situaciones narradas a lo largo del voluminoso libro. Sobresale, desde la primera página, el tono fraternal que el escritor ha vertido en su texto, la denuncia explicita de las atrocidades ensayadas por el hombre a lo largo del pasado siglo. Historia y Literatura se confunden, vida y horror se asocian para contar la memoria de Sefarad, la de los perseguidos de la Europa del horror. Sefarad es, también, la memoria protagonizada por muchas personas reales que han dejado su testimonio escrito y que Muñoz Molina cita al final de su libro. Los esposos Neuman, Eugenia Ginzsburg, Willi Münzeberg, Babette Gross, Milena Jesenska y, también, Kafka, Benjamin, Trostky, Michel del Castillo, Kostler, Levi, junto a una variada galería de personajes de ficción que complementan y testifican con sus relatos esa experiencia del horror, desde el pasado histórico al presente cotidiano con sus miserias como las que viven en algunas de las historias inventadas por el escritor: droga, marginación, nostalgia, miedo, angustia, inmigración, para retratar al zapatero Mateo, María del Gólgota, Adriana Seligman, niños de la guerra, militares de la División Azul, desertores del Este, viudas de guerra y huérfanos, un funcionario provinciano, aislado en el mundo de la literatura y el cine, todos creyéndose ser extranjeros, desterrados, fugitivos que viven bajo una apariencia de normalidad.
       Sefarad se convierte en una novela de novelas, en un total de diecisiete relatos concebidos como autónomos porque cuentan cada uno de ellos una historia diferenciada aunque interrelacionados por un discurso común, la epopeya de los perseguidos.







SEFARAD
Antonio Muñoz Molina
Madrid, Alfaguara, 2001

domingo, 27 de noviembre de 2016

Desayuno con diamantes, 89



LA BALLENA BLANCA


       Moby Dick es uno de esos libros que, ciento cincuenta años más tarde de su publicación original en 1851, sigue ofreciendo a los lectores esa aguda reflexión sobre el alma humana que otorgan las grandes obras y una visión épica sobre los sentimientos acerca de nuestro mundo y los elementos que lo componen. O quizá esa exploración espiritual que supuso la literatura norteamericana de mediados del siglo XIX con obras como Walden (1854), de H. D. Thoreau e incluso Hojas de hierba (1855) de Whitman y que, como éstas, preconiza un nuevo orden social y cultural entre las angustias que procura la vida y la muerte.
       Herman Melville (Nueva York, 1819-1891) tuvo una acomodada infancia de clase media en la ciudad donde nació aunque muy pronto las circunstancias familiares le llevaron a embarcarse como marinero rumbo a Liverpool en 1839 y posteriormente en un ballenero en el que recorrió el Pacífico, las Islas Marquesas, las Sandwich y las Society hasta regresar a Estados Unidos en 1844. El padre fue un conocido comerciante de sedas, sombreros y guantes, cuyo negocio quebró, inesperadamente, en 1830. Murió dos años más tarde y la familia se vio sumida en una relación de pleitos, hipotecas y peticiones de dinero que acabaron con el bienestar de la familia y su refugio en la marina. Su experiencia marinera por la Polinesia lo llevaron a plantear la historia de Ishmael, un personaje abandonado por su padre, despreciado por su madre y eclipsado por el éxito de un hermano mayor, semejanzas que, además, se engrandecieron por la visión que el joven marinero experimentó ante la vacía inmensidad del mar y sobre todo por la convivencia con una tripulación dibujada como los desheredados de la sociedad. El mundo espiritual de Melville se concreta en Bartleby, el escribiente (1856), la historia de un hombre que se niega tenazmente a la acción, Benito Cereno (1856), su texto más polémico e inexplicable que sólo se justifica porque se muestra como un ejemplo cabal de este mundo y Billy Budd (1856), que relata el conflicto entre la justicia y la ley. Estos textos proyectan a un hombre que fue propenso a la soledad y sus mejores amigos, y su propia familia, temieron, en alguna ocasión, que el famoso autor se encontrara al borde de la locura, y además de haber sido considerado un misántropo que favoreciera su propia aniquilación.


