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martes, 22 de diciembre de 2015

Manuel Jurado



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UN PÁJARO DESPEINADO



     La apuesta firme por la literatura juvenil en este país se está convirtiendo en ese espacio necesario al que son llamados algunos de nuestros buenos escritores. Escriben  excelentes historias y establecen  un espacio creativo tan respetuoso como cualquier otro  para un público lector tan exigente como el adolescente. Con este espíritu se ha creado, muy recientemente, el «Premio de Narrativa Juvenil Los Pedroches». Manuel Jurado (Sevilla, 1942), conseguía el premio en esta primera convocatoria. Es un autor que cuenta en su haber con una amplia muestra de narrativa tanto para adultos como jóvenes. A La otra mitad de un pájaro (1999), una sugerente novela para adolescentes o Los territorios del aire (2001), un excelente relato en torno al misterio, la vida y la suerte de Caridad, «la inglesa», ha seguido la publicación la novela ganadora del Premio Juvenil Los Pedroches, titulada Un pájaro despeinado (2003).
     Maravillas es una niña casi adolescente, doce años recién cumplidos, cuando se inicia el relato. Vive con su tata Malvaloca en la casa de sus abuelos, en el pueblo de Montespino. Todos los acontecimientos se inician una mañana, pasada la fiesta de los difuntos, cuando una tormenta y una riada arrasan parte del pueblo. La niña y su tata conviven con el recuerdo de la personalidad del abuelo Sócrates, maestro otrora del lugar, hombre polémico en sus métodos de enseñanza, basados en libros como La República, de Platón, el teatro de los hermanos Quintero o letras de cante jondo;  al mismo tiempo, guardan el misterio en torno a la desaparición de la abuela Plotina, hija de Edelmiro Bustamante, el indiano que un día vino hasta el pueblo para levantar una fábrica de jabones como la que había regentado en Camagüey, Cuba. A partir de este momento la magia envuelve a todo el relato, sobresalen las historias que cuenta Lizcano el Viejo; muchos de los recuerdos rememoran a personas y a hechos que tejen, en torno a la historia, esa mágica visión que alimentará la imaginación, el interés y las vivencias de la vida de Maravillas y sus amigos Rebote, Panseco y Lizcano el Nieto. Paralelamente se describen sus correrías por el cercano bosque, el puente de los ahogados y se sorprenden ante muertes no justificadas, como la del hijo de la Guitarra, la portuguesa, que un día llegó a Montespino y , todo el mundo, muy pronto la repudió; o, la de ella misma, que un año más tarde, murió loca por el dolor y tan solo tata Malvaloca acudió a su entierro. Y, también, está Tangerina, la gata marroquí que desaparece con la tormenta para reaparecer, cuando vuelve la normalidad a  Montespino, casi al final del relato, y termina una etapa en la vida de Maravillas y su tata. El lector verá como se cierra la historia de la no menos mágica casa de las tejas de oro, símbolo de ese pasado que siempre, por el arte de la fantasía, se retiene en la memoria. Un pájaro despeinado, también, sirve para poder guardar, para siempre, la fascinación que se ofrecen de las imágenes, de los colores o el olor de esos recuerdos que forman parte de todas nuestras vidas.





UN PÁJARO DESPEINADO
Manuel Jurado
I Premio de Narrativa Juvenil
“Los Pedroches”
Sevilla, Algaida, 2003




                                                                          


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