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sábado, 19 de septiembre de 2015

Hoy tomo café con…



Andrea Stefanoni
     “La abuela civil española, es una forma de contar ese pasado y significarlo de alguna manera”.



     Andrea Stefanoni nació en Buenos Aires en 1976. Colaboró en diversas revistas y suplementos culturales. En la actualidad desempeña el cargo de gerente en la librería El Ateneo-Grand Splendid. En 2009 fundó Factotum ediciones, sello que dirige. Y es coautora con Luis Mey del libro titulado, Tiene que ver con la furia (Emecé, 2012). En España, Seix-Barral, publica su novela, La abuela civil española (2015).

¿Qué tiene de memoria y cuanto de ficción, La abuela civil española (2015)?

        Es muy difícil cuantificar eso y no tendría sentido hacerlo. Como ocurre con las novelas históricas, la historia es “verdadera”, los personajes también, pero todo eso está narrado con una cuota de ficción. Por otro lado, la memoria también tiene algo de ficción, en la medida de que la guerra que relato no es la Guerra sino la guerra de mis abuelos.

Se lo pregunto, porque sobre todo, la primera parte, es un auténtico episodio de la guerra civil española.

        Como decía, es un episodio de la guerra de mis abuelos, de lo que quisieron recordar, de lo que quisieron olvidar y de cómo quisieron retener esos hechos en su memoria y luego contarlos a sus hijos y nietos.

La novela se estructura en tres partes bien diferenciadas, y con un tono diferente, la guerra, la nueva vida, y la voz de la nieta, ¿ofrecen tres perspectivas distintas de toda una vida llena de incertidumbres y de auténtica aventura humana?

        Son momentos muy diferentes y la novela trata de mi abuela fundamentalmente, pero también de mi relación con ella, sobre la capacidad de las personas para procesar el pasado, su pasado, para adaptarse a diferentes contextos vitales (de Boeza hasta las islas del Delta) y reinventarse sin dejar de ser ellas mismas y ser siempre un poco extranjeras (por ejemplo, mi abuela habla un castellano que no es ni el de España ni en de Argentina completamente), aunque el acento es el de recién llegada.

Analicemos la novela, la primera parte se desarrolla en España, en plena guerra civil y los duros años posteriores, y está perfectamente ambientada, ¿su información procede de testimonios reales, o ha tenido que hurgar en la Historia reciente de España?

        Mi información procede básicamente de los relatos de mis abuelos, de su memoria, de lo que para mí fue escuchar esos relatos siendo una niña,  completados luego con mis propias lecturas sobre el tema cuando ni siquiera pensaba escribir este libro. Pero no se trata de una novela sobre la guerra civil sino sobre personas marcadas por esa guerra.

Llama la atención ese odio entre hermanos, tan característico en la guerra civil, ¿fue esta una aportación especial de sus abuelos?

        No creo, esa es una característica de la guerra civil, que dividir a una sociedad y no enfrentar a gente de diferentes países o regiones –sino que la división es más bien ideológica- divide a las familias. Creo que este caso refleja lo que ocurrió en muchas familias españolas en un contexto en el que dos Españas se enfrentaron literalmente a muerte. Pero toma ribetes más trágicos cuando uno pone la lupa en las “pequeñas” historias personales, que es lo que se hace en la novela.


Sin embargo, el tono cambia tras la travesía a Buenos Aires, y el asentamiento de sus abuelos en El Tigre, ¿el tono cambia y nos acercamos a una realidad que usted y su familia vivieron?

        Sí, pero también a una realidad más calma, acorde con el contexto de las islas. Ahí ya no existe el contexto de la gran historia épica (la guerra), solo queda la épica cotidiana de adaptarse y vivir en un territorio que parece el campo pero que no lo es, donde las casas se montan sobre pilotes y la vida trascurre en relación muy estrecha con el río, las inundaciones, incluso para alguien como mi abuela que nunca aprendió a nadar.

