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miércoles, 15 de febrero de 2017

Harold Bloom



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EL FESTÍN DEL CUENTO

        Aldous Huxley escribió que la cultura no deriva de la lectura de libros, sino de la exhaustiva e intensa actitud con que nos acerquemos a un buen texto y del provecho que hagamos del mismo. De un título tan efectista como equívoco, Cuentos y cuentistas. El canon del cuento (2009), Harold Bloom (Nueva York, 1930), un autor tan arbitrario como abrumador y culto, inspirador del afortunado término hace unas décadas, establece con esta recopilación, y desde el punto de vista de la crítica erudita, casi como en un patrón común y único, dos de las tradiciones en que se basan la mayoría de los autores convocados en este libro, la chejoviana y su búsqueda de esa verdad total en lo humano, o la kafkiana cuya capacidad de invención y originalidad se traduce en objetivo de vida. A partir de estas premisas, la lista no deja de resultar tan efectista como sorprendente: treinta y nueve ejemplos, cuya literatura breve se relaciona como si de un auténtico milagro se tratara. No obstante, para Bloom la ambigüedad del género es algo tan obvio que, tal vez, ya nunca se resuelva, sobre todo cuando se emplea el término canon, referido exclusivamente a cuestiones literarias. En un aspecto acierta el crítico estadounidense cuando afirma que la función de la crítica consiste, precisamente, en la labor de reconocimiento y apreciación que mezcla de una forma consciente un particular análisis y añade una valoración. En los 90 nos legó El canon de la literatura occidental (1994), una ambiciosa obra que abarca siete siglos de literatura, desde Dante (1265-1321) hasta Samuel Beckett (1906-1989), donde inicialmente explica el significado de «canon» y cómo se construye. Pero el papel que Bloom concede a la estética en el terreno literario es muy superior al de la búsqueda del compromiso social, hasta el punto de llegar a una afirmación que suscita, siempre, cierta polémica, «el estudio de la literatura no salvará a nadie».
        La sombra de Shakespeare, a quien el crítico ha dedicado parte de su vida y considera la cúspide en toda la historia de la literatura, sigue planeando sobre una obra como El canon del cuento, un libro que, según el editor del volumen, forma parte de la Bloom´s Literary Criticism, la monumental colección de crítica literaria en seis volúmenes, reunida tras veinte años de trabajo, y referencia inequívoca de la interpretación literaria contemporánea. Como en ocasiones anteriores se ordenan, una vez más, los mejores cuentistas de la historia, propósito que para nada acercará unos nombres a los gustos de la mayoría de los lectores del género, entre otras cosas porque cualquier enumeración puede resultar equívoca y en el caso de Cuentos y cuentistas ocurre, porque se analizan y critican, en un aventurado recorrido cronológico, doscientos años de obras y autores, desde el ruso Alexander Pushkin (1799-1837) al norteamericano Raymond Carver (1938-1988), y entre ambos algunos ejemplos no exentos de polémica: Lewis Carroll, Thomas Mann, James Joyce o Shirley Jackson; dedica, además, apenas una página a algunos de los más significativos, un mero apunte sin apenas aparato crítico alguno, aunque el resto de ensayos, sin embargo, constituyen el ejemplo de una excelente visión de crítica analítica.
        La cuota en español la sustentan Borges y Cortázar, la alemana Kafka, la francesa Maupassant, Calvino la italiana, proliferan los rusos, Pushkin, Turgeniev, Gogol, Babel, y Chejov y abundan los de habla inglesa, Poe, Melville, Twain, Faulkner, Hemingway, Cheever, Ozick Updike, Carver; otras lenguas están representadas por Hans Christian Andersen, cuya  visión original proviene, según Bloom, del folclore porque desde su juventud sostuvo la máxima nietzscheniana de separar origen y objetivo en la vida, algo que no le produjo muchas satisfacciones, pero sí una extraordinaria calidad literaria. Del danés destaca «La sirenita», «Los cisnes salvajes», «La reina de las nieves», «Los zapatos rojos», «La sombra» y «Tía Dolor de Muelas». Cuentos y cuentistas, no deja ser un libro curioso, útil fragmentariamente, aunque bibliográficamente escaso en referencias y traducciones al castellano de muchos de los convocados al festín del cuento.







Harold Bloom; Cuentos y cuentistas. El canon del cuento; Madrid, Páginas de Espuma, 2009; 322 págs.

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