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jueves, 22 de octubre de 2015

Llucia Ramis



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TODO LO QUE UNA TARDE MURIÓ
CON LAS BICICLETAS



     Un verso del poema, “Sistemas”, de Pere Gimferrer, sirve a Llucia Ramis (Palma de Mallorca, 1977) para titular su nueva obra, Todo lo que una tarde murió con las bicicletas (2013), un texto que, de alguna manera, puede resultar inclasificable, aunque supone, por encima de todo, contar la verdad de toda una vida, salpicada con una buena dosis de ficción. Infancia y educación afloran por estas páginas, además de una profusa y explícita biografía de algunos de los miembros de toda una saga familiar que se remonta a cuando los abuelos belgas se asentaron en la isla de Mallorca.
     El narrador, obviamente, Llucia Ramis, afirma que forma parte de una generación catástrofe que ya se anunciaba algunas décadas antes, ella se ha convertido en una desencantada treintañera que se ve obligada a ocupar la habitación de su casa familiar, sobre todo para subsistir en un futuro inmediato. En el relato, Ramis narra sus impresiones de una familiar destartalada, alterna presente y pasado con una calculada contención, sin que una nostalgia desmedida aflore en sus páginas, y sobresalga su entereza al transcribir la realidad a que se ve sometida. La naturalidad, la espontaneidad, incluso el tenso lirismo de muchas de estas páginas forman parte de una improvisación que convierte una materia familiar y doméstica en un auténtico relato, cargado además de un hiriente sarcasmo y de un finísimo hilillo de humor que desdramatiza muchas de las situaciones vividas por su autora y del resto familiar, incluidos encuentros y desencuentros que siempre toman a la realidad como testigo y dejan, en el presente, constancia de ella. Algunos fragmentos y situaciones invitan a seguir leyendo un texto de autorreferencias constantes, como la sorprendente luz que ciega al abuelo a su llegada a Palma que hace que este se sienta hechizado por el paisaje el resto de su vida; o la madre que, como seudo-protagonista, emerge rememorado como ejemplo de entereza tanto en su dislocada juventud como en su vida familiar. Muchos de ellos son personajes que tienen algo que decir, actores que no contemplan la posibilidad de estar callados. Quizá por eso, también sus diálogos resultan hábiles y chispeantes, a veces, profundos que cuantifican el proceso de crecimiento de estos personajes desde la niñez y la adolescencia hasta su llegada a la madurez.
     Ramis, tampoco, descuida su pasión lingüística, e identifica el catalán como el principio de toda una autenticidad, la verdad que permite transformar nuestra vida sea cual sea, en una lengua propia.












TODO LO QUE UNA TARDE MURIÓ
CON LAS BICICLETAS
Prólogo de José Carlos Llop
Llucia Ramis
Barcelona, Libros del Asteroide, 2013



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