Y una última parte, más breve, la mirada de la nieta, y sus vivencias con unos abuelos dedicados a buscarse la vida y a sobrevivir; ¿es esa la imagen que ud. quiere proyectar en primera persona?

        Sí, es la única parte que conozco de primera mano y donde puedo aportar mi propia memoria.

¿Sus abuelos nunca dejaron de sentir el desarraigo de su tierra? ¿Nunca volvieron?

        Hace un tiempo, revisando papeles suyos, documentos, encontré su pasaporte, y en una de las páginas había un sello azul que decía: “El titular de este pasaporte queda autorizado para salir de España una sola vez”. Y se me hizo un nudo en la garganta, porque, efectivamente, así sucedió: mi abuelo nunca volvió.  Mi abuela sí, en su vejez volvió al pueblo. Pero encontró un país muy diferente al que había dejado y no se terminó de sentir en “su” tierra. Sin embargo la abuela siempre insiste en que es española, a pesar de los 65 años que lleva viviendo en Argentina.

El miedo siempre estaba presente en las vidas de Consuelo y Rogelio, ¿incluso tantos años después?

        Hasta cierto punto sí… sobre todo en los primeros años. Después la memoria va filtrando y esos miedos ya quedan como lugares recónditos de la personalidad, y ya son más difíciles de visualizar. 

¿Existe un paralelismo entre lo que sienten los abuelos y los nietos Sofía y Pablo con respecto a la isla y a su vida allí?

        No creo. Para mis abuelos ese fue el lugar donde rehicieron su vida. Para sus nietos un lugar al que naturalmente desde niños iban a pasar fines de semana o vacaciones. En todo caso fue un lugar de encuentro entre abuelos y nietos, y la novela sale en gran medida de mis recuerdos en esa isla, de los perros que vivían allí, de los mejores momentos de la infancia. No todo el mundo tiene una isla en su memoria, yo tuve la suerte de tener esa.

¿Esta novela es una forma, definitiva, de reencontrase con el pasado español de su familia?

        No sé si definitiva, pero es una forma de contar ese pasado y significarlo de alguna manera. Para mí España durante años fue el relato de mis abuelos, hasta que pude viajar y conocer por mí misma.

Se lo pregunto porque, aunque trate un tema excesivamente duro, se evita un sentimentalismo al uso, muy efectivo literariamente hablando.

        En la novela traté de escapar a los golpes bajos y a ese sentimentalismo, y que los hechos duros hablaran por sí mismos. Ya es una historia suficientemente dura, pero también vital, como para cargar las tintas con el lenguaje. Es dura, pero no deja un sabor amargo, sino que creo que deja un mensaje bastante esperanzador.

La abuela civil española se publicó originariamente en Argentina, un año antes, ¿qué repercusión tuvo allí un relato como este?

        Tuvo mucha repercusión, va por la tercera edición. La Guerra Civil fue un hecho que conmovió en su momento a la sociedad argentina, desde movimientos de solidaridad hasta la recepción de migrantes, y muchos tienen de algún modo su abuela civil (y el que no la tiene española la puede tener de otro sitio, italiana, polaca…). Por eso se trata a la vez de un tema lejano y muy cercano al mismo tiempo.

        Una última y curiosa pregunta, usted se ha dedicado durante buena parte de su vida al mundo de la cultura y el libro, y actualmente es gerente de una gran librería porteña, El Ateneo Grand Splendid, ¿cuál es la perspectiva de alguien que gestiona el mundo impreso con respecto a una obra propia?

Gestionar el mundo impreso sería como demasiado… No sé cual es la perspectiva, tal vez sea un libro más en los anaqueles de las librerías. Lo importante es lo que pasa cuando llego a mi casa y leo los mensajes que me escriben los lectores. Eso me hace feliz. A veces se los leo a la abuela, la complicidad que se genera en esos momentos, no tiene precio, jamás sentí algo así con nadie. En ese sentido pienso que lo logramos, sea lo que sea “lograrlo”.




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