       La novela Moby Dick  pasó inadvertida cuando se publicó, incluso durante el resto de la vida de su autor. La crítica la descubrió hacia 1920 y hoy está considerada como una obra clásica. En realidad, la ballena blanca es uno de esos dragones o de esos monstruos marinos que encarnan las fuerzas de todo el caos que gobierna la creación y, su protagonista, el capitán Ahab, encarna a uno de esos héroes como Perseo o San Jorge, dispuesto a convertirse en el redentor de toda una profecía, pero además se transfigura en ese personaje incapaz de controlar sus reivindicaciones en la vida y considerar el silencio del mundo como un vacío materialista. Por medio de su obra, Melville, superó esa ausencia de literatura heroica en su país y fundió los modelos del viejo mundo con el nuevo; en realidad, el personaje de Ahab es un héroe de tragedia shakesperiana; el resto son arquetipos que representan el resto de accesorios trágicos. En el desafío de Moby Dick muestra el escritor norteamericano, de alguna manera, las enseñanzas recibidas en el mar sobre las ballenas y el arte de su caza, elevando a una categoría universal esa especulación caprichosa de premonitoria aniquilación. Quizá por este motivo, esta novela haya que leerla hoy como una protesta ética contra la creación en general y esa necesidad de que se reconozca una relación espiritual con el Creador. «He escrito un libro perverso—llegó a escribir el propio Melville a su gran amigo Hawthorne—y me siento inmaculado como el cordero». La edición de Debate se presenta con la nueva traducción de Enrique Pezzoni y las ilustraciones de Rockwell Kent el artista norteamericano capaz de sintetizar el realismo y el modernismo de la época melvilliana.

MOBY DICK
Herman Melville
Ilust. de Rocwell Kent
Madrid, Debate, 2001

sábado, 26 de noviembre de 2016

Caricaturas



El escritor Juan Eduardo Zúñiga, premio Nacional de las Letras

Crítico literario y traductor, es conocido por su trilogía sobre la Guerra Civil en Madrid

 

 

Narrativa

  • Inútiles totales, 1951.
  • El coral y las aguas, 1962.
  • El último día del mundo, 1992.
  • Misterios de las noches y los días (1992), relatos.
  • Flores de plomo (1999), novela histórica.
  • Trilogía de la Guerra Civil en Madrid, impresa por primera vez junta sin título global en 2007 y con el título reseñado y dos relatos más en 2011, con un total de 35.
    • Largo noviembre de Madrid, 1980.
    • La tierra será un paraíso, 1989.
    • Capital de la gloria, 2003.
  • Brillan monedas oxidadas, 2010, relatos.

Ensayo

  • Hungría y Rumania en el Danubio; las luchas históricas en Transilvania y Besarabia. Madrid, Editorial Pace [1944?]
  • La historia y la política de Bulgaria, Madrid: Pace, 1945.
  • Los artículos sociales de Mariano José de Larra, Madrid: Taurus, 1963 (antología).
  • El anillo de Pushkin. Lectura romántica de escritores y paisajes rusos, Barcelona: Bruguera, 1983; reeditado en Madrid: Alfaguara, 1992.
  • Sofía, 1990, libro de viajes.
  • Las inciertas pasiones de Iván Turgueniev, 1999 (publicado anteriormente con el título de Los imposibles afectos de Iván Turgueniev: ensayo biográfico, Madrid: Editora Nacional, 1977)
  • Desde los bosques nevados: memoria de escritores rusos, 2010
  • "Prólogo" a Anton Pavlovich Chéjov, Cuentos completos Madrid: Aguilar, 1962.

viernes, 25 de noviembre de 2016

FIL, 2016






LISTOS para la Feria del Libro de Guadalajara 2016.




