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martes, 5 de septiembre de 2017

Medardo Fraile



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LA VIDA Y OTROS ENCUENTROS
              
       Unas memorias, estrictamente autobiográficas, se escriben por el encargo expreso de una editorial  o porque, como el propio autor apunta, se llega al borde del abismo y uno se da cuenta de que después de tantos años ya ha transcurrido la mayor parte de su tiempo. Instintivamente, uno mira hacia atrás y se sorprende de las cosas que le han ocurrido, de otras que cayeron en el olvido y paulatinamente han ido despareciendo como esos tiempos muertos que solo se conservan en esa nebulosa frontera que nos otorga la memoria de las cosas y el recuerdo, salvando episodios rescatados para el presente con mucho esfuerzo. Las autobiografías de los escritores quizá solo le interesan a los escritores, o a los lectores habituales de literatura, e incluso a algunos de los amigos que vuelven a vivir, de alguna forma, ese pasado conjunto y, en última instancia, a los seres queridos a quienes, directa o indirectamente, vamos nombrando y forman una gran parte, inexcusable, de esa selección de vida.
       Por lo general uno se limita a tomar notas, a recordar acontecimientos, a repasar papeles y recortes de periódico, y en ocasiones reproduce conversaciones u opiniones textuales, aunque las observaciones que se van haciendo nunca se escriben para ser irrefutables, obedecen a esos obligados registros de la memoria y por consiguiente forman parte de otras biografías, tantas como gentes y personajes se han conocido. El periodo al que se refieren siempre, suele ser esa parte importante de nuestra vida en la que los acontecimientos se convierten años más tarde en espléndidas exposiciones de un pasado histórico que convive con reflexiones que, en un futuro, puedan interesar a unos posibles receptores, esto es un lector. Medardo Fraile (Madrid, 1925), ha escrito una voluminosa autobiografía a la que ha considerado como «una mínima parte de los múltiples testimonios de una época parecidos o dispares (...) aunque ha intentado ser tan justo y piadoso como le permitía su naturaleza y la parcela de verdad que le corresponde y le debe al lector (...), aunque no pretende haber dicho la última palabra, ni la penúltima». Desde el punto de vista crítico-literario, Fraile pertenece a la denominada generación del medio siglo, compañero de Aldecoa, Martín Gaite, Sánchez Ferlosio, Fernández Santos, y como queda suficientemente expuesto en El cuento de siempre acabar. Autobiografía y memorias (2009), sobre todo, miembro fundador del grupo «Arte Nuevo» que con Gordón al frente pretendía «renovar el teatro» del momento, junto a Sastre, Paso, Palacio y una corte de actores consagrados y nuevas actrices: Nieves Berdejo, Carmen Geyer, Amparito Gómez Ramos y Ángeles Montenegro. Fraile dedica dos amplios capítulos para, suponemos, esta parte importante de sus comienzos en el mundo del teatro y de la literatura en general. Narra sus idas y venidas por un Madrid en guerra, una capital cercada, donde en la memoria del escritor no hay odio o animadversión al hecho histórico en sí, sino que plantea este episodio de su vida como un fresco tan realista como vital, con numerosos y significativos capítulos familiares de tíos y tías, primos y primas que iban y venían del pueblo; pesa, sobre todo, la figura enigmática de Dolores Vázquez. Y el recuerdo de una larga postguerra, en una capital hambrienta, bohemia y esperanzadora, su paso por academias, el bachillerato o la universidad a donde conocerá a la mayoría de los mejores cuentistas de los 50, hasta abrirse camino en el difícil arte de relato breve. 


       El cuento de siempre acabar es una memoria literaria, repleta de referencias a su generación y a los maestros que de alguna manera influyeron en su formación, las citas de Aleixandre, Menéndez Pidal, Luis Rosales, o Concha Lagos, que ocupará un lugar importante en la vida del escritor, sobre todo durante la etapa de Cuadernos de Ágora, con abundantes viajes por la geografía española, las tertulias de los viernes o las plumas que visitaron sus páginas, Dámaso Alonso, Claudio Rodríguez, Carlos Bousoño, José Hierro, Jorge Campos y la indiscutible labor de un jovencísimo Fraile que mejorará el contenido de una revista con monográficos importantes: Gerardo Diego, Miguel Hernández y Antonio Buero Vallejo, entre otros. Primeros libros publicados, y los nombres que varias décadas después han ocupado y encumbrado las páginas literarias del final del siglo XX y del periodismo español: Umbral, Gala, Arrabal. 
       Medardo Fraile pese a escribir lo que piensa y siente en muchas de estas páginas, consigue otorgarle un auténtico matiz literario a una autobiografía compartida y lo hace con una prosa ajustada, medida, certera, dueño de una espléndida disposición tanto de contenido como de estructura, y con páginas repletas de enjundia y sabiduría; y todo porque, además, realiza un auténtico esfuerzo de reconciliación y de justicia literaria aunque tampoco elude poner en solfa a quien entonces y ahora se lo merece, como suele ser habitual y se desprende de quien lee, tanto su prosa de ficción como sus ensayos dedicados a la literatura y el cine; excelentes y buenos ejemplos, las alusiones a Sastre, Carrillo, Rosales, todo en un discurso pormenorizado y fluido hasta los 60, años en los que quizá, para ampliar horizontes, solicitará en el Ministerio de Asuntos Exteriores un lectorado en el extranjero: primero en Monrovia, Oslo, y finalmente en Southampton, en el otoño de 1964. En esta fecha, con sus vicisitudes británicas, acaba realmente Autobiografía y memorias, el resto: una enumeración, somera, de los acontecimientos vividos por el madrileño durante sus continuadas visitas al Madrid del final de siglo, sus apuestas literarias y los nombres que a lo largo de estos años se han ido sumando a la nómina de una extensa biografía anterior, sobre todo quienes nos hemos incorporado a su mundo más reciente, y gracias a su generosidad convivimos con él en estas páginas, testimonio de una época, entonces y ahora, tan dispar como para que nos siga dando satisfacciones con su literatura tan piadosa, porque somos legión los que siempre esperamos un nuevo libro de Medardo Fraile.






EL CUENTO DE SIEMPRE
ACABAR. AUTOBIOGRAFÍA
Y MEMORIAS
Medardo Fraile
Valencia, Pre-Textos, 2009; 616 págs.

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