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miércoles, 11 de enero de 2017

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José Antonio Sáez                                    
LAS CHICAS DE PRAGA

            
       Proliferan, sin duda, en nuestros días las colecciones dirigidas al público lector más joven (niños y adolescentes) y las editoriales compiten por hacerse con un mercado potencial que debe de tener bastante aliciente para la industria del libro. En este ámbito hay que situar la novela Después de Praga nada fue igual, de Pedro M. Domene (Huércal-Overa, Almería, 1954), que obtuvo el I Premio de Narrativa Juvenil «Los Pedroches». Se trata, pues, de un relato cuya protagonista es una adolescente que viaja con su familia, no de buen grado inicialmente, a la ciudad de Praga: su padre, un profesor subyugado por los atractivos de la ciudad; su madre y su hermana, a la que denomina « la pava». La fuerte personalidad de la protagonista se deja notar en esta historia, en la que compiten por ocupar el primer plano del relato, tanto la propia adolescente como la misma ciudad de Praga, la cual no aparece aquí como un decorado cinematográfico sino como verdadero ámbito, bien conocido por el autor, donde se suceden unos acontecimientos, en gran parte triviales (vividos como turistas), pero que se verán superados en la ficción narrativa por el secuestro que la joven española Marta y la checa Minze, una vendedora de figurillas de cristal,  sufrirán a cargo de una de las mafias que actúan en la ciudad, hasta que son rescatadas por el joven Jan, amigo y protector de Minze. Los personajes aparecen bien caracterizados psicológicamente y los acontecimientos resultan plenamente verosímiles, por lo que el relato se presenta sólido y creíble.
       La fascinación que el padre de la protagonista siente por la ciudad se va contagiando progresivamente al resto de la familia. Él señala los itinerarios por donde aventurarse en los recorridos diarios por las calles  de la capital checa o los lugares emblemáticos como el Puente de Carlos, las visitas a los míticos cafés donde antaño se reunieran escritores y artistas, e incluso al cementerio donde reposan los restos de Kafka y cuya tumba visitarán antes de dejar definitivamente la ciudad. La sombra del autor de La metamorfosis vaga por la narración, pero junto a ella aparecen también las de otros poetas y novelistas como Jaroslav Seifert o el mismo Milan Kundera. Del mismo modo, desfilan ante el lector algunos de los principales acontecimientos de la historia reciente de la capital checa en el siglo XX, en especial los problemas surgidos con los judíos y la ocupación nazi o la invasión de las tropas rusas en la conocida Primavera de Praga. No faltan tampoco las referencias a la difícil situación socioeconómica actual del país.
       Sin caer en una erudición innecesaria, Pedro M. Domene da sobradas muestras de conocer excepcionalmente la literatura, la historia y los valores arquitectónicos de Praga; conocimientos que sobrepasan la simple información que pueda obtenerse ocasionalmente. Los suyos responden a un  acopio de lecturas sabiamente acumuladas con el paso de los años y suficientemente digeridas como para referirse, con naturalidad aparente, a cuentos detalles vienen al caso.
               Después de Praga nada pudo ser igual porque la protagonista, una adolescente de 16 años, da el salto a la madurez a raíz de la experiencia de su secuestro compartido con la checa Minze, que había madurado con mayor prontitud debido a las duras condiciones de vida que la rodeaban. Así pues, la experiencia del secuestro resulta clave en la maduración personal de Marta, quien a partir de entonces comienza a dejar atrás tanto su rebeldía ocasional como su antojadiza y, quizás, caprichosa voluntad. La novela deja un amplio espacio para que sean muchas las adolescentes que puedan verse reflejadas en el transcurso del relato. El secuestro de Marta y Minze se convierte, quizás, de este modo, en algo simbólico, puesto que para la protagonista supondrá la entrada en una nueva etapa de su vida: en este caso la juventud, y le enseñará a ver las cosas desde otro punto de vista no tan radical y hasta cierto punto inexacto del que tenía hasta entonces.
       Después de Praga nada fue igual resulta así una primera novela que dice mucho y bien de su autor, el cual  nos deja ante la espectativa de otras historias que han de suceder a ésta con tanto interés como la presente. Pedro M. Domene da sobradas muestras en este relato de que, además de ser un buen lector y un excelente crítico literario, posee sobradas dotes para afrontar el complicado mundo del género narrativo sin complejo alguno, con más que notables dotes.









DESPUÉS DE PRAGA NADA FUE IGUAL
Pedro M. Domene
Sevilla, Algaida, 2004; 170 pp.

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