Mañana, 26 empieza la FIL, la cita literaria y cultural más importante del mundo iberoamericano. América Latina es la región invitada de honor.
Ilustración de Fernando Vicente.



Premio de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz
 






Participan: Marina Perezagua , Itzcóatl Tonatiuh Bravo Padilla , Raúl Padilla López , Marisol Schulz Manaut
Miércoles 30 de noviembre
18:00 a 19:20

Auditorio Juan Rulfo, planta baja, Expo Guadalajara

jueves, 24 de noviembre de 2016

Max Aub



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Max Aub

Cuando caiga Franco…

La editorial granadina, Cuadernos del Vigía, edita, con ilustraciones, "La verdadera historia de la muerte de Francisco Franco".


La historia
       La verdadera historia de la muerte de Francisco Franco toma como hilo conductor el carácter de los españoles; en realidad, a decir de Max Aub, el escritor lo plasma como algo dramático, irascible y bastante follonero, y lo pone en boca de los exiliados con el recuerdo de la guerra civil; y así se convierten en el México de adopción en esos personajes que quienes no los conozca por su carácter les puede parecer que esos individuos son dignos de atención. En los cafés crean tertulias, hacen reuniones en las que se cuentan unos a otros lo que hicieron, sobre todo a nivel personal, y en ocasiones como miembros de alguna organización política, culpando al resto de la sociedad por lo que no se consiguió: una vuelta a la estabilidad democrática y la libertad.
       Las voces repiten, una y otra vez, “cuando caiga Franco…” y al cabo de los años afirmaban lo mismo, y depositaban su esperanza en una pronta muerte del dictador; solo entonces, se arreglaría todo. Voces que se repiten un día tras otro, un año y al siguiente también, y siempre una vez más. hasta el punto de cansar a un camarero del bar que frecuentan los exiliados, y fue entonces cuando Ignacio Jurado Martínez para acallar esas voces decide viajar a España y matar a Franco en uno de sus famosos desfiles. Y así lo hace. El mesero, evidente denominación de camarero mexicano, sale de España y se da una vuelta por Europa para despistar. Entretanto y como consecuencia de la muerte del jefe fascista se suceden toda una serie de acontecimientos que provocan la instauración de la Tercera República. Por entonces vuelve a México el que ha librado al pueblo español de su mayor asesino. Llega con la esperanza de encontrar finiquitado el griterío, y ese carácter irascible de todos culpándose unos y otros. Pero de poco valen sus esperanzas, y pronto se lleva la sorpresa de que aquello que le había hecho realizar su viaje y cometer el crimen continúa igual, y ahora, a los que llevaban más de veinte años allí, se les suman algunos falangistas que se han exiliado. Entonces el mesero se da por perdido, y él que había sido toda su vida un hombre pacífico, solitario, ordenado, ahorrativo, trabajador, incluso había buscado la manera de recuperar la tranquilidad anterior, observa y comprende que es una tarea imposible.

El autor y el dictador

Max Aub llegaría al puerto de Veracruz en 1942, tras un largo exilio por campos de concentración de Francia y África. En México comienza su etapa más productiva, y durante su estancia en el país de acogida, “este año cae Franco” fue la frase más oída, un anhelo que se instalaba en la firme convicción de que pronto sucedería, según el decir de los transterrados. Aub escribe, entonces, uno de sus textos más laureados, un auténtico cuento que se convierte en el más fantástico de sus relatos, La Verdadera Historia de la muerte de Franco. Publicado, originariamente, en 1960 por Libro Mex, según la nota del editor, junto a otros textos breves. En España no se publicaría hasta 1979, una vez muerto el militar gallego; aparece en la colección Biblioteca Breve de Seix-Barral, que lo reeditará al año siguiente. La Fundación Max Aub volvería a editarlo en 2001 y, una vez más, en 2003 lo hará la UNAM, en su colección Voz Viva de México, que en esta ocasión incorpora una grabación en CD con las diversas variantes del texto, edición que reproduce Cuadernos del Vigía, 2014 siguiendo la Obra Completa que la Institució Alfons el Magnànim de la Generalitat Valenciana publicó al cuidado de Luis Llorens y Javier Lluch.

