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miércoles, 23 de septiembre de 2015

Los olvidados



DIONISIO RIDRUEJO
(Materiales para una biografía)




      Alguien ha escrito que Dionisio Ridruejo (1912-1975) era un falangista que descubrió la democracia tras la Segunda Guerra Mundial, a su regreso a España de la División Azul, cuando el nuevo régimen había traicionado el ideal joseantoniano  por un nacional-catolicismo que distorsionaba la idea de unidad de destino y de fe. Andrés Trapiello lo retrata como el escritor que sedujo con su bondad e inteligencia a algunos de los hombres más inteligentes de su tiempo y, también, a algunos de los más cucañistas. Conoció tras la guerra, además de un despacho oficial, el destierro en Ronda, un largo silencio, la cárcel y el exilio. Dividió su vida entre la poesía y la política y ésta, que también se escribe con «p», le sigue pasando al escritor la más gravosa de las facturas, treinta años después.
Gonzalo Torrente Ballester en su Literatura Española Contemporánea, (1966), señala las influencias de Garcilaso y Quevedo en la poesía y en la obra de Ridruejo, además de autores contemporáneos como Machado y Unamuno. «Una perfecta sonoridad, una robustez casi marmórea, arquitectura equilibrada, movimiento interior, forma impecable, son la característica externa de la poesía de Ridruejo (...) —escribe Torrente Ballester—.  Su materia es varia, vivida, biográfica, surgida casi al día, hecha poesía casi instantáneamente: el amor, el paisaje, la emoción estética ante el cuadro y la piedra; la muerte y la política, la guerra y la amistad, sin exclusión de nada humano, ni de lo divino». En el Diccionario de Literatura Española e Hispanoamericana (1993), coordinado por Ricardo Gullón, se dice al final de la ficha bio-bibliográfica que, «Tras su muerte, ocurrida en junio de 1975, tanto el hombre (su probidad ética) como el poeta (de un clasicismo austero que no empece la cordialidad) siguen en alza”. Víctor García de la Concha en su obra, La poesía española de 1935 a 1975. (1987), afirma que «Pese a la declarada devoción garcilasista, Ridruejo está mucho más cerca de la filosofía gozosa que anima a la poesía amorosa de Salinas», y añade que, «la influencia de Quevedo fue más intensa por entonces que la invocada de Garcilaso porque seguramente los poetas que se creían neorrenacentistas eran más bien neobarrocos, poética y prácticamente», este era, además, concluye el ensayista, «en vísperas de la guerra uno de los grupos poéticos más compactos y coherentes: el integrado por Rosales, Vivanco, Panero, Muñoz Rojas y Ridruejo».


        Unas jornadas en las que intervenían conocidos especialistas en la vida y la obra de Dionisio Ridruejo, como Javier Pradera, Rodrigo Uría, José Álvarez Junco, Carlos María Bru, Jorge Semprún, Fermín Solana y Sotelo, F. González Olivares, José Carlos Mainer, Albert Manent y Fernando Morán, parecían proyectar un renacer en la figura del falangista. En ellas, Jordi Gracia, uno de los ponentes, acababa de publicar Dionisio Ridruejo. Materiales para una biografía, reconstrucción minuciosa de numerosos textos inéditos que servirán para restituir a la memoria democrática la trayectoria de un escritor con irrenunciable vocación  por la política. Trataba Gracia de componer una biografía intelectual y política de Dionisio Ridruejo con los estratos sincrónicos de un hombre simplificado y parcheado por la historia. Hasta ese momento la iconografía de la guerra y la posterior propaganda se encargaron de presentar a un joven enjuto, fibroso, vital, tenso, buen orador uniformado y cuya convicción a la causa, quizá, no estuviera nada clara. Hoy está considerado como el mejor intérprete del fenómeno fascista y falangista, aunque posteriormente se convirtiera en un prematuro y convencido precursor de la socialdemocracia en España como la única herramienta de inserción en la Europa moderna.
        Este es, en realidad, ese segundo Ridruejo reivindicado, el de su vuelta en 1942 de la expedición combatiente en el frente ruso y su evolución política e ideológica experimentada hacia posiciones liberales tras señalar el rumbo erróneo del nuevo Estado; pero Gracia no habla de su convicción democrática, sino de su distanciamiento de las posiciones reaccionarias de la Iglesia y de la Acción Católica. A partir de este momento es cuando empieza esa especie de introspectiva analítica, esa soledad, y ese afán de lector que le llevarán a creer en otro orden de cosas y a la renuncia de toda fe que no sea la más estricta y privadamente religiosa.
        Hoy su semblanza —señala Jordi Gracia— ha de subrayar la excepcional calidad de su prosa, por encima de una sobrestimada poesía de juventud, pero no debe callar ni al articulista ni al crítico, al viajero o al animador de actividades de resistencia (...) Todavía estamos lejos de poder contar con solvencia cada tramo de su compleja peripecia, pero la antología de Jordi Gracia aspira a reunir los textos que permiten calar hondo en lo que es un sujeto que piensa y cambia, que asume el riesgo de justificar sin tapujos las razones de su deserción ideológica y política y también sus horizontes de futuro como conspirador antifranquista.
        Ridruejo pasó de un cuadro ideológico falangista hacia un reformismo socialdemócrata, aunque anteriormente había experimentado una transformación mucho más importante, la de una tradición intelectual que le llevó a ese humanismo heredado de Josep Pla, Pío Baroja o José Martínez Ruiz, Azorín. Prácticamente hoy no circulan ediciones de su obra o por antiguas o por estar descatalogadas en su mayoría. De su no muy extensa bibliografía caben señalar algunos textos excepcionales como Escrito en España (1962 y 1964), Casi unas memorias (1976) y sobre todo su poesía cuyo primer libro Plural, data de 1935 y le  siguieron Primer libro de amor (1939), Poesía en armas (1940), Sonetos a la piedra (1943), En la soledad del tiempo (1947), Elegías (1948), reunidos todos en Hasta la fecha (1961). Posteriormente aparecerían, Cuaderno catalán (1965) y Casi en prosa (1972).



