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jueves, 26 de enero de 2017

Alfredo Conde



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SACAMANTECAS 


       Alfredo Conde (Allariz, Orense, 1945) se entrega, con devoción y soltura, a desmitificar las inclinaciones oscuras y su culto ancestral a las leyendas del pueblo gallego en un relato tan escalofriante como resulta ser Romasanta. Memorias inciertas del Hombre Lobo (2004), es decir, la historia de una asesino en serie que, a mediados del siglo XIX, fue juzgado e indultado, posteriormente, por un decreto real; alegó ante el tribunal, entre toda una suerte de mentiras y equívocos, estar enfermo de licantropía.
       El proceso al hombre lobo de Allariz ha dado lugar a numerosas investigaciones y conjeturas a lo largo de todos lo tiempos; la superstición del pueblo gallego ha convivido con leyendas que han permitido producir entre sus gentes no pocas historias en torno al Saca Mantecas como era conocido entre los niños de aquellas y nuevas generaciones. Pero lo que aquí cuenta Alfredo Conde son, en realidad, las memorias que el propio Manuel Blanco Romasanta escribiera, y que él, como escritor, se ha impuesto la tarea de reproducir, en forma de ficción, aquello que el bisabuelo de su propia madre relatara de su experiencia propia como testigo en el tribunal de la causa, relato que se ha guardado siempre en la familia, en realidad, unos recuerdos de su infancia que siempre le habían perturbado. Por eso se permite escribir en las primeras páginas que «nada de lo que se cuenta aquí en mentira. Lo único incierto es que Manuel Blanco Romasanta pensara como aquí se le hace pensar, que sintiera como aquí se le hace sentir» y esto, evidentemente, es una confirmación de que la historia contada es tan verdad como ficticia. Relato que, habitualmente, se le llama una novela.
       Romasanta aparece aquí como un personaje refinado, gran aficionado a la lectura, inteligente y lo suficiente racional como para salir bien parado de un juicio en el que, para evitar ser condenado por los crímenes cometidos durante años, se inventa unas transformaciones en forma de lobo, metamorfosis que lo mantienen vagando por el bosque durante días. Escrito en primera persona, con la fuerza que puede ofrecer semejante forma de escritura, trasmite las sensaciones de un singular personaje, extremadamente narcisista, henchido de emociones prohibidas, manipulador, ajeno al dolor, conocedor de la naturaleza lujuriosa del ser humano; en realidad, una especie de asesino en serie de los muchos que ha dado la historia. Con una habilidad inusual es capaz de manipular a su antojo a médicos y a fiscales, incluso utilizar los propios medios de comunicación y la opinión pública de la época para dar un vuelco a las acusaciones. Sobresale, por encima de la historia a contar, la prosa de Conde que, con una extraordinaria exquisitez, aleja toda clase de violencia que pudiera originar el relato de tan macabro personaje y logra así, en un segundo acierto, que surja un hombre lo más autosuficiente posible como para resultar aún más monstruoso de lo que pudiéramos imaginar.





ROMASANTA. MEMORIAS
INCIERTAS DEL HOMBRE LOBO
Alfredo Conde
Barcelona, Destino, 2004

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