Max Aub, nace en París, 2 de junio de 1903, y muere en México D.F., 22 de julio de 1972. Escritor español de origen francés, escribe toda su obra en español, y cultiva diferentes géneros: narrativa, teatro y poesía.
De ideas socialistas, durante la guerra civil se compromete con la República y colabora con André Malraux en la película Sierra de Teruel (Espoir). Al terminar la contienda se exilia a París, pero mientras prepara su marcha a México es detenido y recluido en diferentes campos de concentración de Francia y norte de África. Gracias a John Dos Passos, tras tres años de encarcelamiento, consigue embarcar para México.
El laberinto mágico, gira en torno a la Guerra Civil, una serie de seis obras, que van desde Campo cerrado (1943) hasta Campo de los almendros (1968). Escribe literatura de textos y autores apócrifos, en que lo inventado se presenta como realidad histórica: Antología traducida (1963), Vida y obra de Luis Álvarez Petreña (1943-70) y Josep Torres Campalans (1958), novela que incluye una entrevista al protagonista de la obra, una lista de hechos del momento y un catálogo de los escritos de ese imaginario personaje. Su pasión por los cuentos abarca desde No son cuentos (1944) hasta Los pies por delante (1975), entre otras muchas colecciones.

Antonio Santos (Lupinén, Huesca, 1955). Licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Barcelona. Ha ilustrado más de 30 publicaciones entre libros infantiles y juveniles. Premio Daniel Gil al mejor libro ilustrado en 2003, y un año después obtuvo el segundo Premio Nacional de Ilustración.






Max Aub, La Verdadera Historia de la muerte de Franco; ilustr., de Antonio Santos;  Granada, Cuadernos del Vigía, 2014.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Lorenzo Silva



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FRENTE AL ESPEJO

 

       Lorenzo Silva explica las circunstancias diversas por las que su libro, El urinario (1999), aparece algún tiempo después de su gestación, concretamente cinco años, cuando ya es el autor de una variedad de títulos y ha conseguido algunos premios importantes. El protagonista, cuyas iniciales corresponden a J.L.R, representa a ese tipo de hombres que, de alguna manera, se sienten estafados por lo vertiginoso de una vida que les lleva a la negación más rotunda, aunque como los personajes de sus novelas, La flaqueza del bolchevique (1997) o El ángel oculto (1999), pretenden resistir, aunque no siempre logran su propósito. Leído hoy El urinario se muestra como un esbozo de lo que será la posterior escritura de Silva, alejada ya del lastre autobiográfico evidente que esgrime la presente novelita, ampliándose hacia planteamientos muchos más novelescos, como ocurre en sus últimas entregas, El lejano país de los estanques (1998) o El alquimista impaciente (Premio Nadal, 2000).
       Con respecto al contenido, el desarrollo de la historia se centra en la vida de un ejecutivo, un asesor financiero, de cierto éxito profesional que lejos de haber conseguido  la felicidad, su estado le lleva a considerar su corta vida como una sucesión de desasosiegos, renuncias y pérdidas y, finalmente, al abandono en última instancia. Todo esta sucesiva calificación psicológica lleva al lector hasta un personaje contradictorio e insatisfecho hasta en su última voluntad. Y en realidad, como tal, el relato se muestra como la confesión escrita de alguien que ha muerto a consecuencia de un atropello en el Paseo de la Castellana madrileña. Un suicida a quien se le han encontrado unos papeles dirigidos, hipotéticamente, a un juez y divididos en dos partes, una de ella escrita durante una breve estancia en Bonn, donde pasará las últimas horas de su vida antes de volver a España, y una segunda fechada en Madrid, unos días más tarde. La primera parte es mucho más extensa y ofrece una definitoria visión de este joven ejecutivo que anota en diversos papeles sueltos sus impresiones, a modo de diario o confesión, durante su participación en un curso dirigido a un grupo de asesores bancarios de diversas nacionalidades y, muestra el intento vano de establecer relaciones con algunos de sus compañeros, quienes terminan por ser seres tan aislados como él mismo. Podemos entrever, entre estas páginas, su desafortunada visión del amor en el personaje de Natalia, la joven novia, que no termina de ser la persona esperada, y además, relata su relación con algunas de las mujeres que se han cruzado en su estancia alemana: Véronique, Ulrike, la mujer desconocida de la Kreuzkirche o finalmente la camarera italiana. El resto queda a esa especie de visión de un mundo hastiado que a algunos casos puede llevar a una muerte voluntaria, pero sobre todo, El urinario, pese a su brevedad, consigue tener el innegable valor testimonial de una época, la de hace un lustro que propugnaba la ausencia de los sentidos en el mundo del nihilismo yuppie.






