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domingo, 13 de diciembre de 2015

Desayuno con diamantes, 65



       EL ESPACIO VEROSÍMIL DE MANUEL VÁZQUEZ MONTALBÁN
                      (O la identidad del postfranquismo)


     Manuel Vázquez Montalbán (Barcelona, 1939-Bangkok, 2003) consiguió construir con su literatura un espacio verosímil. La literatura es un rito—había manifestado en alguna ocasión—un rito que tiene unos pocos adeptos y en el que el escritor es libre hasta cierto punto de elegir un material muy sensible, propenso a ir cargado de ideas. A pesar de que la literatura ha perdido la función hegemónica de transmitir conocimientos—añadía el escritor—, como ocurría en el XIX y principios del XX, aun así conserva todavía un territorio importante, porque cada época genera nuevas preocupaciones y problemas, nuevas ignorancias sobre sí misma, y ésa es la zona fértil de la literatura.
       «Bangkok es una ciudad que se pudre. La ciudad moderna la pudre la gente y la ciudad fluvial la pudre la mierda. Y te hablo de hace años, Biscuter». Así de rotundas eran algunas de las impresiones de Carvalho sobre la ciudad asiática, en las primeras páginas de esa excelente novela, Los pájaros de Bangkok, que Manuel Vázquez Montalbán publicaba en 1983, una entrega más de la saga protagonizada por el más famoso de los detectives privados españoles. Un guiño del destino le había llevado al escritor a realizar una escala aérea en la ciudad tailandesa, mientras volaba de Sydney a Madrid. En sala de espera del aeropuerto se sintió indispuesto y poco después se encontró de bruces con la muerte.
     La obra novelística de Manuel Vázquez Montalbán, mirada con la perspectiva que nos ofrecen los últimos treinta años, es una profunda reflexión literaria sobre los conceptos decisivos de una sociedad y de una dialéctica literaria construida, desde su juventud, con firmes presupuestos de una verdad absoluta y posteriormente, en los difíciles momentos de la transición y de la democracia, sobre los pilares de la memoria. Articulista en publicaciones tan emblemáticas como Triunfo, Por favor, La Calle, Tele Express, Mundo Obrero, El País o Interviú, ha sido además comentarista político, gastrónomo, poeta y ensayista, entregó muy tempranamente ese singular Informe sobre la información (1963) que tanta polémica suscitara en su momento hasta publicar Crónica sentimental de España (1971), texto  que le brindó el favor de un público lector inteligente y, más recientemente, la revisión Cancionero general del franquismo (2 vols. 2000).




Obra literaria
      La obra literaria de Vázquez Montalbán ha mostrado desde siempre una profunda evolución reflexiva que el autor ha ido ajustando a sus objetivos y a sus procedimientos expresivos. En su primer libro narrativo, Esperando a Dardé (1969), en realidad, una novela corta y seis relatos, tantea las direcciones que llevarán a su prosa hasta el cambio político de 1975; otros textos como El manifiesto subnormal (1970), revelan una nueva fórmula de crónica social que empieza a adaptarse a la nueva sociedad que va emergiendo, explota ciertos elementos de los sistemas de comunicación, ofrece el inicio del uso libre y creativo del lenguaje como instrumento para comunicar, recurso que, posteriormente, le servirá al autor para mostrar en sus textos esa habilidad para separar entre lo real y entre lo verdadero. Tal vez por este motivo, sus primeras obras narrativas explotan muchos de esos sistemas y medios que estamos apuntando, el cine, la música o la comunicación de masas, elementos que en 1972 le llevarían a entregar obras como Yo maté a Kennedy,  Happy End (1974), Guillermotta en el país de las Guillerminas (1973) o Cuestiones marxistas (1974). Durante años el esfuerzo del autor catalán por ajustar cuentas a la historia reciente le llevaron a escribir obras como La penetración americana en España (1974), Crónica sentimental del franquismo (1976), Cómo liquidaron al franquismo en 16 meses y un día (1977) o Historia de la comunicación social (1980). Desde siempre Vázquez Montalbán había asumido su compromiso con la tradición de la literatura social dando cuenta de la realidad que le había tocado vivir. En sus novelas aprovecha, esencialmente, la intertextualidad que le ofrecen los medios y el lenguaje para crear mundos simbólicos en los que no falta ese estrato de baja condición, además del mundo de la cinematografía o del cómic.

