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martes, 13 de febrero de 2018

misterio, intriga, pasión



ALGO DE MISTERIO, CIERTA INTRIGA, ABUNDANTES PASIONES


             
        Los conceptos de misterio, intriga, pasión invitan, en un primer acercamiento, a una predisposición relacionada con el mundo de lo inexplicable, lo criminal o policíaco o lo sensual y aún más, a lo erótico y lo sexual, pero en una justificación académica de estos términos llegaríamos a definiciones tales como, «cosa arcana o muy recóndita, que no se puede comprender o explicar» o, «manejo cauteloso, acción que se ejecuta con astucia y ocultamente, para conseguir un fin» y «perturbación o afecto desordenado del ánimo», respectivamente, y a estas puntualizaciones se unen otras muchas especificaciones que a lo largo de la literatura se han ido cuantificando y ejemplificando en obras de muy variada factura.

        De cualquier forma volviendo la vista a los últimos veinticinco años de producción literaria, esencialmente, narrativa, conceptos como los que tratamos de explicar o al menos de desentrañar como si de una indagación mítico misteriosa se tatara llevaron a nuevas dimensiones cuando se trataba de reafirmar el concepto de ficción y José María Merino, por citar un nombre, es excelente representante y maestro en el arte de lo simbólico, lo misterioso y lo oculto. Buena parte de la intriga y sus ramificaciones, nos la ha proporcionado un género como la novela policíaca desde los míticos autores extranjeros como Simenon, Hammett, Chandler, Cain o Highsmith, para llegar a la recuperación de un género poco ensayado en este país por autores contemporáneos y que en los nombres de Vázquez Montalbán, Mendoza, Madrid, Martín, Casals y anteriormente, González Ledesma o, más recientemente, Silva, se han justificado como una de esas tendencias fructíferas en los últimos años, desarrollando esencialmente, como alguien ha apuntado, el tema de la resolución de un delito o problema, en una estructura piramidal; aunque para muchos sigue siendo la adaptación de un género foráneo considerado como literatura menor y que solo aporta argumento e intriga, a un tema morboso y con un desenlace efectista. Para darnos una idea de la magnitud de este fenómeno, tendríamos que ampliar sustancialmente la lista de autores, sobre todo de aquellos que de alguna manera se han servido de la investigación para plantear el tema: Puértolas, Millás, Chirbes, Martínez Reverte, Muñoz Molina o Tomeo. Y, para la tercera propuesta, la pasión se ha mostrado, esencialmente, en una tendencia discursiva que proponía, a veces desde un lado más o menos erótico, la incorporación de una crítica a la sociedad en general que solía escapar del desencanto a través del amor o de esas normas emocionales de conducta para plantear esas relaciones eróticas que transparentan una realidad prohibida o, en ocasiones, un absurdo vital. La novela pasional tiende a una retórica de representación indirecta, que centra su mirada en la sensualidad y la fisiología, combinada con un proceso sentimental o pasional y que lleva, también, a temáticas heterosexuales, homosexuales, lesbianismo o el incesto matrimonial.
        Si con estas consideraciones nos acercamos a los conceptos de misterio, intriga, pasión, y establecemos un debate, por nimio que resulte, buena parte de nuestro propósito estará logrado, el resto lo dejamos al miedo, la incertidumbre, o esa perturbación del ánimo que se supone corresponde el mundo de la pasión.

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