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miércoles, 22 de noviembre de 2017

Hoy invito a…



Diego Miguel Gómez Rosell*



       Pedro Martínez Domene necesita muy poca presentación, hombre reconocido por su ingente labor docente y su profunda dedicación a la profesión, a la crítica literaria y a la literatura con mayúsculas…

       Es colaborador habitual en numerosas publicaciones literarias especializadas en España y en otros países, donde ejerce la crítica literaria desde hace muchos años, tiene blog propio, escribe en suplementos literarios, ha participado como miembro del jurado en importantes premios literarios, ha hecho y sigue haciendo colaboraciones en diversos medios en papel y digitales, participa en entrevistas y coloquios con autores, coordina el club de lectura de Huércal-Overa conjuntamente con el que les habla, ha participado además en numerosos encuentros con autores, presentaciones de autores, en talleres de creación literaria y en un sinfín de actos, todos ellos ligados a la lectura y a la literatura.

       Pedro, a pesar de ser un hombre aún bastante joven, lleva colaborando asiduamente en suplementos literarios desde hace más de 30 años, que se dice pronto.

       En algún sitio he leído en palabras textuales suyas que “se siente enfermo de la literatura”.  Y es cierto, leer es una auténtica pasión para Pedro. De hecho creo que a lo largo de mi vida jamás pensé encontrarme con una persona tan apasionada por la literatura como el autor aquí presente.

       Ha participado en numerosas antologías de narrativa contemporánea, ha realizado bastantes ensayos y por supuesto ha compuesto obras de ficción para jóvenes, que no voy a pasar a enumerar ahora (dado que todo el mundo las conoce), y hoy presentamos su primera novela para adultos, ésta que hoy tengo en mis manos: “El secreto de las beguinas”.

       El beguinato belga tuvo su origen alrededor del siglo XII como un movimiento religioso femenino autónomo. En época de las cruzadas, muchos hombres dejaban allí a sus mujeres como refugio seguro.

       Ser mujer en la Edad Media no era nada fácil y la Iglesia, representada por la Santa Inquisición, siempre andaba por ahí velando por el buen comportamiento de nuestras almas, muy especialmente si se trataba de mujeres.

       Fray Giordano (personaje del libro) nos dice: “Aquellas endemoniadas, como había sido demostrado, sólo salvarían el alma purificándose en el fuego de una hoguera”.

       La Santa Inquisición, según ha reconocido Pedro en alguna entrevista, es uno de los temas que le “obsesionan” a la hora de escribir, y le viene como anillo al dedo para denunciar las injusticias y crueldades de algunos clérigos, que practicaban atrocidades en nombre de la Santa Madre Iglesia.

       Un joven historiador llama a su hermano a altas horas de la madrugada para contarle que está estudiando algunos detalles del beguinato de Wijngaard en Brujas (Bélgica), y como la documentación está en alemán antiguo, es por ello que reclama la ayuda de su hermano, también investigador e historiador.

       Le comunica que tiene en sus manos detalles que atestiguan la fecha del beguinato flamenco de Brujas, de finales del siglo XII, con planos muy antiguos de la época. Eso despertará su curiosidad y a partir de ahí, juntos, se ponen a indagar en las razones que motivaron el Auto de Fe dictado por la Inquisición contra un beaterio de beguinas en Brujas, a comienzos del siglo XVII.

       Brujas en aquella época estaba bajo el dominio español. Los Tercios españoles de Flandes habían cercado la ciudad de Ostende y los ánimos de las gentes de los Países Bajos estaban muy alterados, pues el asedio duraba ya muchos meses.
El punto de inicio de la novela es la entrega misteriosa de una dama por parte de su marido en el beguinato. A él van a parar heridos de guerra, donde eran bien atendidos por las beguinas, motivo por el cual la Inquisición tenía especial interés en acabar con dichas instituciones, que les resultaban especialmente molestas.
       En el beguinato al parecer se realizaban prácticas poco ortodoxas por parte de las beguinas, comandadas por la Gran Dama.

       La novela se estructura en tres partes que discurren de forma paralela a lo largo del texto. Por un lado, el juicio de la Inquisición; por otro, la investigación moderna de los hechos llevada a cabo por los jóvenes historiadores, no exenta de misterio; y por otro lado, la vida de las beguinas.
Se describe perfectamente en la novela cómo vivían en la Edad Media esas mujeres, sus celdas, sus tareas y el entorno sociopolítico que las envolvía.

       No muy lejos de la animada Plaza del Mercado de la ciudad de Brujas, el ritmo se ralentiza para adaptarse a la serenidad que destila el Begijnhof, un beaterio superviviente del siglo XIII y máximo exponente de las antiguas casas de retiro medievales que aún conservan la mayoría de las ciudades flamencas. Las beguinas eran religiosas sin votos, viudas o solteras que optaban por llevar una vida piadosa, y centradas en hacer obras de caridad y en el cuidado de pobres y enfermos, pero conservando su independencia. Rechazaban la clausura, trabajaban, gozaban de total libertad y vivían con sus familias.

       No tenían, sin embargo, votos de pobreza, y, de hecho, las mujeres a menudo provenían de familias acomodadas, ganándose la vida mediante sus labores textiles o gracias a benefactores que pagaban para que rezaran por ellos. Las beguinas fueron un movimiento religioso femenino autónomo, lo cual les convierte en una rareza dentro de la estructura religiosa medieval. Aparecieron en Flandes en el siglo XIII, se dice que debido al desequilibrio de sexos que provocaron las Cruzadas: muchos hombres embarcaron a Tierra Santa, buen número de los cuales nunca regresaron.

