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sábado, 28 de febrero de 2015

Hoy tomo café con…



Irene Gracia.

“Soy valiente a hora de escribir,  por lo menos, porque soy consciente de que es difícil demostrar valentía en la vida”.



   Irene Gracia (Madrid 1956), cursa estudios de música, y más tarde de pintura y escultura en la Facultad de Bellas Artes de Barcelona. Fiebre para siempre, su primera novela, obtuvo el Premio Ojo Crítico de 1994. Hijas de la noche en llamas (1999), fue muy apreciada por la crítica y supuso su confirmación como novelista, dueña de un mundo lírico, hipnótico y original. Con Mordake o la condición infame (2001), se adentró por primera vez en el mundo de lo fantástico. El coleccionista de almas perdidas (2006), es una obra intensa e inquietante. Irene Gracia continúa entablando un diálogo con la mejor tradición fantástica europea. Últimamente ha publicado, El beso del ángel (2011), El alma de las cosas (2014) y Anoche anduve sobre las aguas, ha obtenido el XXII Premio Juan March Cencillo, 2014. Actualmente reside en Madrid.


Su mundo, poblado de dioses y de ángeles, ¿es quizá mejor que el presente?
        Mi universo literario también está poblado de héroes, antihéroes, diablos, y pobres diablos, como el mundo real. Los grandes soñadores me atraen como un imán, tanto por su cara positiva como por su cara negativa, aunque al final fracasen. Creo que las personas estamos muy limitadas, porque no hemos elegido ni el cuerpo, ni la época en la que hemos nacido, por eso siempre he creído que “somos” más lo que soñamos ser, que lo que realmente conseguimos.

En realidad, ¿en su literatura podríamos hablar de una auténtica metáfora para justificar algunos aspectos de este mundo?
        Cierto. Anoche anduve sobre las aguas puede considerarse la cruz de mi novela El beso del ángel, porque en ambas historias trato las relaciones que los humanos mantienen con los seres alados y los dioses, con los ángeles excelsos y los ángeles caídos, con las divinidades paganas y las aves. Son una metáfora del deseo de elevación, del anhelo de trascender, de la gravedad del cuerpo, y de la fatalidad de la muerte.
Anoche anduve sobre las aguas está planteada en dos dimensiones y en dos planos narrativos: el mundo real y presente, y un universo imaginario. El supuesto mundo real apenas ocupa el prefacio y el epílogo de la escritura, mientras que casi toda la historia acontece en una edad media fantasmal. Ambos mundos son igual de creíbles, relevantes y trascendentes para la historia, los dos se influyen recíprocamente, como sucede en nuestras vidas. Estamos compuestos por órganos y pensamientos, huesos y sueños, sentidos y sentimientos.

En sus textos se habla de un amor imposible, ¿cuándo alcanzamos realmente el amor, solo en un estado seudo-místico?
        En El banquete de Platón, Sócrates habla de Diotima, y dice que el amor es el  anhelo por la inmortalidad, el deseo de la fama eterna. Distingue dos formas de amor: el amor físico que desea la inmortalidad por medio de los hijos, y el amor espiritual que alumbra ideas inmortales. Cuando nos enamoramos, amamos más al otro que a nosotros mismos, como los místicos. Por cierto, Sócrates decía que Eros no es un dios, sino un demonio, un mensajero entre los dioses y los hombres.

¿Cree que a través de esa fantasía mitológico-mágica sobre la que escribe ofrece usted un camino distinto a la estructura y a la temática de la narración?
        Soy valiente a hora de escribir,  por lo menos, porque soy consciente de que es difícil demostrar valentía en la vida. Me estimula arriesgarme intelectualmente, como un funámbulo, y mi única red es la técnica. El oficio me parece indispensable en cualquier disciplina artística, porque aunque parezca lo contrario, te da más libertad para materializar todos los experimentos que puedas imaginar. Los escultores, lo primero que construyen es un esqueleto de hierro, para que no se caiga el barro de su escultura, mientras la están modelando. Para mí, carece de sentido y emoción imitar a otros autores, o imitarse a uno mismo.

Usted ha elegido un camino propio en su narrativa, al menos, en las últimas entregas, ¿hasta qué punto insistirá en escribir fábulas de marcado carácter anacrónico?
        Oscar Wilde decía que todo lo moderno procede de Grecia, y todo lo anacrónico de la Edad Media. A Elisa se le aparece un ángel pelirrojo, que siempre oculta su rostro. Como Elisa desconoce su nombre le llama su Angelus Novus, como el Ángel de la Historia de Walter Benjamin, con su rostro vuelto hacia el pasado. Pero a diferencia del ángel pintado por Paul Klee, que mira de frente, el ángel que Elisa ve está de espaldas, y su aspecto es clásico, parecido al Eros de las esculturas grecolatinas. En esta época tan confusa, creo que lo futurista es volver la mirada hacia el pasado, creo que lo más moderno es mirar a Grecia, especialmente en Arte. Al construir la novela quise hacer este doble juego: dirigir la mirada hacia el pasado, hacia Grecia. Pero retener la mirada en la Edad Media, donde ambiento la historia.


