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jueves, 29 de octubre de 2015

Jesús Carrasco



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INTEMPERIE


                                                               Foto. Claudio Álvarez



     Siempre se puede intentar escribir una historia universal, aunque no siempre se consigue. Tal vez, Jesús Carrasco (Badajoz, 1972), lo haya conseguido con su fábula, Intemperie (2013), su particular visión y la recuperación de esa cultura de los objetos nimios, de la vida rural y campesina de tanta tradición en este país, y de la crueldad para sobrellevar una existencia tan tremendista como real.
     Sorprende gratamente que esta novela resulte atemporal, sobresale la escasez de sus personajes que crecen psicológicamente a medida que avanzamos en su lectura, y aun mejor la narración se sostiene por el lirismo contenido en la ejecución precisa del lenguaje esgrimido, por su concreción y significado. Carrasco parte de una anécdota para contar su historia y, en torno a ella, teje un ambiente donde los elementos de lo narrado se mezclan con la calculada fortaleza del lenguaje escogido. Un niño huye de su casa familiar, de su pueblo y, sobre todo, de las garras de un alguacil de quien guarda un oscuro secreto. Las condiciones a las que se enfrenta la criatura en medio de la nada, y de una sequedad extrema, al que se añade un calor sofocante, le llevan hasta un viejo cabrero y desde ese mismo momento, el narrador parece unir sus destinos porque a lo largo de las páginas siguientes ambos luchan por su supervivencia que el mundo les parece negar en aquel inhóspito paisaje que si bien no podemos concretar, quizá podríamos aventurar por las sierras extremeñas o andaluzas. Paso a paso, Carrasco emplea con la sutileza de un cirujano, y con una extrema elocuencia verbal y sintagmática, todos y cada uno de los  contratiempos que situarán a sus personajes, al chico y al viejo, al borde la muerte, bien por hambre, sed e insolación o por las heridas que cuando el alguacil y sus hombres una vez que consiguen localizarlos, le causan sobre todo al pastor. Cada página de esta novela se convierte en un reto y pese a la escasez de personajes y la abundancia de descripción, concreción y detallismo, el lector va recomponiendo las distintas fases de una tragedia donde la muerte siempre se sitúa en la linde misma del final previsto.
      Un personaje más, mediado el libro, se incorpora a este esperpéntico paisaje de desolación, un inválido que sobrevive en una aldea abandonada hasta donde llega el chico en busca de agua y se ve sorprendido por el tullido que cuando lo captura, decide salir en busca del alguacil para entregárselo. Una vez que esto ocurre, comprendemos el inicio de la historia y justificamos, de alguna manera, el tremendo desarrollo de la misma, lo excesivo de algunas de sus secuencias e imágenes, y sobre todo la virulenta visión de la especie humana que Jesús Carrasco nos ofrece en su mejor debut literario.  













INTEMPERIE
Jesús Carrasco
Barcelona, Seix-Barral, 2013

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