La serie de Carvalho
       Durante muchos años en España no podía suceder nada anormal y, por supuesto, nada podía alterar el orden establecido por una sociedad dominada bajo el miedo, no era posible una criminalidad literaria y, por supuesto, nadie se atrevía a dilucidar sobre las instituciones que mantenían dicho orden. Afortunadamente, la libertad del discurso literario cambió con la muerte del dictador Franco y, sobre todo, por una política de industrialización en marcha, sin posibles frenos político-sociales, que ofrecieron las mejores condiciones para una literatura inspirada en los modelos de los años cuarenta norteamericanos, es decir, una novela policíaca que abogaría por el desarrollo de unos textos híbridos entre novela negra, novela rosa y novela histórica que recuperó el juego de lo popular para elevar de nivel el género desde el mismo momento de la aparición de Tatuaje (1974), de Manuel Vázquez Montalbán y La verdad sobre el caso Savolta (1975), de Eduardo Mendoza. Quienes hoy se acerquen a la obra del escritor barcelonés lo recordarán como el autor de las más célebres novelas policíacas de los últimos años y, sobre todo, hablarán de su protagonista más emblemático, el detective privado, Pepe Carvalho. Durante buena parte de la segunda mitad de la década de los 70 y casi agotar la de los 80 irán apareciendo a un ritmo regular las sucesivas entregas y aventuras en torno al escéptico detective, La soledad del manager (1977), Los mares del sur (1979), Asesinato en el Comité Central (1981), Los pájaros de Bangkok (1983), La rosa de Alejandría (1984), El balneario (1986), Historias de padre e hijos (1987), Tres historias de amor (1987), El delantero fue asesinado al atardecer (1988), Asesinato en Prado del Rey y otras historias sórdidas (1988). En la década de los 90, reinicia su actividad con el personaje y entregó, Historias de fantasmas (1991), El laberinto griego (1991), Sabotaje Olímpico (1993), El hermano pequeño (1994), El premio (1996), La muchacha que pudo ser Emmanuelle (1997), Quinteto de Buenos Aires (1997) y la aventura más reciente, El hombre de mi vida (2000).

  

     En 1990 el propio Vázquez Montalbán declaraba: «Las novelas de Carvalho me interesan sólo en cuanto me posibilitan violentar un género literario (...) En una situación de crisis del discurso narrativo de carácter realista, un género convencional se presenta de pronto como algo vivificante». Las historias de Carvalho, en realidad, se nutren de la intriga aunque éste sea un mero pretexto para lograr un relato capaz de atraer y mantener la atención del lector, y esto desde las primeras novelas lo consiguió el autor, además de ese otro recurso que supone el análisis de la realidad nacional, tanto en lo que pudieran ser entonces los conflictos histórico-sociales, los políticos, los culturales y en definitiva la crítica realista del momento de ayer y de hoy. Santos Sanz Villanueva ha escrito «como, últimamente, la serie de Carvalho constituye una especie de variada y perspicaz crónica barojiana de los tiempos de la democracia». También es verdad que el autor se ha servido a lo largo de su narrativa de una especie de autoescenificación irónica de toda una tradición de la novela negra, por ejemplo, una vez que él mismo consideraba agotados los experimentos de formas de escritura subversivos o antitradicionales, para llegar a una inversión de los esquemas narrativos porque, entre otras cosas, también había afirmado en una extensa entrevista a José Fernández Colmeiro algo así, «en los años sesenta decíamos que la novela se había terminado, que era un género ligado a la burguesía y se había muerto. Evidentemente ese cadáver gozaba de buena salud» No resulta, pues, sorprendente que iniciara su obra narrativa casi finalizando la dictadura que él mismo formuló en su Manifiesto subnormal (1972) y que llevó a una transición fluida y a los intelectuales del país y a los escritores españoles del momento a buscar respuestas productivas en la concepción de sus obras. El propio Vázquez Montalbán las halló en las novelas de Carvalho y en su mejor personaje: el detective no es un modelo de conducta, ni se parece a Marlowe, ni en la actitud ni en la integridad moral, es un pesimista escéptico aunque logra mantener cierta dosis de honradez que lo convierten en algo extraño en la extraña sociedad por la que se mueve. Otros datos de su personalidad, son su relación mercantil con las aventuras a se expone, su escaso interés por lo sexual, sin embargo es amigo de la buena mesa; y resulta, igualmente, interesante la dimensión histórica del detective en toda la serie, porque va envejeciendo y forzando así los significados del paso de una sociedad cambiante, siendo capaz de mezclar una historia personal que, históricamente, es la de su país.

