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miércoles, 31 de enero de 2018

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José Antonio Sáez*

“ÁGHATA”, DE PABLO GARCÍA BAENA: OBERTURA Y ANTÍFONA AURORAL DE “CÁNTICO”.

       El número 1 de la revista de poesía “Cántico” salió a la luz en el mes de octubre de 1947. En su portada mostraba la figura de un ángel, realizada por Miguel del Moral, que, sobre las nubes despliega una cinta con el nombre de la revista y, bajo uno de los brazos que la sostienes, la brújula o estrella polar que señala los cuatro puntos cardinales. Eran 12 páginas de abigarrada tipografía en algunas de ellas, ilustradas por el ya mencionado Miguel del Moral, por Ginés Liébana y por H.V. Aquél primer número de “Cántico”, cuyo nombre tanto debe al Cántico Espiritual de San Juan de la Cruz y al Cántico de Jorge Guillén, se abre con un poema auroral de Pablo García Baena titulado “Ágatha”, ubicado bajo una ilustración floral en la cual puede leerse el lema “Dum luceo, in cinerem labor” (“Al tiempo que brillo, me deshago en cenizas”), en el cual puede verse un rosal envuelto en llamas, rodeado de otras plantas con flores (pp. 1-2). Tras el poema de García Baena se añaden textos, como “El ángel custodio de Cañete de las Torres (1889)”, de Mario López; “El himno a Santa Celia”, de Ricardo Molina; “Canto del Sur”, de J. Bernier; “Poema”, de W.H. Auden, traducido por J. Carandell Zurita; “Sinfonía de septiembre”, de O.W. de Lubics Milosz, traducido por Julio Aumente; “El espíritu y el agua (fragmentos)” de Paul Claudel, traducido por R.M. y, finalmente, las “Notas”, firmadas en parte por Ricardo Molina, en las que se comentan y critican aspectos relacionados con Gerardo Diego y el soneto, la decadencia de la imagen, el libro Alegría, de José Hierro; el ángel rilkeano y las asonancias. Por su parte, Julio Aumente firma la segunda columna de estas “Notas”, referida a la figura de Óscar Wratislao de Lubics Milosz.



       Se me ocurre así, que esta aurora de “Cántico” viene marcada por la inspiración de Jorge Guillén y bajo la advocación del ángel de Rilke; con una decidida voluntad, en ese momento, de tender un puente entre la poesía de la generación del 27 y la poesía española de la inmediata posguerra, a finales de los años cuarenta, una vez constatada la decadencia que presenta la lírica oficialista.
       Y vamos ya con el poema auroral de este número 1 de “Cántico”, firmado por Pablo García Baena. Destaca en él la gran libertad formal que lo inspira, pues está escrito en versículos impregnados del fuerte aliento de la prosa modernista de Valle-Inclán (las Sonatas), acaso de la influencia de Rubén Darío, algo con que enlazar con el 27 y con Juan Ramón Jiménez. Es, por consiguiente, un poema narrativo, de carácter memorialista y elegíaco, de raíz eminentemente romántica. Creo que se hace patente en él el influjo de la Sonata de otoño de Valle-Inclán, y con ello destaco el carácter poético de su prosa, con un marcado ritmo, audible y casi visible. El jardín y los motivos vegetales y florales, la decoración, los objetos refinados y las piedras preciosas, el ambiente pagano de las vestiduras, la palidez y la blancura, el desasosiego y los malos presagios de los amantes, todo ello sitúa al poema en una atmósfera neorromántica y modernista. Recuérdese que la Sonata de otoño fue la primera en ser publicada, en el año 1902; seguidamente se publicó la de verano, en 1903; en 1904, la de primavera y en 1905, la de invierno. En la de otoño se evocan y relatan los amores entre el marqués de Bradomín y su prima Concha, ubicados en un pazo gallego. Sensualidad y carnalidad destilan por estos largos versículos de García Baena, como sobre la prosa modernista de Valle-Inclán, de estilizado erotismo y no sin cierta languidez decadentista, pletórica de símbolos de este cariz.


       Cuando el poeta cordobés publica el poema que vengo calificando de “auroral” por haberse publicado como primer texto del número 1 de “Cántico”, tiene veintiséis años. Un año antes, en enero de 1946, había publicado su primer libro, Rumor oculto, en la revista “Fantasía”.
       En esa atmósfera de suntuosidad y barroquismo se mueve una poesía que debía actuar como puente entre la generación del 27 y los poetas novísimos.



* José Antonio Sáez es poeta, narrador y ensayista (Albox, Almería, 1957).

2 comentarios:

  1. Muchas gracias, Pedro, por tu interés. Supongo que todo lo escrito con amor debiera difundirse. Buena suerte. Abrazos.

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  2. Por supuesto, sobre todo si es buena prosa y buen conocimiento de cuanto se escribe. Enhorabuena por este estupendo texto dedicado a un gran maestro de la lírica del siglo XX. Un honor difundirlo.

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