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viernes, 4 de diciembre de 2015

José María Merino



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EL HEREDERO


     La narrativa de José María Merino (La Coruña, 1941) se caracteriza por el poder de convicción que muestran sus relatos. Su escritura se sustenta con una sólida arquitectura donde la mezcla de lo fantástico y de lo extraño resulta tan real como ficticio y, argumentalmente, se convierte en el recurso para mostrar la atracción a que nos pueden llevar sus historias, esa otra seducción para reivindicar el valor del relato, en su esencia misma. Con El heredero (2003), su última novela, consigue reivindicar el poder de esa ficción que nos lleva a experimentar con historias que nos hacen vivir, por añadidura, otras vidas. Así ocurre con el joven heredero quien, más que una herencia al uso, recibirá a la muerte de su abuela, no la casa familiar y las tierras, sino un legado más valioso de sus antepasados: su pasado y sus vivencias, sus secretos y sus silencios, los relatos particulares de todos y cada uno de ellos, una historia que se extenderá a lo largo del todo el siglo XX.
   Así asistimos, como lectores, a la narración de un relato donde discurren otras muchas historias más, recuperadas en ese laberíntico mundo de la memoria por el joven Pablo Tomás quien, después, de una larga ausencia vuelve al lugar para acompañar en sus últimos días a la abuela. Allí se encontrará con un espacio físico que forma parte de su lejana infancia, ese paraíso de donde saliera y al que ha vuelto con la secreta razón de encontrar el rumbo de su propia vida. En Isclacerta vivirá el pasado ancestral de un bisabuelo que sustentará su propia vida en los secretos guardados que, entre papeles y testimonios, irá desvelando el biznieto para así justificar las señas de la identidad familiar. Lo más sobresaliente de Merino es su capacidad para enlazar las distintas historias, tan metafóricamente creíbles, puesto que sólo así podemos entender que una casa de muñecas se convierta en el símbolo con que el protagonista identifique a la familia y, solamente, cuando al final se destruya este juguete se comprenderá que el plano de la irrealidad es creíble cuando se sustenta sobre los sinsabores de la realidad misma. Y, a su vez, ese juguete se convierte en otra de las muchas historias que salpican a la verdadera novela, fragmentos que el protagonista va ensamblando, poliédricamente como se señala en la contrasolapa del libro. Elementos que al final muestran una visión general de la verdadera historia que, de una forma circular, vuelve a iniciarse en la figura de Pablo Tomás, el heredero, para así justificar toda la parte de ficción de que se compone nuestra vida, para explicar la realidad en la que nos movemos y de la que nos protegemos con esas pizcas de irrealidad con que aderezamos la verdad de nuestra propia existencia.










EL HEREDERO
José María Merino
Alfaguara, Madrid, 2003
               


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