En su anterior entrega, El alma de las cosas (2014), lo quimérico y el destino, juegan un papel importante en los personajes, al menos en Belisa, la protagonista, ¿estamos sujetos a esos profundos cambios, y a un determinado destino en esta vida terrenal?
        Siempre he pensado que existen aviones en el presente, porque Leonardo y otros soñaron con volar en el pasado. Así que atrevámonos a tener sueños ambiciosos para que se materialicen en el futuro. Creo que las personas somos una mezcla de los dones con los que hemos nacido, diferentes dosis de buena y de mala suerte, y nuestra voluntad. Creo en el destino, y asimismo creo que se puede modificar con la voluntad. Belisa es un personaje voluntarioso que lucha por conquistar su propio destino, aunque eso signifique sacrificar a los demás, y sacrificarse a sí misma.

 En su última entrega, Anoche anduve sobre las aguas (2014) se revisa todo un mito bíblico, ¿qué pretende usted demostrar al lector?
        Me eduqué en un colegio de monjas, para bien y para mal, donde siempre estaba latente lo milagroso. De niña me fascinaban santos que presuntamente levitaron ante testigos como San José de Cupertino y Santa Teresa de Jesús. La escena evangélica que más me impresionaba era la de Jesús andando sobre las aguas, por eso en mi novela Elisa también puede caminar sobre las aguas. A los catorce años, cuando perdí esa fe, tuve la suerte de que mi difunto hermano me regalase Así habló Zarathustra de Nietzsche, que llenó ese vacío existencial, y me colmó de fe en la libertad del pensamiento. Al final de su vida Nietzsche firmaba como “Dionisio crucificado”.

Por otra parte, sobresalen los conceptos ancestrales acerca de la sexualidad femenina y el mito de la virginidad.
        Elisa posee el don de la levitación, pero pierde sus poderes sobrenaturales cuando pierde la virginidad, como en los cuentos de hadas y en los mitos cristianos y paganos. Artemisa y Minerva, las diosas más poderosas de la Grecia Clásica, le pidieron a su padre Zeus, el dios de los dioses, que les concediese el don de la perpetua virginidad. Hipatia de Alejandría murió soltera y sin hijos. Se cuenta que María, la madre de Jesús, también era virgen. Resulta paradójico comprobar que, salvo excepciones, las pobres mujeres que se encerraban en un convento, podían ser las que más libertad tenían para aprender a leer, a escribir, y sobre todo para poder pensar, aunque fuese dentro del acotado mundo de la teología, podían gozar de otras riquezas. No es extraño que en la historia de la literatura y el pensamiento femenino se encuentren religiosas entre las escritoras más antiguas, inspiradas, inteligentes y valientes como Santa Teresa, Santa Hildegarda de Bingen, Maria de Cazalla, o Sor Juana Inés de la Cruz. Aunque tampoco es extraño saber que estas mujeres padecieron los juicios de los inquisidores.

Un halo de espiritualidad y de misticismo recorre, en gran medida, la novela, ¿es un buen momento para que el lector reflexione sobre estos aspectos de nuestra existencia?
        Me considero una agnóstica mística. Creo que cada segundo es el mejor momento para meditar... Desearía transmitir el placer de aprender, la sensualidad de crear, la felicidad de imaginar. No existe un viaje más excitante y vertiginoso que la búsqueda del conocimiento, aunque no alcancemos ninguna meta, ese viaje nos ennoblece.

Al margen de la fábula, en realidad usted cuantifica y ensaya sobre el bien y mal, ¿qué papel juega hoy el mal en la sociedad?, y aun más, ¿nos queda algo de bondad humana?
        La lucha del bien y del mal está presente en la novela, es un enfrentamiento interior y exterior de deseos opuestos y de pulsiones extremas. Elisa es una doncella pobre y visionaria que tiene el don de levitar, y Bruno es un aristócrata sanguinario, un cruzado sediento de sangre y redención. Bruno padece la rara enfermedad de carecer del sentido del tacto, y desea sentir su piel. Por el contrario, Elisa anhela escapar de la gravedad del cuerpo. Los deseos de los dos protagonistas son opuestos, pero al final convergen en el abismo de los sentidos, como la cara y la cruz de una moneda. Elisa profesa la mística de la virtud, y Bruno profesa la mística del vicio.

¿Vivimos en mitad de esa dualidad, como usted expone en Anoche anduve sobre las aguas?
        El dualismo mente-cuerpo, simbólicamente es paralelo a las fuerzas opuestas que mueven el mundo, aunque actualmente ya no somos tan ingenuos como para asociar lo espiritual con el bien, y lo material con el mal. El marqués de Sade, por ejemplo, utiliza los viejos conceptos sobre el  bien y el mal en 'Juliette o las prosperidades del vicio', y en 'Justine o los infortunios de la virtud', aunque el marques le da la vuelta a la moral. Se podría decir que tanto Sade como Santa Teresa, cada uno a su manera y de forma opuesta, desean lo mismo: gozar de los deleites supremos.



