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domingo, 7 de octubre de 2018

Poéticas de campo, 5


Josep M. Rodríguez


Poética

                                      
                                  Whose woods these are I think I know
                                                                    Robert Frost


       Nací en un pequeño pueblo de poco más de seis mil habitantes. Al final de mi calle hay –y sigue habiendo– un riachuelo cuyo caudal variaba según las lluvias o la estación del año. Más allá, el bosque: territorio de juegos o, ya de mayor, de paseos con mi padre y el perro de la familia. Rilke decía que la patria de un hombre es su infancia. Muchos otros autores han confesado que toda su obra depende, hunde sus raíces, en esa edad temprana. Yo no sé hasta qué punto eso es verdad en mi caso. Pero sí tengo claro que ese riachuelo y ese bosque de pinos es el escenario de muchos de mis poemas. Un sitio al que vuelvo para sentirme a salvo. Como quien mira una fotografía queriendo recordar.

                              *      *      *

       Se escribe desde la carencia. Igual que si intentáramos abrazar a alguien sin disponer del tacto.

                              *      *      *

       No sólo mis poemas se nutren de aquel espacio. Recupero un fragmento de un texto publicado en Segunda Poesía con Norte (Lorenzo Oliván ed., Pre-Textos, 2014): “Vivir en un barrio que limita con un bosque tiene sus ventajas cuando eres un niño. Aunque alguna vez me costó la reprimenda de mi madre al volver a casa con resina en la ropa. Son manchas muy difíciles de quitar. Es lo mismo que sucede con ciertos escritores como Kafka, García Lorca o Borges… Su intensa lectura nos deja las manos pegajosas, el papel sucio. Hay que aprender a cobijarse a su sombra, pero sin tocar el árbol”.

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       No sé quién inventó –si es que puede considerarse un invento– los imanes de nevera. He visto verdaderos atlas íntimos en algunas cocinas. ¿Pero acaso no es eso también la tradición? Me explico: la poesía occidental es un gran tren que viene, pongamos, de Homero y todo nuevo autor es un vagón que se añade a la cola. Un poema no es sólo su escenario. Pero puestos a reflexionar sobre la presencia de lo rural en mis poemas, me doy cuenta de que a menudo he caminado a través de campos y bosques de la mano de Wordsworth, de Keats, de Frost… Y entonces me pregunto si no me habré traído de alguno de esos viajes, también yo, un imán de nevera.

(De Neorrurales. Antología de poetas de campo; selección e introducción de Pedro M. Domene; Córdoba, Berenice, 2018; 156 pp.)

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