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viernes, 24 de febrero de 2017

Wallace Stegner



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UN LARGO ADIÓS
            
    En el concepto de la historia literaria universal más práctica, lo literario y lo artístico del siglo XX, se despacha en dos pensamientos: el reino el modernismo y, a su debido tiempo, el postmodernismo. Este es un planteamiento que confunde y nos lleva a una sostenida realidad, con posibilidades filosóficas que propugnaron abundantes secuelas en una ficción moderna y consciente, que obligaba al escritor a atender las realidades de poder o fuerza política, a las presiones mediáticas, a la indignación, en suma, a estar en estrecho contacto con la vida. Ese clima de realismo recuperado, tras la Gran Guerra, causó impacto en Estados Unidos y derivó en una generación de escritores que crecería en número y calidad.: Scott Fitzgerald, West, Anderson o Stein, a quienes siguieron Hemingway, Faulkner, Dos Passos y Steinbeck. El impacto de una tradición europea estará presente en las obras de algunos autores señalados, y recorre buena parte de la narrativa de Wallace Stegner (1909-1993), renombrado autor norteamericano, profesor de escritura creativa, colaborador con distintos Parques Naturales, novelista, autor de relatos y ensayos biográficos e históricos sobre la realidad del Oeste, un espacio de saludable tradición en la literatura norteamericana con especial atención a la naturaleza, que entroncaría con los clásicos, Thoreau, Waldo Emerson, Cooper o Twain. Stegner reseña, explora y reinventa, con el mismo lirismo esgrimido por Cheever con respecto a lo urbanos, los espacios salvajes del Far West, y fabula con sutileza las relaciones de pareja, la vejación producida en el trato tras el paso de los años, aunque sus personajes sobresalen por el valor que les otorga el narrador, una característica densa en matices que configura el carácter tanto de las mujeres y de los hombres que protagonizan sus historias.
     Dos novelas habían aparecido hasta el momento traducidas, Ángulo de reposo (1972) y En lugar seguro (1987), no necesariamente publicadas en este orden. En la primera, Lyman Ward, un historiador, docente, inválido y divorciado, casi olvidado por su familia, decide matar el tiempo que le queda investigando la historia de sus abuelos, y para ello vuelve a rememorar la California de un Oeste salvaje y lejano. En la segunda, el matrimonio Morgan es convocado por otra pareja amiga, los Lang, a Vermont, para despedirse de Charity, enferma en fase terminal. Entonces será cuando Larry Morgan, famoso escritor, evoque una sólida amistad de juventud nacida en la década de los treinta. El pájaro espectador (1976), última entrega, cuenta la madurez de un agente literario jubilado, Joe Allston, retirado con su mujer Ruth en California, un cómodo lugar donde se siente un privilegiado espectador a la espera del final de su vida. Sin antepasados ni descendientes, la llegada de una postal de una vieja amiga desde Dinamarca, de Bregninge, le lleva a buscar y releer los diarios que escribió veinte años atrás, cuando viajó al país nórdico en busca de sus orígenes familiares. Los tres cuadernos, fechados en 1954, narran los cuatro meses compartidos con la condesa Astrid W. K., su excéntrico hermano Eigil Rødding, y su esposa Manon, aunque será la dama quien les mostrará los mejores ambientes del país nórdico, recorrido que incluye una visita a Karen Blixen, retirada tras su estancia en África. La lectura de estos diarios se alterna con el hilo argumental de la existencia de los Allston, incluidos los cercanos Ben y Edith o Tom Patterson, el recuerdo de su hijo Curtis, o la visita de un afamado y conocido, en otro tiempo gran escritor, Cesare Celli. Adorna el relato esa eterna pregunta acerca de la propia autoestima y, por extensión, la de sus personajes. Sobresale, como en anteriores entregas, esa voluntad del escritor por retratar una variada multiplicidad de sensaciones y sentimientos que se dulcifican en la placidez de una madurez.
    El pájaro espectador, ahonda, con magistral acierto, en las debilidades humanas, Stegner recala en sus virtudes y defectos, disecciona con la maestría del cirujano a sus personajes y, en ocasiones, ese análisis resulta incoherentemente espléndido, al mismo tiempo que muestra la soledad, sentimiento, indudablemente, dignificado con la fuerza de su prosa.






Wallace Stegner, El pájaro espectador; Barcelona, Libros del Asteroide, 2010; 308 págs.

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