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viernes, 13 de enero de 2017

Antonio Prieto



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LA GUERRA DE TODOS


        ¿Quién o qué selecciona nuestra memoria?, se pregunta Antonio Prieto (Almería, 1930) en uno de los capítulos de su más reciente novela, Una y todas las guerras (2003). Un ambicioso proyecto para realizar un repaso heterodoxo por la historia de la humanidad en cinco etapas o capítulos: la mítica Troya, la opulenta Roma, la sociedad cortesana del XVI, el horror y las secuelas de la revolución francesa, la Alemania nazi y la figura de Hitler, que provocaría la Segunda Guerra Mundial o la reciente conmoción que supuso la destrucción de las Torres Gemelas en Nueva York. En realidad, Prieto que hasta el momento había destacado por tratar de novelar episodios y épocas de la historia muy importantes, aspira en esta ocasión a un verdadero tratado o ensayo sobre ese difícil empeño del ser humano en convertir en arte la actitud bélica y de muerte de los hombres tanto en el pasado como en el presente.
        En esta ocasión Antonio Prieto juega con el tiempo y es capaz de mezclar realidad y ficción con esa habilidad que caracteriza a su narrativa, esa ambivalencia que le otorga al género histórico y a la evocación de la memoria. El narrador, en esta ocasión, se convierte en ese protagonista, se confunde con él y reconstruye el pasado con el recurso de la memoria para así permanecer de forma anónima durante todo su recorrido. La novela recuerda algunos de sus textos anteriores, La enfermedad del amor (1993), La plaza de la memoria (1995), El ciego de Quíos (1996), ese magistral retrato de Homero, rememorado, también, en estas páginas o quizá esa polivalencia de sentido que se percibía en Isla Blanca (1997), con un narrador que se desdobla en múltiples situaciones y que justifica la ficción misma de la voz narrativa. Situado en su nuevo texto en la actualidad, desde un apartamento en Atenas, frente a la Acrópolis, ese protagonista sin nombre escribe, recuerda, recrea y vive buena parte del milenario pasado para su amada Carla, una joven italiana que se convierte en la destinataria del relato. Junto a los momentos de amor, el narrador irá haciendo un repaso de las guerras vividas y de su evolución en la historia para así constatar las ambiciones del ser humano y las manipulaciones a que se somete la humanidad; en realidad, Una y todas las guerras, se convierte en una teoría particular sobre las mentiras que ha ido ofreciendo la historia y sus justificaciones; las encrucijadas del ser humano y las múltiples manifestaciones de esa incansable pasión por mandar que caracteriza a los soberbios de la tierra; y así, desde el amor, con la mirada de la sabiduría que otorga la vejez, el narrador analógicamente distribuye su discurso aunque no puede dimensionar temporalmente su estancia junto a la amada y con esa naturalidad con que ha ofrecido su versión de una y de tantas guerras se despide de la actualidad con la imagen televisiva de la destrucción de las Torres Gemelas del World Trade Center, planteando, de nuevo, que la seguridad del mundo, una vez más, se ha derrumbado. 






UNA Y TODAS LAS GUERRAS
Antonio Prieto
Barcelona, Seix-Barral, 2003

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