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domingo, 6 de septiembre de 2015

Desayuno con diamantes, 51



SANTOS Y MILAGROS DE ÁLVARO  CUNQUEIRO

     La Fundación Banco de Santander edita una curiosa edición De Santos y Milagros (2012), de Álvaro Cunqueiro, una antología temática, donde lo hagiográfico y lo milagroso se convierten en constante en la obra del gallego.



      Durante buena parte de su vida, Álvaro Cunqueiro, se mostró interesado por todo cuanto sonaba a literatura, como ha señalado, en repetidas ocasiones, Xesús González. El mismo escritor solía afirmar al respecto, “ese es el lugar donde más cómodamente sueño, el mundo de las letras, tantas veces ardiente como el de la sangre, es decir, el de la vida”, así que nada, evidentemente, le era ajeno: los problemas de la creación literaria, la situación de la poesía en la sociedad, las traducciones y la invención de las palabras, incluso escribió sobre sus escritores favoritos, Shakespeare, Rosalía de Castro, Dante o Boccaccio, en auténticas serie que aparecieron en las páginas de El Noticiero Universal, durante septiembre de 1973 y diciembre de 1975. Eran colaboraciones, generalmente, de tema literario o sobre libros, tribuna que aprovecha para expresar sus gustos literarios, así como su concepción del hecho literario. De alguna manera, sin que supusiera una sistematización temática, sus comentarios sobre libros, viajes, paisajes servían a Cunqueiro para mostrar a los lectores su experiencia literaria que, para él, se concretaba en un conocimiento humano por excelencia. Aunque, en el fondo, se sirve de la técnica periodística para seguir contando relatos, para esbozar una historia, que suelen contener elementos tan fantásticos como sentimentales, que ahora adorna como si se tratara de auténticas reseñas literarias, de críticas a un libro determinado, así que en numerosas ocasiones el autor hablará de cuanto le gusta y ama, aquello con que sueña, o donde más cómodo se siente, y sus planteamientos terminan siempre siendo literarios. En otras ocasiones, se limita a contar su impresión sobre un libro, o parte de un poema, incluso se sienta y vislumbra un paisaje para aunar los datos suficientes que se concretan en una larga tradición literaria en la que él mismo se reconoce y a su literatura. Papeles que fueron vidas. Crónicas literarias (1994), en edición de Xesús González, reúne una amplia muestra del mejor quehacer de Cunqueiro, quien además arriesga proponiendo una amplia información en las que deja brillar su talento de escritor y un estilo poético para expresar sus opiniones más contundentes y claras, cuando afirma que “la literatura de la Yourcenar va a durar mucho más que la de Simone de Beauvoir, y la de Jean Giono, cuando ya la de Robbe-Grillet no la recuerde nadie”. En otros insiste en su propia experiencia y entra de lleno en los problemas literarios que le preocuparon, por ejemplo, su faceta frustrada de dramaturgo, porque nunca vio sus textos representados, y escribir teatro únicamente para ser leído, le parecía una auténtica aberración. Así que siempre podemos pensar que sus aproximaciones a la crítica las realiza mediante un especial simpatía intelectual, y de su incuestionable intuición que le proporciona su profundo amor a la literatura con un indiscutible trasfondo de nostalgia por aquellas cosas qua ama, la novela, la poesía, el teatro y la memoria de lo que ha ido acumulando en su cotidiano existir.


Centenario
         Con motivo de su centenario, la Fundación José Antonio de Castro, reeditaba a lo largo de 2011, las Obras Completas, en edición de Xosé María Dobarro, dos volúmenes que contenían: Tomo I: Merlín y familia, Las crónicas el Sochantre, Las mocedades de Ulises, Cuando el viejo Simbad vuelva a las islas y Flores del año mil y pico de ave; Tomo II: Un hombre que se parecía Orestes, Vida y fugas de Fanto Fantini della Gherardesca, El año del cometa con la batalla de los cuatro reyes, La otra gente, Tertulia de boticas prodigiosas y escuela de curanderos, Las historias gallegas, Elegías y canciones, Un poema y cuatro prosas, Crónica de la derrota de las naciones (Fragmentos) y Rogelia en Finisterre. Su narrativa se desarrolla en dos líneas complementarias, una de ellas corresponde a sus obras mayores, incluidas en el primer volumen, colecciones de viñetas narrativas integradas en un marco que les confiere unidad. Su novela Las mocedades de Ulises y la obra Flores del año mil y pico de ave, recoge piezas escritas en castellano en la primera etapa de la posguerra. De su teatro en gallego destaca una versión libre del tema de Hamlet, que luego incorpora a su novela Un hombre que se parecía a Orestes (1969), que ya muestra algunas de las características más notables de su narrativa y por la que obtuvo el Premio Nadal. En Tertulia de boticas prodigiosas y escuela de curanderos, La otra gente y Las historias gallegas se recogen una serie de retratos o semblanzas de tipos populares gallegos. Se incluyen otras dos novelas destacadas de su narrativa: Vida y fugas de Fanto Fantini della Gherardesca y El año del cometa con la batalla de los cuatro reyes; y se cierra el volumen con una selección de su poesía y su teatro. 