EL URINARIO
Lorenzo Silva
Pre-textos, Valencia, 1999

martes, 22 de noviembre de 2016

Antonio Orejudo



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UNA TERAPIA DE LA ESQUIZOFRENIA



       Una terapia para la esquizofrenia es el argumento que ofrece Antonio Orejudo Utrilla (Madrid, 1963) para su segunda novela con la que, recientemente, obtenía el XV Premio Andalucía de Novela y que con el título de Ventajas de viajar en tren (2000) nos sumerge en una delirante narración, cargada de irónicos aspectos sobre nuestra sociedad, como la relación entre locura y escritura, las desviaciones sexuales, lo vertiginoso, la ruindad y la hipocresía. Incluso el arte narrativo en sí, en esta breve novela, muy en la línea de autores como Amo, Millás o Vila-Matas,  muestra una escritura volcada en eludir la solemnidad del relato pero es capaz de proporcionar un tono humorístico lo suficientemente dosificado como para resultar al final una fábula tan divertida como sarcástica que, me parece a mí, es de lo que se trata.
       Antonio Orejudo había sorprendido en 1996 con Fabulosas narraciones por historias, un relato en el que se cuestionaban los límites de la ficción y en el que una sucesión de historias planeaban sobre esa otra realidad histórica, la Residencia de Estudiantes, a principios de los años 20. Protagonizada por tres jóvenes que se iniciaban en las letras, finalmente conseguían establecer una estrecha amistad. En Ventajas de viajar en tren ocurre, también, algo parecido y se cuentan muchas historias para finalmente desembocar en una novela cuya tesis, precisamente, es la que sostiene uno de sus protagonistas, el psiquiatra de las primeras páginas, que dedica sus desvelos «al diagnóstico y terapia de la esquizofrenia a través de la técnica de la escritura», argumento que le servirá para presentarse en el vagón de un tren donde viaja junto a Helga Pato la mujer que acaba de dejar internado a su famoso marido en la institución donde trabaja el doctor. La primera parte de la novela desarrolla un largo monólogo tras el cual y, en una parada del tren, desaparece el joven psiquiatra, abandonando en el vagón una carpeta donde lleva los testimonios de su trabajo. Sorprendida la mujer inicia la búsqueda de su sorprendente compañero de viaje para descubrir toda una hilarante sucesión de historias que proporcionan un argumento narrativo lo suficiente complicado para divertir al lector. Entretanto asistimos al relato retrospectivo de la vida de Helga Pato, su relación con el mundo editorial y la convulsiva convivencia con su famoso marido, un novelista de izquierdas de profundidad manifiesta, además de los testimonios escritos de cuatro enfermos que terminan por demostrar que, en realidad, carecemos de una personalidad en el sentido estricto de su término, como afirma el psiquiatra en una de sus ingeniosas intervenciones. Quizá a esta conclusión llega Antonio Orejudo quien, lejos de ensayar una pequeña historia sobre la psiquiatría o el complejo mundo de la esquizofrenia, esboza la visión de un mundo tremendista, sarcástico, de clara denuncia social o lo que es más, el regocijo del placer de esa otra lectura con que se justifican muchas de las páginas de esta obra, dotada por otra parte de un valioso estilo de larga tradición literaria en este singular país y que el autor madrileño ha reforzado ironizando sobre el sentido de la Literatura misma.






