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domingo, 12 de noviembre de 2017

Desayuno con diamantes, 124



VIDA DE HANK
               La editorial española Circe devuelve al panorama narrativo la figura del escritor Charles Bukowski (2006), una biografía, de Barry Miles, amigo y biógrafo de la llamada generación beat.


       Charles Bukowski, en palabras de su biógrafo, Barry Miles, dio voz a los desheredados, los marginados, los incapacitados, los dementes, los obreros, los borrachos y los rebeldes. Se propuso escribir siempre con la suficiente claridad como para que la gente supiera exactamente lo que decía. En alguna que otra ocasión manifestó: «Me gusta crudo, fácil y simple. De ese modo no me miento»; es decir, manifestaba con esta actitud, la verdad. El libro Charles Bukowski (2006) escrito con sumo rigor y respeto por Barry Miles resulta una guía imprescindible para entender a quien marcó buena parte de la cultura y la literatura norteamericana de la segunda mitad del siglo XX.
       Los germano-americanos constituyen uno de los grupos étnicos más numerosos de los Estados Unidos; a principios del siglo XX, aproximadamente, el 10% de la población era de origen alemán. Leonard Bukowski, el abuelo, de Hank emigró a Estados Unidos en 1880, donde conoció a Emilie Krause, de dieciocho años, cuya familia, también, había emigrado desde Danzig. Se casaron, se instalaron en Pasadena y allí vivieron, él trabajando de carpintero, hasta que creo su propia empresa en 1904. Les fue muy bien, construyeron una gran casa y tuvieron cuatro hijos y dos hijas; Henry, el padre de Hank fue el tercero de los hermanos. Los padres del futuro escritor se conocieron cuando Henry Bukowski era sargento del ejército de ocupación estadounidense tras la derrota de Alemania en 1918, en la pequeña ciudad de Andernach, situada a la orilla izquierda del Rin. Se casaron el 15 de julio de 1920 cuando la joven Katherine estaba embarazada de ocho meses. Un mes después, el 16 de agosto, nació Heinrich Karl Bukowski. Hank tenía tres años cuando llegó con sus padres a Los Ángeles donde ya existían cincuenta y tres estudios cinematográficos y la industria petrolera se expandía rápidamente. Casi toda la información que existe sobre la infancia del escritor procede de La senda del perdedor (1982); siempre escribió sobre los niños solitarios, tímidos o sensibles en el colegio o a la continua persecución a que se veían sometidos, tanto por sus compañeros como por sus padres. Barry Miles señala, en su espléndida biografía Charles Bukowski (Circe, 2006), que «una de las principales razones de que Bukowski sea un escritor destacado es que consiguió conservar la sensibilidad a pesar del régimen de condicionamiento destinado a quebrantarla y enterrarla. Una parte de sí mismo fue siempre un intruso desde la primera infancia y pudo adoptar un punto de vista imparcial con respecto de sus padres y de la locura; la locura de la vida cotidiana». Cuando Hank era un adolescente, le salieron numerosos granos en la cara que se le extendieron por el cuello y los hombros y los profesores del instituto donde estudiaba le pidieron que dejara de ir a clase porque incluso se le podían ver los enormes granos en los párpados. Se pasó buena parte del tratamiento en la cama, cubierto con un ungüento blanco que se endurecía como escayola. Tenía quince años y no asistió a clase desde febrero a septiembre de 1936. En otro instituto coincidió con Ray Bradbury, cursaba un curso superior, y de la misma época data su admiración hacia Hitler cuando éste consolidó su control sobre Alemania. Hank se consideró entonces más alemán y lee Los Angeles Examiner, el periódico pronazi de W.  R. Hearst, que publicaba columnas de Hitler y Mussolini. Como en tantas ocasiones, Bukowski mitificó esta etapa de su vida, con sus rechazos, bochornos y desaires en una batalla por la supervivencia. Durante su larga enfermedad el joven Hank descubrirá la pequeña biblioteca pública La Ciénaga: se interesó por Upton Sinclair, Sinclair Lewis, D.H. Lawrence, quien posteriormente sería su referencia literaria; al mismo tiempo leyó a Hilda Doolittle, Aldous Huxley, la trilogía de Dos Passos y, de igual manera, se convirtió en un fervoroso admirador de Sherwood Anderson. Muchos críticos han señalado la influencia de Hemingway, aunque los años han mostrado más diferencias que similitudes entre ambos. Hank compartía la insistencia de Hemingway en la sinceridad, «escribe la frase más sincera que sepas», aunque  sí existió cierto paralelismo en su actitud romántica hacia la bebida. Pero la mayor diferencia entre ambos es que Hemingway escribía ficción, mientras que la obra importante de Bukowski implica al propio autor como personaje central y constituye una autobiografía apenas velada. Hank acabó el bachillerato en el instituto de Los Ángeles en el verano de 1939 y, gracias a sus escritos, le concedieron una beca para que estudiara periodismo en la Universidad de Los Ángeles. En noviembre de 1939 apareció un libro que cambiaría su forma de considerar la escritura, Pregúntale al polvo, de John Fante, que no recibió buenas críticas, pero se convirtió en su modelo de conducta perfecto. Siguió estudiando en la Escuela de Periodismo hasta 1941, no se licenció pero lo pasó bastante bien y cursó aquellas asignaturas que le gustaban: gimnasia y arte. Muy pronto incorporó un arquetipo americano a su literatura: el «hombrecillo» de Chaplin, el vagabundo indómito, el individuo marginado de las películas de Fuller, el rebelde, el pistolero, el tahúr, el inconformista o ese solitario que vive en una pensión. Este fue uno de sus temas principales al que volvió una y otra vez, buen ejemplo en alguno de sus relatos como «La soledad del obrero». San Francisco fue uno de los primeros destinos de Hank. La vida mítica y legendaria de Charles Bukowski empieza en 1947: prostitutas, bebida, peleas, pensiones, y sus descripciones de los bajos fondos de Hollywood. Su lugar estaría asegurado en la literatura por su canto a la ciudad de Los Ángeles: captó imágenes prodigiosas del centro y es el poeta de la expansión urbana, ningún otro ha escrito tantos poemas sobre autopistas, palmeras, césped, ni sobre el hipódromo y los detalles de la vida cotidiana. 