       Sencillamente, la población femenina se encontró con la imposibilidad matemática de que no había hombres suficientes como para desposarse con todas ellas. Con pocas posibilidades de ganarse la vida por sí mismas, un buen número de mujeres solteras volvieron sus esperanzas hacia el camino religioso.

       A raíz de ello, conventos y abadías disfrutaron así de un periodo de prosperidad. Sin embargo, las estrictas reglas que imperaban en tales lugares y el hecho de que ante el número de solicitudes sólo aquellas mujeres procedentes de cierto nivel social o económico eran admitidas, hizo que muchas decidieran dar forma a su propia vida.  

       Estas mujeres unieron fuerzas para apoyarse mutuamente y establecieron comunidades religiosas, constituyendo un movimiento fundamentalmente urbano, relacionado con ciudades artesanales y mercantiles, que nunca contó con la aprobación de la iglesia, recelosa de su autonomía.

       En Brujas, el modesto jardín, la torre del palomar y las fachadas blancas, permiten adivinar cómo era la vida en estos recintos hace unos cuantos siglos. Incluso con el trajín turístico que registra la ciudad en los meses de verano actualmente, el jardín del beguinato consigue retener todavía su espíritu de retiro, aislamiento y paz espiritual.

       El conjunto de los beguinatos belgas mereció su inscripción en la lista de Patrimonio de la Humanidad en 1998. Hoy en día la mayoría de ellos están habitados, si bien ya no por beguinas. Al comienzo del siglo XX había unas 1.500 beguinas en Bélgica, pero en la actualidad la orden de las beguinas ha desaparecido de manera casi total.

       Las beguinas no eran monjas: no tomaban votos, podían volver libremente al "mundo exterior", casarse y conservaban su patrimonio, si es que contaban con él. En el caso de que carecieran de medios, ni pedían ni aceptaban limosnas, sino que se mantenían realizando trabajos manuales o enseñando a los hijos de la adinerada burguesía mercantil. No existía una autoridad que dirigiera todos los beaterios, ni una regla fija establecida. Cada comunidad era independiente y vivía de acuerdo con sus propias normas.

       Marguerite Porete, relevante beguina francesa, fue quemada en la hoguera de París en 1310, tras un largo juicio inquisitorial. Fue condenada por la Iglesia acusada de ser un Espíritu Libre. Escribió el libro “El espejo de las almas simples”, libro de mística cristiana, centrado en el amor divino. Y uno de los motivos de terminar en la hoguera fue que se negó a retirar su libro de la circulación.

       En 1311 el papa Clemente V acusó a las beguinas de extender la herejía y fueron perseguidas bajo los papados de Juan XXII, Urbano V y Gregorio XI. Consiguieron la rehabilitación en el siglo XV, pero ya nunca alcanzaron su antiguo esplendor. Las guerras y conflictos religiosos que castigaron Europa en los siguientes siglos vieron cómo la mayor parte de los beguinatos cerraban sus puertas y eran disueltos.

       Hoy, la mayor parte de los turistas que traspasan las puertas de los beguinatos hasta los jardines rodeados de agradables casitas, lo hacen de manera apresurada y ciega al peso histórico de esos lugares.

       Volviendo a la novela, los dos jóvenes investigadores van atando cabos y escrutando viejos manuscritos, sin que la narración pierda un ápice de incertidumbre y misterio.
Uno de los hermanos cree haber descubierto el secreto que se encierra entre las paredes del beguinato de Brujas. Bajo la sumisa apariencia de las beguinas, que se ocupan de hacer el bien, parece que existe un pacto no escrito entre ellas, que será sin duda alguna el objeto de esta novela.

       La investigación de los historiadores y los hechos acaecidos en el pasado van transcurriendo en la novela de forma paralela, hasta culminar finalmente en el descubrimiento de la trama, al final del libro.

       A mi personalmente me ha gustado mucho la historia y enganchado desde la primera página. Una novela con base histórica, donde la realidad de la época y de los beguinatos se mezcla coherentemente con una historia de ficción, que ha sido relatada por el autor con maestría utilizando buenas dosis de imaginación.

       Por último quiero terminar citando unas palabras del escritor Antonio Tejedor García sobre la obra de Pedro Martínez Domene “El secreto de las beguinas”, que dice lo siguiente: “El secreto de las beguinas es una novela histórica escrita con fluidez y de fácil lectura, que nos permite conocer una época convulsa, llena de recelos históricos, de sombras y de misterios. Una época en la que las armas y la religión marcaban la vida y la muerte de las personas con independencia de su inocencia o culpabilidad y que con tanta nitidez nos hace ver Pedro Martínez Domene en su libro”.

       Solo me resta decir “gracias, Pedro”, sigue así, leyendo, escribiendo y ofreciéndonos obras literarias interesantes y de calidad como ésta que estamos presentado hoy. Me despido ya, que aquí el verdadero protagonista hoy eres tú. Dije antes que tú mismo decías literalmente sentirte “enfermo de literatura”. Pues bien, yo te deseo de corazón que tu enfermedad literaria no se cure nunca.

*Es bibliotecario en Huércal Overa. Licenciado en Filología Clásica, lleva desempeñando una fructífera labor al frente de la Biblioteca Pública Municipal “Gabriel Espinar” durante más de treinta años, y es un animador cultural que se proyecta en los amplios ámbitos del mundo de la cultura y del libro.
El texto presente fue la presentación de El secreto de las beguinas en la reciente V Feria del Libro de Pulpí (Almería).

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