VENTAJAS DE VIAJAR EN TREN
Antonio Orejudo Utrilla
Alfaguara, Madrid, 2000

lunes, 21 de noviembre de 2016

Javier Reverte



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TRILOGÍA DEL DOLOR


       Javier Reverte (Madrid, 1944) reparte su pasión viajera con la literatura o quizá la pasión de su curiosidad con la narración de sus aventuras. Quizá haya que ver en su prosa el deseo de que su ficción se concrete en la mirada atenta de una realidad comprometida. Este trotamundos moderno ha conseguido el éxito, del público, con sus últimos libros de viajes, El sueño de África (1996), Vagabundo en África (1998) y El corazón de Ulises (1999), aunque anteriormente había ensayado el género narrativo en novelas como El penúltimo día (1981), Sinfonía bárbara (1983), Lord Paco (1985), Campos de fresa para siempre (1987), La dama del abismo (1988) y recientemente, Todos los sueños del mundo (1999). Las tres novelas que ahora se reeditan bajo un sólo título común Trilogía de Centroamérica (2000) habían aparecido, por separado, en distintas épocas de su vida y cuando el autor pretendía abrirse camino como una novelista documental. Los relatos en cuestión, de variada suerte entonces, son Los dioses bajo la lluvia (1986), crónica de la Nicaragua sandinista; El aroma del copal (1988), la Guatemala del genocidio indio; y El hombre de la guerra (1994), situada en una Honduras de incertidumbre. Datos de veracidad manifiesta, descripciones casi de cartógrafo, con una excelente ambientación, una profusa documentación histórica que, pese al paso del tiempo, sigue siendo útil y, sobre todo, una excelente ficción completan la visión que el joven reportero quiere transmitir a sus lectores, dotando a estas historias de situaciones y de personajes que ofrezcan el sentido trascendente de una crónica pero con pleno sentido literario. Hay, efectivamente, algo de crónica, como señala Reverte en el prólogo escrito para esta edición, y también algo de viaje, pero se auxilió de la ficción para dar mayor vigor y hondura a lo relatado. Estas historias se convierten en un paradigma para expresar una idea y sobre todo una intención
       En realidad, los tres textos de Reverte, dueño absoluto ya de un método de conocimiento para cuanto ve y acerca de lo que escribe, son relatos autónomos que el lector bien puede leer en función de su interés por una u otra causa. Aunque, en realidad, por los tres se extiende la crónica de la soledad del alma humana, de sus miserias, incluida el hambre y la guerra, el dolor y la muerte. Están contadas en tercera persona, con abundantes diálogos que favorecen una reposada lectura, mientras el narrador, desocupado de la tarea de la descripción psicológica de sus personajes, se recrea en el paisaje, el ambiente, la atmósfera, para demostrar su admiración o devoción por una causa y para señalar que el infierno, definitivamente, se encuentra en la tierra. Unos relatos que siguen tan vigentes como hace unos años. Estas historias nos devuelven una manera de sentir, de advertir una forma de vida diferente, propio de esas imágenes que nos asaltan cada día en las noticias de las tres y de las nueve, y también es otra forma de equiparar el alma humana, como de una abnegación absoluta, cuando los códigos sociales y morales están hoy en plena decadencia. Quizá por todo esto las historias de Reverte terminen mal, porque desde hace ya algún tiempo, estos seres, han renunciado a la felicidad y en los pueblos en los que habitan las tiranías niegan todo tipo de oportunidad.