Mujeres
       En Factótum (1975) cuenta como en el bar Glenview de la calle Alvarado había conocido a una extraordinaria mujer. El local estaba abarrotado, pero había un asiento vacío a la izquierda de una mujer muy atractiva, lo cual le sorprendió. Preguntó al camarero, éste le dijo que estaba loca; la señora tenía la mala costumbre de estrellar súbitamente su vaso en la cara de cualquier hombre que le dirigiese la palabra. Así conoció a Jane Cooney Baker. Tenía diez años más que Hank y esa misma noche se fueron a la habitación de éste. Era rubia, un poco rellenita, las mejillas y cuello gruesos, pero conservaba algo de una belleza persistente; su alcoholismo era evidente y conservaba muchas amigas prostitutas. Hank la menciona en muchos de sus poemas como «una puta de la calle Alvarado», aunque siempre se sintió atraído por ella. Se instalaron juntos pero muy pronto empezaron las peleas de borrachos que los llevaron a distintos apartamentos de la ciudad por escándalo público. Consiguieron vivir juntos durante siete años; pero en la primavera de 1955, Hank despertó una mañana sangrando por la boca y Jane llamó a una ambulancia. Cuando volvió a casa se encontró a Jane sentada en el sofá bebiendo y enseguida le preguntó de cuánto dinero disponían. Tenían dos semanas de alquiler pagadas y estaban sin trabajo. Sin embargo, la experiencia de haberse salvado de la muerte fue muy importante para él. La bebida y las peleas con Jane continuaron durante algún tiempo, pero cuando se produjo la ruptura, parece que fue algo más bien casual. En 1965, Bukowski, le contó al poeta William Wantling: «Sólo he amado a una mujer y, a diferencia de todas las demás, fue la única que nunca me exigió ni me pidió que se lo dijera de palabra. Ni siquiera sobre su tumba dije nada, ni siquiera mentalmente, pero la luz del sol lo sabía, y los cordones de mis zapatos...». Después conoció a Barbara Frye, editora de la revista Harlequin, tenía sólo veintitrés años, ella se sentía sola sin un hombre y él se recuperaba de su relación con Jane y buscaba compañía. Barbara y Hank tenían una cosa en común: el interés por la literatura. Pronto publicó una selección de poemas y relatos en el primer número de 1957. Su madre murió en el mes de diciembre de 1956 y su padre dos años más tarde, en 1958. Bukowski noveló el funeral en «La muerte del padre», donde, en vez de asistir al funeral después de los oficios religiosos, lleva a Shirley a su casa, se emborrachan y pasan la noche juntos. Durante todos estos años, Hank, volvía con Jane de vez en cuando; una vez fue a visitarla a su hotel y como no la encontró preguntó a la dueña quien le indicó que estaba muy enferma en el Hospital General. Cuando ella lo vio enseguida supo que era él; murió en 22 de enero de 1962. En la primavera de 1963 inicia su tercera relación con Frances Elisabeth Dean, una chica natural de California, madre de cuatro hijas que había abandonado la escritura, pero admiraba a Bukowski y mostró interés por conocerlo. Esta relación amorosa fue muy intensa, aunque él siempre la menospreció argumentando que nunca la había amado. Con ella tuvo a su hija Marina. Linda King vio por primera vez a Bukowski cuando su hermana Geraldine y ella fueron a la librería Bridge a un recital de poesía en el verano de 1970; poco después trabajó en un busto sobre el escritor, era una mujer voluble, impredecible, vehemente, de ojos vivos y penetrantes y de risa maliciosa. Hank tuvo que dejar de beber porque Linda fue una amante exigente, sin embargo, como es habitual en la biografía del escritor, un año más tarde, sus peleas escandalizaban. En realidad, en la vida de Hank Bukowski hubo muchas mujeres, Howard Sounes localiza a muchas de ellas en su literatura: Bukowski: una vida en imágenes (2000). Todas son jóvenes, guapas, dispuestas a probar y experimentar cosas nuevas, incluso con un alcohólico chiflado que les doblaba la edad; Hank las incluyó a todas en Mujeres (1978), fue uno de los libros de más éxito del autor.

