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jueves, 12 de enero de 2017

Fernando Aramburu



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VIDA DE UN PARÁSITO

              
        Existen a lo largo de la literatura de todos los tiempos comienzos originalísimos que nos llevan a repasar buena parte de nuestro pasado literario, a veces se convierten en homenajes como ocurre cuando se lee algo como lo siguiente:  «La gente cree que los piojos sólo sabemos picar y tumbarnos a la bartola entre una y otra picadura, pero no es verdad». Esta es una de las buenas disposiciones del protagonista de este relato, en realidad, un vulgar insecto hemíptero. Un curioso recién nacido, precisamente en la nuca de un maquinista, y, además, insiste, «¡Como si no tuviéramos nuestros propios sentimientos!». Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959) es un autor con una sólida obra literaria hasta el momento, desde sus inicios en novela, con Fuegos con limón o el libro de relatos, No ser no duele. En esta ocasión explora, con magistral precisión, el mundo infantil y entrega Vida de un piojo llamado Matías (2004), en realidad, una fábula sobre nuestra propia existencia sin que por ello tengamos que ver ese doble sentido que el autor, indudablemente, ha querido otorgarle a su historia.
        Matías, es el  nombre que el propio bichito ha tomado del gigante en cuya cabeza ha nacido, y vive la existencia típica de un parásito. Desde los primeros pasos hasta la última vuelta del camino, este ejemplar personaje, de mala reputación entre los humanos pero, tal vez, algo más querido a partir de este momento en el mundo de la fábula, irá pasando por las distintas vicisitudes que recorre cualquier humano y, por añadidura, desde el ámbito de un rincón de la cabeza hasta otro espacio diferente, viajando, incluso, a través de un gorro y hasta la cabeza de un niño. Así Matías se enfrentará a la soledad hasta que un día descubre a su hermana, a la visión del poder y de la esclavitud cuando ambos son apresados por el rey de la caspa, y de nuevo a la soledad y al abandono cuando huye del lugar en la gorra del maquinista. Nuevas aventuras llevan al joven piojo hasta una estación de tránsito para empezar, desde aquí, una vida nueva.  Ahora en su existencia conocerá el amor, el odio, la amistad y nuevos peligros, como protegerse de los dedos del niño cuando recorren su cabeza una y otra vez o huir de una máquina infernal ante el rapado de la cabeza donde ha pasado los últimos días y que truncará el sueño de esa nueva vida.
        Aramburu, indulgente, con sus personajillos, lejos de atribuirles las cualidades  que pudiéramos pensar en cualquier cuento fantástico, resuelve la intención última de su narración con maestría transportando, finalmente, a su protagonista hasta el perro de la casa desde donde, Matías, el piojo, ha vivido para contar el relato de su vida que ahora contempla desde esa tranquilidad que le llevará a reencontrarse con algunas vivencias de su infancia, con apenas unas horas o unos días, y cuando cinco semanas más tarde se ha convertido en un anciano de su especie, y muestra la sabiduría que, como la humana, caracteriza a la senectud.






VIDA DE UN PIOJO LLAMADO MATÍAS
Fernando Aramburu
Barcelona, Tusquets, 2004

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