TRILOGÍA DE CENTROAMÉRICA
Javier Reverte
Plaza & Janés, Barcelona, 2000

domingo, 20 de noviembre de 2016

Desayuno con diamantes, 88



LO IMAGINARIO Y LO ERUDITO EN MARCEL SCHWOB
Páginas de Espuma edita la totalidad de sus Cuentos completos.


       El caso de Marcel Schwob (Chaville, 1867- París, 1905) es uno de esos escritores ocultos y poco leídos que con el paso de los años ha convocado a toda una legión de devotos, y organizado una auténtica sociedad tan secreta como clandestina para venerar su escritura. Durante el pasado siglo XX su sombra se extendió con tanta suerte y proyección que no sólo llegó a un genio como Borges, sino que el celebrado novelista norteamericano, Faulkner, tomaría buena nota de uno de sus libros singulares, La cruzada de los niños, una historia fascinante por su belleza y horror que nos cuenta la leyenda de una expedición infantil al Santo Sepulcro. Schwob consigue sostener su ficción con un breve dramatismo, una memorable visión del paso del tiempo, una especial originalidad en la forma de contarla, escapó de los cánones narrativos de la época, y huyó del realismo de Émile Zola, cuyos textos dominaban en la Francia literaria del momento; su narración resultó una historia contada con una sencillez endiabladamente compleja, construida con diez informaciones muy subjetivas acerca de un solo hecho, narrada por los implicados en el relato: diez versiones, diez voces, combinándose en la exposición del drama. La estructura de un texto breve como, La cruzada de los niños, fue adoptada en Luz de agosto, y Bolaño la tendría en cuenta para Los detectives salvajes.
      
