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viernes, 29 de septiembre de 2017

Cristina Cerrada



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ÁNGEL CAÍDO
      
       Cristina Cerrada (Madrid, 1970) aborda en su novela, Anatomía de Caín (2010), el desafío de reinterpretar el mito bíblico que, en realidad, ella convierte en una historia triste, de personajes con vivencias en constante decadencia y cuyos sentimientos provocan en ellos mismos una relación de traumáticas consecuencias que, tal vez, sirvan de botón de muestra, o retrato de nuestra sociedad actual. El protagonista (Caín) es un joven vigilante que sueña con convertirse en escritor y lleva siempre una libreta donde apunta ideas para un gran cuento: transcribir en papel los sentimientos de una mujer, pero no de una sola sino las de toda la humanidad. Forma parte de una familia desarraigada, vive con un padre inválido, y su madre y Abel abandonaron el domicilio algún tiempo atrás. Por este motivo, el protagonista odia en gran medida a su hermano, sobre todo porque había sido el favorito y siempre se mostró ejemplarmente delicado y solidario, incluso años más tarde sigue siendo un personaje extraordinario, un famoso presentador de éxito, aunque un suceso hará que la historia de ambos cambie repentinamente, y afloren algunos supuestos de deseo y traición, incluso cierto rencor, celos y deseos de ver muerto al hermano.
       Desgranando página a página, la psicología de estos personajes que, sin duda, están marcados por su pasado, por las relaciones vividas y por el trauma que presupone el destino futuro, permite a Cerrada hilvanar al hilo de esta historia central, frente a su aportación elemental de recrear el mito, y surgen otros relatos paralelos que, como iremos sabiendo, forman parte de la imaginación de la escritora. Aparecen personajes que, aparentemente, solo están en su mente, son criaturas forjadas para configurar la escenografía de un mundo donde las pasiones y los sentimientos se parecen a los vividos por el propio autor y que le otorgan a la novela una dimensión mucho más amplia y en la que confluirán esas historias paralelas que Caín pretende contar, su visión particular sobre el mundo de la mujer, el caso de una enigmática Dalila. Resulta curiosa la intención de Cristina Cerrada luciendo una escritura casi lírica buscando, de alguna manera, alguna luz interior que ilumine el falso nihilismo de su personaje y, además conviene subrayar una particularidad más a este relato: una finísima pluma femenina relata el proceso de conciencia de un joven, quizá porque Cerrada ya muy alejada de esos convencionalismos de una literatura femenina al uso, huye de esa necesidad de hablar en nombre propio y el cambio de dirección que emprendió desde sus primeras novelas, revela que la creación literaria es un fenómeno humano que hoy en día confirma esa igualdad de la que hacen gala nuestros políticos y es a los novelistas, independientemente de su condición física, a quienes les corresponde indagar en el sentido de la existencia.








ANATOMÍA DE CAÍN
Cristina Cerrada
Madrid, Ediciones Baladí, 2010

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