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jueves, 15 de octubre de 2015

Michela Murgia



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LA ACABADORA



     La eterna cuestión de la muerte digna, literariamente se ejemplifica en este relato siguiendo una costumbre sarda, cuyo origen para más señas se pierde en los albores del tiempo. Tratado como obra de ficción el tema de muerte, ligada al sentido de la vida, es tan ancestral como mítico, y no supone una catarsis tan dolorosa como se pretende en algunas sociedades modernas. Claro que en el caso de este relato, La acabadora (2011), esta curiosa costumbre se convierten en tradición, y las tradiciones son siempre muy respetadas. En realidad, Michela Murgia (Cabras, Cerdeña, 1972) cuenta, en su primera novela, la relación de una anciana y una niña que se unen a través del sagrado vínculo de la «adopción del alma», es decir, fill´e anima, el trato que una madre realiza cuando cede a una hija a otra mujer para que la adopte y cuide sin abandonar los lazos de sangre, o que esto presuponga una ruptura familiar. Bonaria Urrai, modista del lugar, mujer bella en otro tiempo y de cierto prestigio en la pequeña comunidad, aunque siempre envuelta en una soledad permanente, se hace cargo de Maria, cuarta hija de los Listru, una niña cuya vida se transformará por completo cuando se vaya a vivir con su nueva madre.
     Los primeros capítulos de esta breve novela se centran en el lazo que pronto establecerán la hija adoptiva y madre, sus comienzos en la escuela, el descubrimiento de una singular inteligencia en la niña, y la permanente compañía junto a la tía, una historia ambientada en un pequeño pueblo de la costa de Cerdeña, Soreni, allá por los cincuenta. Nada parece romper la vida de estas mujeres durante años, aunque con el paso del tiempo, la adolescente Maria observa como la tía Bonaria se aísla en largos silencios, apenas le da explicaciones, sobre todo cuando realiza, además, extrañas salidas nocturnas que despertarán los recelos en la joven y pronto advierte que una sombra de temor se muestra en los ojos de quienes se cruzan en el camino de su madre adoptiva y ella. Michela Murgia narra un episodio singular y construye su relato con una prosa sencilla, de calculada precisión, con el acierto de algunos localismos que un glosario al final, aclara. Al mismo tiempo crea la atmósfera adecuada en una ancestral comunidad de sardos muy orgullosos de sus tradiciones, como sugiere el tema central, la costumbre de ese velado concepto de eutanasia que en ningún momento aparece en la narración, y el papel de la acabadora, psicológica y espléndidamente perfilada por Murgia, que dota a su personaje con el prisma de una moral compasiva, ayuda a quienes la solicitan poco antes de ese proceso final doloroso, cuando ya el enfermo se ve sometido a una agonía prolongada, y no hay nada que hacer. Cuando esto ocurre, la acabadora acude de la manera más sutil, no provoca dolor en nadie, es la suya una compasiva misericordia.  











LA ACABADORA
Michela Murgia
Barcelona, Salamandra, 2011


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