Pareja
       John Fante y Charles Bukowski no se conocieron hasta 1979, cuando el poeta  Ben Pleasants le propuso al primero reeditar Pregúntale al polvo y el editor le aseguró que Bukowski se había ofrecido para escribir el prólogo. Antes de verse, Hank, le envió una selección de su obra, el álbum de recitales de su gira alemana y un ejemplar de El amor es un perro infernal (1977). Poco después fueron a visitarlo Linda y él, lo encontraron en una pequeña habitación, drogado por los dolores que sufría, pero se alegró mucho, tanto que dictó su última novela Sueños de Bunker Hill a su esposa Joyce, alentado por el apoyo de Hank. John Fante murió el 8 de mayo de 1983, a su funeral asistieron Hank y Linda. Su inspiración siempre acompañó al mejor Bukowski, quien le dedicaría algunos de sus más importantes poemas: «Fante», «The Wine of Forever», «The Passing of a Great One», «Result» y «Suggestion for an Arrangement». Hank y Linda siguieron viviendo juntos a lo largo del año 1981, mientras escribía La senda del perdedor, la historia de su infancia. La boda entre ambos se celebró el 18 de agosto de 1985, pero sus problemas domésticos persistían. Rechazó viajes por Italia, Francia y España porque no estaba dispuesto a someterse a nuevas entrevistas que le obligaban a un ritmo de trabajo muy duro. En enero de 1988 estaba trabajando en Hollywood (1989) y poco después de terminar el libro enfermó con casi 40 de fiebre, adelgazó diez kilos, no podía escribir a máquina y lo hacía a mano en la cama; le diagnosticaron tuberculosis, al cabo de los nueve meses volvió a la vida normal y pudo volver a escribir de diez de la noche a las dos de la madrugada. En 1991 volvió a trabajar en una nueva novela que tituló Pulp (1994), ficción pura, que para él constituía algo nuevo. En agosto de ese mismo año había iniciado un diario, sobre su vida y sobre él mismo, que contiene su prosa más ingeniosa y perspicaz. Se publicó con el título de El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco (1998). A partir de 1992 su salud se resintió, un año más tarde le diagnosticaron leucemia y pasó setenta y cuatro días en el hospital, pero siempre continuó escribiendo, sobre todo poemas que tratan de la espera de la muerte; volvió al hospital el 3 de noviembre de 1993 y finalmente murió de cáncer el 9 de marzo de 1994, a los setenta y tres años. Se había interesado por el budismo al final de su vida y tres monjes oficiaron la ceremonia cuando lo enterraron el en Green Hills Memorial Park. Bukowski ofreció la figura de un marginado, apologista del alcohol, del sexo sucio, practicó durante su vida un estilo literario reiterativo y chabacano, aunque jamás se doblegó. Una suerte de malditismo relegó  su legado y trascendió a su propia muerte; el paso del tiempo ha devuelto a su sitio a este escritor irreverente y descarnado, convertido en personaje mítico gracias a su propia autobiografía.

Barry Miles, Charles Bukowski; Barcelona, Circe, 2006; 413 págs.

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