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lunes, 19 de octubre de 2015

Eva G. Vellón



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DISPAROS EN EL ARMARIO



     ¿Qué puede decirse de una chica que escribe su primer libro de cuentos?
        Que es una atrevida. Y muy inteligente. Que le gusta el artificio, y el juego de palabras, o que curiosea por los pequeños detalles. Bebe en las fuentes de la realidad común, lo cotidiano y lo corriente y, por consiguiente, sus personajes sienten miedo, y se muestran desubicados frente al mundo, o que en sus textos el sexo y la locura figuran como elementos que quiebran la realidad, o mejor aún la reproducen, y que tal vez quien consiga terminar de leer esta ópera prima se lleve las manos a la cabeza, o se divierta, sin que por ello las primeras páginas y los primeros cuentos despierten su interés para seguir adelante. Y poniéndonos muy exquisitos, porque para Eva. G. Vellón (Madrid, 1978), su ars poética se concreta en la escritura como juego o, en el amplio sentido, esa proyección del otro.
      Disparos en el armario (2012) reúne veintidós cuentos de una variada extensión y de factura estructural concisa y expresiva, como suele decirse técnicamente, aunque sobresalen en ellos ribetes de impresionismo que logra sacar a la superficie pequeños detalles que pasarían inadvertidos a la vista de cualquiera, cierto fabulismo cargado de metáforas y de un minimalismo, más o menos sucio, que desemboca en ciertas formas de experimentación, al menos lingüística que puede tacharse  de disparatada o delirante. Caleidoscopio de personajes y escenarios leemos en la contraportada de este libro, y así resultan la mayoría de estas historias, salpicadas de una temática que los une, el sexo en sus más variadas acepciones, citas a ciegas, intercambio de parejas, encuentros a través de un chat que, por otro lado, muestran la absoluta de las soledades en las que se mueven estos seres. 
      Eva G. Vellón se vale de la ficción para emocionar, para sacudir la conciencia o, incluso, para trastornar al lector porque en algunos de sus cuentos, pretende sobrevivir al veneno de una realidad. Y para ello, la narradora madrileña comprime, en ocasiones se ejercita componiendo un poema en prosa, o un microrrelato de tan acusada actualidad, porque el territorio para la experimentación es el ideal en un libro como Disparos en el armario cuando se trata de la exploración y destilación de un lenguaje y de las formas expresivas. Una última sugerencia, no debe uno perderse, alguno de estos relatos, “Medea”, “Ahogadas”, o “Sala de espera”, historias meramente funcionales y no menos heterodoxas cuya ficción provoca un voluntario acto reflexivo. 












DISPAROS EN EL ARMARIO
Eva G. Vellón
Amargord, Colmenar Viejo, 2012

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