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lunes, 21 de septiembre de 2015

Luis García Jambrina



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EL MANUSCRITO DE NIEVE



       Devolver el interés por los clásicos a cualquier precio, resulta siempre un reto interesante, y si se echa mano, además, de una auténtica intriga policial para conjugar ambos propósitos, se añade una adecuada ambientación, se cuida el lenguaje, o se dosifica el texto con una perfecta visión histórica de los acontecimientos, el lector agradecerá el planteamiento de fondo y la aventura en la que se enfrasca página tras página y, será entonces, cuando reconocerá a algunos de nuestros personajes más carismáticos del prerrenacimiento, con sus luces y sus sombras, y disfrutará de aquellos buenos momentos, sorprendido por el placer de convertirse en un experto lector de época.
        Luis García Jambrina (Zamora, 1960) publicó su primera novela, El manuscrito de piedra (2008), ambientado en la pícara y estudiantil Salamanca del siglo XV, eligiendo al joven Fernando de Rojas como excepcional investigador del horrendo crimen de un teólogo de la Universidad; en El manuscrito de nieve (2010), segunda entrega, repite protagonista, ciudad y ambientación, aunque profundiza en el retrato social, e insiste en el aspecto picaresco de los bajos fondos de la ciudad universitaria: embaucadores, tahúres, meretrices, buscavidas que deambulan por los barrios y se mezclaban con el clero y los estudiantes. Precisamente, la muerte de uno de ellos, con las manos amputadas y dentro de un barril, desencadenará la trama y, García Jambrina, se permite jugar con la historia literaria y quien descubre, precisamente, el asesinato es un mozo llamado, Lázaro de Tormes. Una vez más, Fernando de Rojas, merced a su astucia y su ingenio, será el encargado de las pesquisas necesarias para desvelar una ola de crímenes que asolan las calles de la ciudad. Pedro Suárez, el maestroescuela, del Estudio es quien le encarga tamaña empresa y es así como el lector inicia un recorrido por la arquitectura social del XV, además de desenterrar las particularidades de los clanes enfrentados: los de San Benito y Santo Tomé, y el baile de nombres que irán apareciendo en las páginas de El manuscrito de nieve, desde la reina Isabel la Católica, la inquebrantable Lucía de Medrano o las eruditas alusiones a Beatriz Galindo, la Latina o Antonio de Nebrija, incluso la saga completa de los Fonseca.
          La ciudad que nos pinta García Jambrina, a punto de saltar al nuevo siglo, 1500, está llena de vida, aunque no exenta de peligros, porque por sus calles, plazas, portales, posadas, incluso en sus conventos pululan estudiantes, clérigos, predicadores, rufianes, pícaros o prostitutas que no cejan en poner de manifiesto las rivalidades y enfrentamientos de la nobleza salmantina, además de los intereses y jurisdicciones de la Universidad, el Concejo o la Iglesia. No menos curioso resulta el apunte sobre la reina Católica, firme defensora, según el narrador, de la educación femenina, quizá un guiño histórico del autor, o la arriesgada apuesta de una de las primeras pioneras del feminismo en la historia de España.   









EL MANUSCRITO DE NIEVE
Luis García Jambrina
Madrid, Alfaguara, 2010

 

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