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lunes, 15 de enero de 2018

Francisco López Barrios



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CUENTOS ASOMBROSOS


        La suerte del cuento o del relato en España es tan dispar como los acontecimientos, literarios o extraliterarios, que se han venido sucediendo en el último siglo. Volviendo la vista atrás, tras el auge del cuento español a finales del XIX y muy comienzos del XX, la guerra civil y una larga postguerra, incluida una censura tan férrea como denigrante, llevaron al género a un olvido que solo se palió con los revulsivos intentos de los jóvenes narradores que, a partir de la década de los 50, intentaron devolver la dignidad a un género que el estudioso Enrique Anderson Imbert calificó de, «una totalidad, como una novela, sólo que con características propias, quizá, por eso, haya que juzgarlo de acuerdo con sus valores estéticos, sin prejuicios sobre cuál género es el más importante». Es necesario apuntar que, a partir de los años 50, la necesidad de una nueva literatura se hace imperiosa: los temas susceptibles de ser llevados a la literatura se prestaron más al cuento que a la novela. Muchos autores publicaron por entonces sus primeros libros de relatos, Aldecoa, Fraile, García Pavón, Olmo, Matute, Ferrer-Vidal, Fernández Santos. En la década de los 60, inesperadamente, desapareció el entusiasmo por el cuento y la novela volvió a cobrar prestigio, muchos de los autores señalados volcaron sus esfuerzos sobre este género tan demandado por las editoriales que entonces ya empezaban a proliferar. No hay que olvidar que la novela es un género híbrido y contiene todos los procedimientos narrativos y técnicos. Erna Brandenberger ha señalado que «la España de los cincuenta está mejor reflejada en el cuento, la de los años sesenta en la novela». Las décadas siguientes no ha hecho sino insistir, cuando ha sido posible, sobre el cuento y sus posibilidades literarias. Es frecuente encontrar cuentos que forman parte de novelas o cuya técnica consiste en una composición de unidades narrativas menores que funcionan como relatos independientes. Es verdad que las conexiones entre relatos distintos consisten en la repetición de esquemas, tipos de narrador, temas, escenarios y sobre todo la aparición de unos mismos personajes o tal vez similares en diversas obras de un mismo autor. En definitiva, entre novela y cuento no podemos hablar de unas jerarquías que puedan separar ambos géneros; más bien habría que indagar y justificar características que no es el caso indicar aquí.
        El cuento contemporáneo pone en tela de juicio ciertas nociones de la experiencia mediante —son palabras de Andrés Neuman—finales suspendidos; quizá, también, porque el tiempo es ese lugar del que uno no consigue zafarse jamás, sino al que siempre se regresa. Y lo digo a propósito de una colección de cuentos que Francisco López Barrios (Granada, 1945) acaba de publicar y que lleva el sonoro título de La noche de terror del terrorista (Arráez Editores, 2002), pero que podría llevar cualquier otro título, tal vez el de cuentos asombrosos, cuentos crueles o cuentos de amor, porque, en definitiva, como en su anterior narrativa, estas historias forman parte de su tiempo y de su mundo. López Barrios, además de periodista, dramaturgo o crítico de arte, había publicado dos novelas anteriormente, Dicen que Ramón Ardales ha cruzado el Rubicón (1976), el relato de toda una generación y Alguna vez, más tarde y para siempre (1984), el capricho de un destino al que se opone, inexorablemente, la historia, en un grupo de personajes marcados por unos incidentes que, desde la posguerra hasta la democracia en España, sirven al autor para hacer un repaso de la sociedad de su tiempo. En La noche de terror del terrorista el autor reúne seis cuentos de variada extensión y esto es importante porque alguno de ellos se acerca más a esa definición clásica de novela corta, caso de «Plata en el espejo», un cuento sufí, en definición de su autor y «Patera»; el resto, con desigual extensión, podrían ser calificados de relatos en su sentido estricto, con técnicas narrativas que oscilan entre el cuento de contracción, cuento de situación y cuento combinado. Los dos más extensos pertenecerían a la primera definición, forman parte de una biografía, se desarrollan en varios lugares y a lo largo de un dilatado período. Por contrapartida, los relatos más breves pertenecen a esa característica de cuento de situación que desarrolla una acción y coincide con una época, en un solo escenario y lo narrado gira en torno a un suceso, un objeto o un símbolo. «La noche de terror del terrorista» es una sátira feroz al miedo que pueden producir los terroristas cuando preparan un atentado y, en el caso narrado, el lugar que ellos ocupan cuando ocurre todo lo contrario. Una mofa esperpéntica que tiene mucho de escenografía puesto que los protagonistas son unos jóvenes que ponen en escena todo un ardid para convencer al individuo de que se haya detenido y obligándolo a confesar sus intenciones.
        El niño, como protagonista, ha tenido una presencia significativa en la narrativa de posguerra; algunos son niños que viven un mundo en el que todo es posible, como el caso de «Víctor» que narra la desaparición de una abuela; un asunto que en sus últimas líneas se describe así «cuando la monstruosidad ocupa los espacios más secretos de la imaginación, entonces el presente se diluye y los perfiles del mundo exhiben la brutalidad que le es propia, y que sólo las convenciones sociales o el aliento artístico de los creadores fueron capaces de arrebatarle». Un cuento perfecto que desarrolla su acción en espiral, desde fuera hacia dentro, en cada párrafo a la acción interna y secreta seguirá por debajo otra acción externa y visible que da lugar al sorprendente desenlace del mismo. En «Patera», López Barrios, utiliza el recurso del documento encontrado que un personaje confiesa haber recibido y se parece, bastante, a lo que podríamos definir como un cuento combinado por la complejidad del mismo, puesto que exige una atención mayor puesto que desarrolla una situación inicial sobre un dilatado período de tiempo, el que narra el protagonista del relato y al que acude en la historia a contar. Las constelaciones de estos personajes y su situación pueden cambiar a lo largo del relato, aunque es verdad que las situaciones que se exponen giran alrededor de un tema central, en este caso la «inmigración» como telón de fondo. Como es habitual, el narrador o personaje principal (que en esta ocasión son dos, el escritor y el amigo confidente receptor del relato narrado) sirve de nexo de unión a las diferentes situaciones y al menos, uno de ellos, está siempre presente en la narración. Un suceso periodístico dará pie a toda la historia y a su trasfondo social. «Éxtasis», el último de la colección, puede considerarse como un relato de amor entre dos culturas, una especie de reconciliación social con ese otro fenómeno que empieza a ser notorio en nuestra sociedad, el del inmigrante sudamericano, o también puede considerarse como una historia de nuestro tiempo, la historia de unos pastilleros que aman el éxtasis desde la perspectiva de una juventud en la que, algunas cosas, «molan» mucho.
        Francisco López Barrios asume en sus cuentos el reto de contar como es la sociedad actual, mostrando la acritud que la caracteriza, sirviéndose de un lenguaje que se asemeja a la hermosura y brillantez de una técnica lírica capaz de ajustar, en la medida de lo posible, episodios cotidianos de un mundo no menos hermoso y difícil. Estos relatos, como la vida, tienen la validez de haber sido contados con esa intensidad y esa brevedad que, indiscutiblemente, se le suponen a las buenas historias.






LA NOCHE DE TERROR DEL TERRORISTA
Y OTROS RELATOS
Francisco López Barrios
Arráez editores, Mojácar, 2002

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