Cuentos completos
       Mauro Armiño señala, en un documentado y amplio “Prólogo” a Cuentos completos (2015), que cuando Schwob irrumpió en la escena literaria francesa de finales del XIX imperaba la premisa de Zola, “el autor de novelas debe borrarse tras un anonimato que le permita el análisis de la realidad, y así conseguir ver tras una lente de aumento”. Schwob proponía lo contrario: era el individuo quien interesaba, “una esencia única que flota por encima de los acontecimientos históricos, de las condiciones económicas”. Para él, arte era lo contrario de las ideas generales: “El arte sólo describe lo individual, no desea más que lo único”.
       Sus textos están llenos de iluminaciones, se abren a constantes caminos de nuestra imaginación. Bajo el título de Cuentos completos, la editorial madrileña, reúne los libros de relatos que Schwob publicó en vida, escritos en el increíble breve periodo de tiempo de 1891 a 1896 —Corazón doble, La leyenda de los mendigos, El rey de la máscara de oro, Mimos, El libro de Monelle, Vidas imaginarias, La cruzada de los niños, La estrella de madera y una última sección, Cuentos no recogidos—, conjunto de relatos que quedaron dispersos o inéditos. Para Marcel Schwob el mundo se representa como una mezcla de terror y de piedad, dos pasiones extremas que el alma humana debe equilibrar. Así es como debemos leer y entender la mayoría de su literatura, y una excelente muestra esta edición de su narrativa breve que, cronológicamente, empieza con Corazón doble (1891), un volumen de 34 relatos que, entre lo histórico y lo fantástico, llevan al lector a través de los siglos en un viaje por la indiferencia y la piedad, por la caridad y el terror. Entre esos dos polos sitúa Schwob el objetivo del libro: “llevar, por el camino del corazón y por el camino de la historia, del terror a la piedad, mostrar que los acontecimientos del mundo exterior pueden ser paralelos a las emociones del mundo interior, hacer presentir que en un segundo de vida intensa revivimos virtual y actualmente el universo”. En esa declaración quedan fijadas muchas claves de su obra que, como crítico, se mantuvo ajeno a las corrientes historicistas y a la crítica psicologista del positivismo; fue un inventor de imágenes y de voces, un autor al margen de las corrientes y modas, dotado de un inusual talento para ocultar o para olvidar su existencia detrás de las vidas que imaginó, pero sobre todo para vivir en la literatura más que en la realidad. El rey de la máscara de oro (1892) reúne sus relatos más notables, “La peste”, “Las embalsamadoras”, “La máquina parlante” o el que da título al conjunto, donde con tono afligido y sugestivo se desentraña una historia sobre la apariencia y la falsa realidad que, pese a un final un tanto trivial, subyuga al lector por su excelso tratamiento narrativo. En Mimos (1893), seguirá la obra del poeta Herodas, autor de unas pequeñas escenas teatrales, aunque el francés ensaya un nuevo juego donde la realidad, a través de la poesía y de lo simbólico, entrelaza con la ficción para componer algo indistinguible. Un paréntesis narrativo le lleva a El libro de la Monelle (1894) una de sus obras más conocidas. Dividido en tres partes, la primera es una declaración de intenciones, una sucesión de pensamientos, entre la destrucción y la renovación, un auténtico desfile de personajes arquetípicos que enlazan con su obra anterior, las hermanas de Monelle convertidas en aproximaciones poéticas al comportamiento humano, y una tercera parte dedicada a la propia Monelle, rodeada de niños, caminando frágilmente hacia la muerte, envuelta en un misterio, protagonista de múltiples enigmas. Vidas imaginarias (1896), su libro más conocido, es su obra de madurez con respecto a sus propuestas anteriores que se sustenta por unos mismos principios. Vidas de personajes reales en las que Schwob celebra una ceremonia de la confusión: todo es real, excepto algunas cosas. Desde la antigüedad clásica a notorios piratas desfilan por sus páginas en dudosas biografías que no son ciertas. Un escritor está capacitado para algo que no lo está el historiador: dar vida a unos personajes de los que el resto solo pueden levantar acta de defunción. La estrella de madera (1897), relata la conmovedora historia de Alain, niño criado por su abuela entre las carboneras del bosque. Un día Alain descubre el brillo de las estrellas y decide partir hacia el llano en busca de alguna para poder encenderla. Como en las buenas historias de carretera, existe búsqueda y aprendizaje, con detalles justos y la precisión que emana de los sabios.

Últimas propuestas
       La cruzada de los niños será uno de sus últimos relatos, y en su planteamiento remite constantemente a El libro de la Monelle, quizá equivocadamente. Esos niños que marchan hasta Jerusalén, ante el estupor de los adultos, esa historia contada a través de distintas voces, los niños o los Papas (frente a esa religión desbordada), es el relato inocente de un viaje utópico; o de una deriva humana general. Se añaden, al conjunto de estos Cuentos completos, algunos relatos nunca publicados como un conjunto unitario, doce en total más una novela inacabada, Pupa. Escenas de la vida latina. Y nos queda una curiosa sorpresa, “Maua”, el último de los relatos, un objeto extraño difícilmente identificable: un cuento pornográfico. Como si la última vida imaginada fuera la suya, la vida de un escritor que amó a muchos escritores, que fue amado por otros tantos, que dejó una obra intensa, sobre otros hombres y que creyó en otros mundos, todos ellos próximos, todos ellos poéticos, todos ellos maravillosos.
       En Marcel Schwob, según el poeta José Emilio Pacheco, “los términos “creación”, “gloria” e “inmoralidad” vienen refutados por su propia personalidad. No es un autor que crea o inventa, como todos, sino que su literatura partirá de otros textos. En sus manos el palimpsesto se convierte en palintexto: escritura sobre lo escrito que no por ello es menos imaginativa ni original”.







Marcel Schwob; Cuentos completos; ed., y trad., de Maura Armiño; Madrid, Páginas de Espuma, 2015; 738 págs.