      La editorial sevillana, Paréntesis, editaba recientemente, Las historias gallegas (2011), de Álvaro Cunqueiro, una colección de artículos, o “retratos al minuto”, bajo el tamiz de un concepto mágico de la existencia, un aire gallego rural y ultramundano en el que el concepto de “gallego” consiste en ese cotidiano entremeterse de lo insólito por las veredas del hombre. En todas historias -señala, Manuel Gregorio González- lo que apunta es una confianza, una habitualidad con lo imposible o lo sagrado. En todos estos retratos, manifiesta Cunqueiro, lo que se elucida es el vasto territorio de la ensoñación humana. Unos sueños alejados del carácter neurótico de Freud, y más cercanos al concepto de Jung que propugnaba que los mitos duermen junto a las más crudas pasiones. Editados, originariamente, en 1981, reúnen felizmente el vagamundo linaje de sus seres imaginarios y lo más curioso de estas crónicas que son, en cierta medida, el testamento de Cunqueiro, fechadas en febrero de ese mismo año, pocos días antes de su fallecimiento, el 28. El gallego estuvo rodeado, según testimonio propio, de meigas, sabias, adivinas y arresponsadoras y habla de estos retratos como de auténticos rompecabezas porque sus protagonistas forman parte de un pueblo humilde, que ha visto procesiones de difuntos, que ha buscado y encontrado tesoros y que más de una vez ha descubierto leyes secretas que rigen las relaciones entre el mundo y el trasmundo: Louro de Paredes, Braulio Costas,Felipe da Ribeira, Novagildo Andino, entre otros muchos que vayan a donde vayan no dejan de soñar con la pequeña patria lejana, de verdes campos y siempre bajo la lluvia.

De Santos y Milagros
                César Antonio Molina, prologa, la edición De Santos y Milagros (Fundación Banco Santander, 2012) para quien, Cunqueiro, era, sobre todas las cosas, un narrador oral, un contador de historias con una memoria apabullante, una memoria que, muy bien, podía ser verdadera, fingida, inventada o creadora de ficciones sin fin. La oralidad aspira a la verdad, a la honradez de la autocorrección, a la intuición compartida. La gran literatura, como la de Cunqueiro, atraviesa las fronteras, aunque como en su caso sea a través de las reinvenciones y César Antonio Molina, se refiere tanto a las temporales, a las físicas y a las literarias, solo así Orestes, Ulises, Simbad o Merlín sobreviven en el mundo contemporáneo porque alguien, como el gallego, es capaz de insuflarles una nueva vida reinterpretada. De ahí, añade Molina, sus “novelas” acaben abruptamente, porque el relato oral es siempre inacabado, indefinido, queda pendiente de ser retomado en lugares o tiempos distintos. En cada uno de sus libros, el autor gallego, cuenta cientos de historias y nos relata prodigios, como los que se producen en uno de sus libros más característicos, Vida y fugas de Fanto Fabtini. Las obras de Cunqueiro están también repletas de lances amorosos, en su mayor parte frustrados, y todos sus personajes los rememoran como un sentimiento del paso del tiempo. Es un poeta-narrador-autor teatral excepcional en dos lenguas, el gallego y el castellano que ejerció de articulista, capaz de mezclar el género con el relato breve, la crónica, la historia, y bastante de sentimiento lírico. Su obra periodística es tan valiosa y original como el resto de su producción, de ahí la importancia de la Fundación Banco de Santander y el esfuerzo de Xosé Antonio López Silva que ha agrupado temáticamente estos artículos, unos textos que muestran el enfoque personal de Cunqueiro hacia el género hagiográfico, con un tratamiento literario, en ocasiones casi lírico. López Silva destaca la importante dualidad con que el narrador gallego aborda su trabajo durante todos estos años, combinando en todo momento publicaciones en lengua gallega y castellana, obra gallega que él mismo traduce y convierte en un proceso de re-creación, como ocurrirá en 1956 cuando aparecen las versiones castellanas de Merlín y familia y El caballero, la muerte y el diablo. Años después aparecería, Las mocedades de Ulises (1960) y un año antes Fernández del Riego había traducido, Las crónicas del sochantre, galardonada con el Premio Nacional de la Crítica, referente indiscutible, desde ese mismo momento, de la novelística de los sesenta, además, de abrirle un camino duradero con Ignacio Augustí, editor, de Destino que publicará todas sus novelas en castellano, y sus posteriores colaboraciones en la revista del mismo nombre desde 1961. Lo religioso y lo hagiográfico es un tema recurrente en el gallego que permite visualizar -señala López Silva- de forma singular su evolución personal y literaria que prolongaría a lo largo de su vida en un proceso complejo de recreación de materiales, al tiempo que provoca un auténtico juego textual de referencias internas en su obra posterior. En sus años de juventud, lo santo será visto desde una óptica gallega, algo que más tarde se concretaría en la figura de Santiago Apóstol y el Camino, como elementos fundamentales en su obra. El paso del tiempo llevará a Cunqueiro a centrar la narración hagiográfica en su estatuto mismo de narración, reducto de la ficción, o de una re-creación constante con todo lo vinculado con lo santo: el milagro.
                Los criterios de edición seguidos por Xosé Antonio López Silva se concretan en el respeto filológico, corregidas las erratas, unificada la ortografía y los textos han sido ordenados cronológicamente, se ha buscado editar textos que nunca habían aparecido en forma de libro. La abundancia de los mismos ha dejado fuera a una cantidad considerable de fecha anterior a 1945 por cuestiones de espacio y exigencias de la colección. Sobresalen siete relatos aparecidos en la revista, Catolicismo, desconocidos hasta ahora y que ofrecen perspectivas diferentes en la obra de Cunqueiro antes de 1955. Ha prevalecido, en todo caso, la pretensión de exhaustividad para ofrecer una panorámica sobre un tema relevante en el narrador gallego.

