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jueves, 3 de septiembre de 2015

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Luz de cinematógrafo

Hijas de Eva
Manuel Talens
Tusquets. Barcelona, 1997.

Es la novela, Hijas de Eva (1997), la más asombrosa pretensión por narrar que podemos encontrar entre las últimas novedades; es, también, un auténtico rosario de historias que se organizan en torno a una narración principal, y en la cual un coro de voces dan pie a unos relatos que nos llevan de un episodio a otro y de éste, a su vez, a otros nuevamente hasta conformar la idea final de este singular escritor, Manuel Talens (Granada, 1948), cuya presencia literaria en el poema narrativo, ha sido tan medida como encomiable (antes ha publicado la novela La parábola de Carmen la Reina (1992) y el libro de relatos, Venganzas (1994); en esta nueva novela, su construcción le lleva a realizar un somero repaso a toda una estructura narrativa anterior, algo que nos recuerda a los mejores momentos de Baroja, a la más irónica y surrealista voz de Valle, al sobrio y medido Mendoza, o al desaforado contador de historias que es hoy García Márquez, literariamente hablando; y todo ello reforzado con la mejor visión cinematográfica que podamos recordar del aragonés universal Buñuel. Semejante alarde de técnicas para contar una historia cargada de anotaciones históricas, para mostrar la filosofía de unos personajes que se mueven entre la ética de una moral decadente y el anticlericalismo de principios de siglo, además de rememorar, una y otra vez, los difíciles años de la Restauración.

Fausta Camarasa y Rosilda Ballester, las protagonistas de este río-narrativo, son dos primas hermanas cuyo destino y vocación, aún sin conocerse previamente, les hará coincidir en el asilo de huérfanas, Santa Isabel, de Valencia; allí intimarán las dos jóvenes, aunque sus primeros deseos de encomienda se verán frustrados por la actitud pecaminosa, manifiesta, de algunos miembros de la comunidad de la que sólo salvarán a Sor Gracia, la monja portera, no menos enigmática y descreída, pero conocedora de todos esos turbios asuntos que ensombrecen el lugar santo. De aquí se escaparán las dos jóvenes una mañana de junio de 1917 para emprender la oscura incertidumbre de la libertad. Un camino que les llevará a las más diversas aventuras y desventuras por una Valencia rural poblada de personajes inverosímiles, como dos pillos, Gaudencio y Trinitario, sacados de las mejores historias de la picaresca, el asombroso Teodoro Antuña, hombre de negocios e introductor del cinematógrafo o la figura de ese anarquista, cuyo idealismo y filosofía peculiares contrastará con el sórdido ambiente en el que se mueven las dos muchachas, hasta que emprenden su vuelta a Valencia y su definitivo y sorprendente encuentro con Gumersindo Postigo, el famoso cantante de ópera, quien las recogerá, cuando éste se dispone a volver a su Granada querida.
Los personajes de Talens viven su historia de una forma frenética, tanto los primeros recuerdos que se van evocando, como las aventuras que se van sucediendo, sucesos que corren parejos al hilo de un paisaje que rememora un pasado verosímil y tremendista para contar la vida de estas dos muchachas, en un relato que el lector no dejará de leer en ningún momento y que tampoco olvidará tan fácilmente.
Es, obviamente, el granadino un exquisito conocedor de los espacios donde ambienta sus historias, y que se concretan hasta el momento en la Alpujarra granadina y el pueblo imaginario de Artefa, la Granada de pre y postguerra, en algunos de sus mejores relatos, o la Valencia decimonónica de esta novela, "Hijas de Eva", hilvanada con esa técnica de romance de ciego que le lleva a hacer deambular a sus personajes por algunos de los pueblos limítrofes de la capital levantina y mostrar la realidad violenta, caciquil, miserable y analfabeta, a través de la sabia técnica del collage y la reproducción, documentada, de algunas páginas de periódico, fotografía de algunos de sus principales personajes y portadas, de los libros que ilustran algunas lecturas.
Sensibilidad y paisaje se logran con la reconstrucción pormenorizada de un haz de las historias que irán contando, tanto los protagonistas como algunos otros personajes, y que no están exentas de un tremendismo atroz que reproduce, a decir de las crónicas y de la literatura, perfectamente, el mundo rural valenciano.

Diario Málaga-Costa del Sol, domingo 5 de octubre, 1997
 



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