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miércoles, 2 de diciembre de 2015

Guillermo Busutil



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DRUGSTORE



     La literatura de Guillermo Busutil (Granada, 1961) plantea tantos conflictos como los que acometen al ser humano. Este concepto, si lo aplicamos al género narrativo breve, hace que sus planteamientos desemboquen en  muchas de las miserias que aquejan a nuestro mundo. Busutil es dueño de una atmósfera singular para situar, en el espacio y en el tiempo, sus relatos. Sus historias culminan, tras un placentero comienzo, en insospechadas resonancias que van más allá de un final cognoscible. Tras entregar Individuos S.A. (1999), una interesante colección de relatos, insiste nuevamente en un género sobre el que, él mismo, ha llegado a afirmar «marca el ritmo de la vida». Quizá por este motivo, sus libros, con títulos significativos, edificantes y educativos, incluido el que aparece en estos días, Drugstore (2003), y las propias historias que contienen, consisten en esos «momentos» o esos «instantes» de la existencia de alguien: pequeños mundos, espacios asilados, secuencias protagonistas para contar grandes historias.
     Drugstore contiene veintiún relatos, seis de los cuales, el Ateneo de Málaga, había publicado en una plaquette en 1999 de escasa difusión, y que ahora, leídos en un conjunto mayor ganan en prestancia y equilibrio. En el granadino sobresale la solidez de un estilo tan variado que es posible encontrar en él escritores de declarada referencia: Borges, Cortázar o los norteamericanos Poe y Fitzgerald; aunque, también, se siente deudor, por convicción y admiración, de contemporáneos como Hipólito G. Navarro o el joven Andrés Neuman. Pero las claves literarias de Busutil encierran ciertas trampas que no existen en algunos de los autores señalados; esto quiere decir que el narrador ha aprendido la lección porque sino su literatura dejaría mucho que desear. Prefiero al Busutil cosmopolita capaz de desarrollar sus historias dentro y fuera de su espacio geográfico habitual, prefiero que escriba sobre los indios cherokkes, contemple la Semana Santa desde los ojos y el objetivo de una cámara, «Reflejos en un ojo dorado», interprete una melodía de jazz, excelente «Brucbeck» o nos lleve a través de las artes de un púgil al cuadrilátero mismo de la vida. La complejidad de lo cotidiano es tan fascinante que el narrador, apoyado en un sutil virtuosismo, nos lleva, sobre todo, a través de su capacidad para articular lenguaje por un mundo tan polimórfico como tan polifónica puede resultar su estructura lingüística porque, sólo así se justifican las combinaciones posibles entre lo culto y lo coloquial, lo lírico y lo prosaico de sus textos. Lo suyo, en suma, es un psiquis contagiosa que no defrauda nunca al lector.   










DRUGSTORE
Guillermo Busutil
Páginas de Espuma
Madrid, 2003

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