      En la nota bibliográfica de Materiales para una biografía se da cuenta de las últimas ediciones para rastrear las fuentes que pueden llevar a comprender mejor la trayectoria intelectual de Ridruejo, partiendo de sus propios libros y de algunos compendios interesantes, como por ejemplo, la biografía de Manuel Penella, su secretario personal, desde 1971 a 1975, titulada Dionisio Ridruejo, poeta y político, además del homenaje tributado por algunos amigos en Dionisio Ridruejo, de la Falange a la oposición, con importantes trabajos de Juan Benet, Gonzalo Torrente Ballester, Francisco Fernández Santos, Julián Gorkin, o las ediciones de algunas de sus obras más significativas Primer libro de amor, Poesía en armas. Sonetos y Cuadernos de Rusia, En la soledad del tiempo, Cancionero de Ronda, Elegías, publicadas por Castalia. El resto de las ediciones de su poesía, salvo la preparada por el propio autor, Hasta la fecha. Poesías completas (1934-1959), fue publicada por Aguilar en 1961 y poco se sabe de Cuaderno catalán (1965) y Casi en prosa (1972), publicados  por la Revista de Occidente. Lo mismo ocurre con Castilla la Vieja, dos gruesos volúmenes editados en 1973 y 1974, aunque reeditados años después en Destinolibro. Casi unas memorias, fueron publicadas por Planeta en 1976 y reúne el texto inacabado de sus memorias, además de artículos, textos, cartas y fotografías que permiten una visión amplia de la trayectoria de Ridruejo. y la misma editorial publicó en 1978, Los cuadernos de Rusia, diario de la campaña como integrante de la División Azul, y otros dos gruesos volúmenes de artículos, En algunas ocasiones. Crónicas y comentarios (1943-1956), en Aguilar, en 1960, y Entre literatura y política, en Hora H de Seminarios y Ediciones, en 1973. Anteriormente había aparecido en Buenos Aires, Losada, 1962, Escrito en España, recopilación de artículos de análisis político. Los textos que se editan en Materiales para una biografía proceden, en su mayoría, del Archivo Dionisio Ridruejo que custodia, actualmente, el Archivo General de la Guerra Civil de Salamanca, como señala el editor Jordi Gracia.
      Dos extensos capítulos recogen los años significativos de la trayectoria política y literaria de Ridruejo. «I. La fabricación de un fascista (1934-1951)» que incluye, en dos epígrafes, «La esperanza política», con una estupenda selección de textos que oscilan entre las confidencias literarias, fragmentos de su estancia en Rusia y el desengaño franquista y el confinamiento; y el segundo, «Repeluzno ante lo infinito», con un informe a Franco y varias cartas a Miguel de Echarri en Roma y algunos recorridos por la ciudad del Coliseo, bajo el estigma de una Italia democrática. Y un segundo capítulo, «II. La pedagogía de la democracia (1952-1975)», con cuatro epígrafes que contienen algunos aspectos más personales del hombre y del político, «El optimismo del reformista», en el que se incluye un informe a Falange por los sucesos universitarios de febrero de 1956 y otros aspectos en «Armar la reforma democrática» que aporta explicaciones sobre su libro Escrito en España y nuevos documentos, inéditos, y cartas a Justino de Azcárate, Vicente Ventura, Julián Gorkin, y una representativa muestra de poesía, fechada entre 1952 y 1975; un «Intermedio Lírico con un relato de infancia y una prosa viajera», fragmentos inéditos de «Los recuerdos», el tiempo de la infancia y lo castellano escritos a partir de 1968, y «La valentía de la memoria», su memoria de Burgos y Cataluña de 1937 a 1944, textos que pertenecen a Casi unas memorias (1974) y un «Epílogo póstumo» que recoge el texto que incluyó, cómo prólogo, Camilo José Cela Conde en su libro, El reto de los halcones (1975), una visión sobre el periodismo político, la evolución de la prensa española y las reivindicaciones de los grupos de presión en la España predemocrática que llevaría a la máxima expresión de la apertura por aquella época.
        La variedad de textos elegida por Jordi Gracia reflejan esa actitud expuesta de ofrecer la trayectoria de una persona con todos sus aciertos y desatinos, sobre todo en la figura excelsa de un Ridruejo conocedor, como nadie, del fenómeno falangista hasta llegar, en su madurez, a posiciones de una marcada actitud social y democrática, incluidas las consabidas manifestaciones de inserción en una Europa moderna y unida.

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