El resto de su narrativa
      La novela Galíndez (1990) le ofreció a Manuel Vázquez Montalbán el reconocimiento expreso de la crítica nacional y extranjera porque vislumbró en su relato el sentido que había querido darle el autor a la Historia y el papel que ejercen los intelectuales en ella. Consiguió el Premio Nacional de Literatura, en 1991 y el Europeo de Literatura, en 1992. Los antecedentes de esta novela estarían en una anterior obra, El pianista (1985) y en el ensayo Panfleto desde el planeta de los simios (1995), en esa suerte de hábil combinación entre la realidad y la ficción, es decir, la vida de Jesús Galíndez, el nacionalista vasco refugiado en la República Dominicana y posteriormente en Estados Unidos, y Muriel Colbert, la investigadora norteamericana que trabaja en una tesis doctoral sobre el «caso Rojas», un ejemplo de ética de la resistencia. En el relato se cuenta la extraña desaparición de Galíndez en pleno centro de Nueva York secuestrado por los sicarios del dictador Trujillo. «En realidad, Muriel Colbert— señala Fernando Valls—, no busca la información sobre lo que pasó (...) sino que aspira a revivir la atmósfera de los últimos momentos de la existencia de Galíndez (...), porque tiene la certeza de que allí encontrará la esencia del personaje. Y consigue ambos fines —continua señalando Valls—, pues acaba padeciendo en carne propia, en una experiencia seguramente similar a la que debió de sufrir el político vasco, aquello que más lo ha dignificado a los ojos de la posteridad».
     El estrangulador (1994) es, tal vez, la novela más lírica y más compleja del autor. Como ha señalado la crítica esta nueva entrega ofrece un juego de ambigüedades, grandes dosis de ironía, parodias culturales y literarias que desarrollan toda una teoría sobre el papel de las víctimas de una sociedad que genera individuos conflictivos. O César o nada (1998), retrato de la familia Borja que desea conseguir el poder a toda costa, en una época, el Renacimiento, donde se vivió un periodo histórico conflictivo, tanto político, religioso y social; una curiosa novela juvenil El señor de los bonsáis (1999) y Erec y Enide (2002) que cuenta las andanzas de una pareja que se puede considerar como la reencarnación en el tercer milenio del matrimonio caballeresco compuesto por Chrétien de Troyes. El protagonista Pedro, burgués acomodado, realiza una brillante carrera como médico hasta que decide, sorpresivamente, ponerse al servicio de los más deprimidos en América Latina. Junto a su compañera Myriam se alistan en Médicos son Fronteras y viven y trabajan en medio de la selva y frente a los gobiernos políticos hostiles a la ayuda humanitaria. Todo enmarcado en ese ambiente que hoy respiramos de comisiones investigadoras de derechos humanos, denuncias de grupos paramilitares o de guerrillas beligerantes, sociedades salpicadas de crímenes y de brutalidades en buena parte de los paisajes descritos en la novela.
       Huérfanos hoy, quedamos a la espera de sus dos últimos proyectos, corregidos y adelantados para su edición, el ensayo La aznaridad. Por el imperio hacia Dios o por Dios hacia el imperio, una crónica del reinado de Aznar y la novela Milenio, la vuelta al mundo de Carvalho y su ayudante Biscuter, en más de mil páginas para sus devotos lectores.      


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