Vida y obra
                Álvaro Patricio Cunqueiro Mora nació el 22 de diciembre de 1911 en Mondoñedo, hijo de Joaquín, boticario establecido en los bajos del Palacio Episcopal, y Presidente de la Sociedad de Obreros Católicos, y alcalde la ciudad. A los once años se traslada a Lugo para cursar el Bachillerato y allí conocerá a los hermanos Correa Calderón, Ánxel Fole y el poeta Luis Pimentel. En 1927 cuando termina sus estudios, se traslada a Santiago de Compostela y se matricula en Filosofía y Letras. Tiene de compañero de cuarto a Fole, y pronto entabla amistad con García Sabell, el pintor Luis Seoane, Torrente Ballester y Fernández del Riego. Su primer libro de poemas aparecerá en la editorial Nós, Mar ao Norde (1931) y un año después, Cantiga nova que se chama Riveira. Desde este momento, se revela como un poeta gallego de primera fila, y pronto inicia sus colaboraciones en la prensa con artículos culturales y de arte en El Pueblo gallego. Cuando estalla la guerra, Cunqueiro toma la decisión de apoyar el levantamiento por su vinculación con el galleguismo cultural, con el Partido Galeguista y los hombres del Grupo Nós. Vivirá y trabajará en San Sebastián hasta 1939, momento en que Manuel Halcón lo reclama para el ABC. Sus textos de guerra son prosa de combate, completamente adscrita a la retórica franquista. El año 1940 será crucial en la consagración literaria de Cunqueiro en el Madrid de la inmediata postguerra, pasa a la vicedirección de la revista Vértice, órgano del primer franquismo en la que publicarán, d´Ors, Ridruejo, Laín Entralgo o Aranguren. Un incidente diplomático provocó la expulsión del gallego del Registro de Periodistas, motivado por unos artículos de temática jacobea que molestaron a la Embajada de Francia, aunque nunca se publicaron. Así durante dos largos años, 1945 y 1946, colaboró en la revista Catolicismo. La escasez de colaboraciones, no le proporcionaba al narrador los ingresos suficientes como para mantener a una familia, su esposa y dos hijos pequeños, en Madrid, además su crisis profesional le llevó a una profunda crisis personal que en 1947 le obliga a abandonar la capital y volver a Mondoñedo. Unos años más tarde, Francisco Leal Ínsua, director de El Progreso, de Lugo, le consigue una colaboración como articulista, inicio de una vuelta a la carrera periodística que, a partir, de 1950 se irá extendiendo a diferentes periódicos de ámbito gallego: El Correo Gallego, de Santiago, La Voz de Galicia, La Coruña, la revista Vida Gallega, en una segunda época, y El Faro de Vigo, cuya dirección asumirá en 1965 y mantendrá hasta 1970. La década de los sesenta es, sin duda, la época más señera y fructífera de Álvaro Cunqueiro porque el 23 de abril de 1961 es nombrado Académico de Número de la Real Academia Galega e intensifica sus publicaciones en castellano, Las mocedades de Ulises (1960), Flores del año mil y pico de ave (1968), Un hombre que se parecía a Orestes (1968), Vida y fugas de Fanto Fantini della Gherardesca (1972) y El año del cometa con la batalla de los cuatro reyes (1974) y las recopilaciones de sus colaboraciones en Faro de Vigo, que tituló, El envés (1969), Laberinto y Cía (1970) y El descanso del camellero (1970).
                Cunqueiro padecía diabetes, una dolencia en un pie fue agravándose y su estado empeoró, fue hospitalizado en varias ocasiones con sesiones de hemodiálisis que se complicaron con una insuficiencia renal que, finalmente, le llevaría a la muerte, un 28 de febrero de 1981 en Vigo. Conservó una extraña y mágica lucidez y una prodigiosa memoria hasta el final.

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