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martes, 10 de enero de 2017

Javier Tomeo



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AMADO TOMEO

              
       La brevedad le sienta bien a la literatura del escritor Javier Tomeo (Quicena, Huesca, 1931). Su última entrega, Los nuevos inquisidores (2004), un extenso libro recopilatorio de relatos, ofrece algunos de los mejores de sus colecciones anteriores, recupera otros de publicaciones periódicas y corrige bastantes de ellos aunque también ofrece, en igual medida, inéditos que corroboran su filiación al género, incluido el microrrelato. La crítica ha coincidido, desde siempre, que su forma de concebir el mundo ofrece la visión de una realidad poblada de seres solitarios y frustrados, con aspectos cuestionables del hombre  y de la sociedad contemporánea, dotando sus invenciones con abundantes dosis de un dramatismo perceptible, aunque esta hiriente característica quedaría compensada por ese humor absurdo que impregna sus páginas. La visión de la vida de sus personajes, tan esquemática como arbitraria, otorga al lector la capacidad, en alguna medida, de sentirse identificado con lo irracional que pueda parecer su planteamiento.
       Los materiales que utiliza Tomeo para contar sus historias, el tono y el enfoque, el ritmo y la atmósfera, las tramas y los paisajes, el eco de sus voces, el pálpito de una ciudad que es donde se desarrollan las mayoría de narraciones o de un pueblo, ofrecen tanta diversidad como aquella visión amplia que nos proporciona la literatura universal y como la que tiene el propio autor. Sus cuentos forman parte de la mitología, del mundo de la fábula, la parábola o las sentencias, de relatos infantiles con sus personajes característicos, incluidos los animales, o las abundantísimas referencias al expresionismo estético de Kafka, de la iconografía de Buñuel, de los negros y grises de Solana o las greguerías de Gómez de la Serna, por citar autores que me interesan destacar en la literatura de Tomeo y que proporcionan al autor todos los guiños posibles para dejar constancia de su irreverencia narrativa. Todos los temas característicos de la obra de Javier Tomeo se encuentran representados en estos sesenta y nueve cuentos, divididos en cinco grandes apartados, con un desigual número de relatos, pero que reproducen esa variedad temática que antes apuntábamos, la soledad, la esperanza, la piedad o la crueldad del ser humano, la infancia y los recuerdos personales de un pasado vivido, además de una visión onírica y absurda de las cosas.
       Dilatados en el tiempo, desde una ya lejana década de los 1950 y hasta nuestros días, no hay necesidad de fecharlos en estas últimas tres décadas porque la evolución experimentada en la obra breve de Tomeo sugiere ya algunas de sus etapas cerradas y bastantes procedimientos esgrimidos en la elaboración de muchos de estos cuentos, porque muestran, sobre todo, ese fondo alegórico de nuestra condición. Nadie debe perderse, entre otros, uno de los más extensos, «Conspiración galáctica», aunque no debe dejar pasar el titulado «Noche de estreno» o, aún más, «La niña bigotuda».






LOS NUEVOS INQUISIDORES
Javier Tomeo
Barcelona, Alpha Decay, 2004

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