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lunes, 12 de octubre de 2015

Manuel Moya



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LAS CENIZAS DE ABRIL



     Manuel Moya (Fuenteheridos, Huelva, 1960) publica Las cenizas de Abril (XII Premio de Novela Fernando Quiñones, 2011), retrocede a las circunstancias previas a la revolución portuguesa de abril de 1974, y cuenta una historia de amor, tan conmovedora como tormentosa. Al hilo de los acontecimientos históricos, el narrador protagonista segmenta una perturbación propia, junto a otros personajes: la joven Sophia, el idealista Fernando y, De Andrade, un oscuro agente de la policía política PIDE, cuyas vivencias paralelas complementan el mosaico de esta ficción, inmersos en un trasfondo político-social reciente del país vecino que narrativamente no ha sido explotado en la literatura española. La trama se inicia, bastantes años después, con la muerte de Sophia, que ha decidido suicidarse en un hotel de París, la ciudad que la acogiera en sus años revolucionarios, e incluso donde fue feliz antes de conocer algunos secretos de familia. Ha dejado una maleta, allí se guardan las claves que el narrador irá desvelando para comprender el resto del relato. La estructura narrativa, contada por una voz en primera persona, reconstruye los acontecimientos sociales y de la política portuguesa en una compleja y poderosa visión, al tiempo que se fusiona alternativamente pasado y presente, como experiencia congruente en la que viven estos personajes: Sophia y Fernando, amigos desde una lejana infancia en Angola, que un día deciden luchar frente a la dictadura implicándose en el secuestro y tortura de un antiguo agente del PIDE, sin saber que la declaración del mismo acabará revelando no solo las prácticas de tortura empleadas en la colonia, sino la identidad de antiguos miembros de la policía política, un testimonio que cambiará su percepción de las cosas y, por añadidura, el futuro inmediato de sus vidas.
      Moya alterna una y otra historia, salpica su relato de acontecimientos cuya veracidad es fácilmente comprobable: las sublevaciones de las colonias, el obligado servicio militar de los jóvenes portugueses lejos de sus hogares, o el desgaste del régimen continuista de Caetano, hechos que desembocaron en una romántica revolución. El narrador ha sabido diseñar con una extraordinaria capacidad un «espacio temporal», se sirve del testimonio enfático y vitalista de sus personajes en una época de cambios, el comienzo de una posmodernidad que, tras mayo del  68, liberará a la novela histórica, y coincide con el final de los mecanismos de represión en las colonias del pasado salazarista, como bien expone el onubense, reduciendo en su novela la materia esencial de ficcionalidad a lo verdaderamente esencial. Sobresale en Las cenizas de Abril el tratamiento y recuperación de la memoria histórica, construida con esa mixtura íntima de lo vivido por sus personajes, entreverada con esa capacidad de relacionar la peripecia personal y vital con la realidad más cercana. La prosa se ajusta al relato, está repleta de matices, lirismo incluido, y una técnica compatible con el arte de cautivar al lector, página a página, hasta el final mismo, un valor indispensable en toda buena narración.











LAS CENIZAS DE ABRIL
Manuel Moya
XII Premio Fernando Quiñones
Madrid, Alianza, 2011

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