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viernes, 12 de octubre de 2018

Fernando Aramburu


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UN DOLOR COLECTIVO


              
       Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959) es un autor con una sólida y variada obra literaria hasta el momento, desde que se iniciara con una primera singular novela, Fuegos con limón, a la que siguieron, Los ojos vacíos, El trompetista del Utopía, Bami sin sombra, o Viaje con Clara por Alemania, el curioso texto, Vida de un piojo llamado Matías, y los libros de relatos, No ser no duele, El artista y su cadáver, Los peces de la amargura y ahora, El vigilante del fiordo (2011), una colección de ocho cuentos que, de alguna manera, prolonga la temática esgrimida por el narrador vasco en su anterior libro de relatos. La base de sus textos se sustenta por el territorio de la oscura experiencia, el miedo, la violencia y el terrorismo, y finalmente la muerte, como concepto, que siempre planea en sus historias.
       El vigilante del fiordo aborda, sin embargo, registros narrativos muy variados donde el drama no es tan perceptible como cabria esperarse, quizá por eso el lector agradece que el libro lo encabece un texto como «Chavales con gorra», un relato repleto de silencios, donde la sombra de un extrañamiento sobrecoge a sus protagonistas y, se cuenta todo cuanto pueda ocurrir sin que realmente llegue a pasar. Lo que se esgrime en la mayoría de estos nuevos cuentos es más borroso o elusivo, incluso parece que los personajes, están mejor dotados psicológicamente, resultan más importantes; en la misma línea del anterior, «Mi entierro», el último y más breve de la colección, las dudas asaltan al muerto porque parece que nada haya sucedido durante buena parte de su vida. Un relato como «Lengua cansada» muestra la obsesión de un adulto y convierte la iniciación al sexo de unos jóvenes, en un desastre final y accidentado; la perspectiva que aborda Aramburu en La mujer que lloraba en Alonso Martínez, se aleja del conjunto quizá porque tan solo profundiza en una simbólica percepción que muchos hemos observado a nuestro alrededor y que no tiene o no llega a solucionarse. El más dramático y eje del libro, «El vigilante del fiordo» combina, perfectamente, una forma tradicional de narrar con una equilibrada descripción del paisaje y una mejor textura de diálogo dramático que convierte esta historia en el mejor de los relatos, por esa habilidad de presentar el pasado del protagonista, funcionario de prisiones, que contrasta con su situación actual en un psiquiátrico, tras un profundo sentido de culpabilidad que lo ha llevado hasta allí, y mejor aun su extraña misión que justificaría su locura con la  justicia, un relato maestro cuya estructura se extiende hasta «Nardos en la cadera» una farsa con ancianos como protagonistas. «Carne rota» ofrece una visión dura de la matanza del 11 M, los sucesos de Atocha, que Aramburu presenta creando una serie de planos o casi secuencias cinematográficas que desvelan a medida que vamos leyendo una misma experiencia trágica con palabras que se repiten al final y al comienzo de cada episodio narrado; sutil, intenso, individual termina en ese dolor colectivo que muchos españoles experimentaron. 







EL VIGILANTE DEL FIORDO
Fernando Aramburu
Barcelona, Tusquets, 2011

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