   Detalle de la portada, Anoche anduve sobre las aguas.

¿Cuánta dosis de irracionalidad cabe en nuestra sociedad?
        El Holocausto, históricamente, sucedió ayer. Ni el Apocalipsis, ni el infierno de Dante, se pueden comparar con esa pesadilla hecha realidad. Me temo que la irracionalidad humana y la sed de mal, es insaciable e inimaginable.

Y una última curiosidad, ¿de verdad sueña usted previamente todas sus novelas?
Sinceramente sueño mis novelas... Dormida o despierta. Utilizo la materia de mis sueños y las experiencias de mi vida como material literario. También considero que todo lo que late en mi imaginación es una parte real y esencial de mi vida.



viernes, 27 de febrero de 2015

Luisgé Martín



J
Jueces
         “El árbitro considera la equidad, el juez la ley”.
                                                                      Aristóteles
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Donde el silencio

 


   Luisgé Martín (Madrid, 1962) se pregunta si aun existen paisajes donde parezca que el mundo está recién creado. Y para ello, se embarca en un largo viaje donde geografía y espiritualidad se dan la mano, y de paso descubrir algunos de esos lugares inaccesibles y solitarios en algún rincón de España, sobre todo a donde huir del extraño mundo del siglo XXI. El narrador no ha hecho sino buscar espacios en los que el silencio se pueda tocar, oler y pisar; poblaciones fantasmales porque, o están a punto de desaparecer, o tan solo queda de ellas su recuerdo, como es el caso de numerosos pueblos abandonados o sepultados bajo las aguas de un pantano, Mansilla de la Sierra, Riaño, o Vegamián.
   Donde el silencio (2013) se convierte en un libro de estampas narradas sobre sitios que nunca son visitados o localizados por turistas al uso, porque en su mayoría son desconocidos, y donde la vida en otros tiempos era distinta, y los juegos de los niños aun inocentes, los árboles crecían cada año a la par que pasaba el tiempo por sus habitantes, y los olores se mezclaban tanto con lo limpio del lugar o las boñigas de los animales; el perfume recordado de algunas de nuestras infancias. Son esos minúsculos lugares casi irreconocibles en un mapa, tan hermosos como utópicos, pueblos y aldeas que se parecen a los que nosotros mismos nos hemos criado, caso de San Justo de La Vega, el poblachón que hay justo antes de llegar a Astorga, un lugar donde habitan personajes como David, un ejecutivo que huyó de Barcelona, para verse rodeado de soledad e inmerso en el silencio, a la espera solo de que alguien quiera o pretenda echar una charla.
  El autor ha ido pergeñando sus páginas mirando por las ventanas de muchas de las casas que ha visitado por la geografía rural de una España salida casi de la paleta de los tonos negros y grises de Solana, o través de los ojos de quienes eran sus moradores, personajes que un día decidieron vivir a espaldas de una modernidad. Esos que, como él mismo, decidieron buscar algo que no tenían, y según constata Luisgé Martín, con un propósito diferente cada uno. No es, por consiguiente, un libro de viajes al uso, visitando y recreando una concreta geografía, sino buscando personas que, de alguna manera, piensan y sienten diferente. Luisgé Martín cuenta, reflexiona, valora y hace de su viaje auténtica poesía, y nos mueve entre Ávila y Segovia, Guadalajara y Lugo, para pasar de Asturias a Zamora, y terminar en Navarra. Quizá esto sea lo más curioso, y aquello que al jurado del Premio Llanes, ha llamado la atención: convertir lo difícil en algo fácil. Someter al lector a un irresistible deseo en busca de un lugar único, aunque dando vueltas por una amplia geografía de tan extraña ubicación, y con una única meta: encontrar el silencio. 













DONDE EL SILENCIO
Luisgé Martín
Premio Llanes de Viajes
Madrid, Imagine, 2013

jueves, 26 de febrero de 2015

TRAVESÍAS



EL CAMINO Y DELIBES


   Un año después, Miguel Delibes (1920-2010), sigue siendo el aclamado autor de la más prolífica y honrada obra literaria del panorama narrativo español de la segunda mitad del siglo XX. Delibes es Castilla: sus pueblos, sus gentes, y su lenguaje. La naturaleza y la caza fueron motivo esencial en muchas de sus obras. Ecologista convencido, la aniquilación de los espacios naturales, el éxodo rural, el desarrollo sostenible y el maltrato histórico de las labores rurales, o su visión cinegética sobre la caza de la perdiz, la pesca de las truchas, salpican muchas de sus páginas. Su mundo infantil lo protagonizan el cuco, la grajilla y el cárabo.
  El camino se edita por primera vez en diciembre de 1950: recuerdo de unos años que tan rápidamente pasan y constituyen el valor supremo de nuestra existencia.  Aunque Delibes ya había publicado, La sombra del ciprés es alargada ((1948) y Aún es de día (1949), no se sintió satisfecho, y solo con esta tercera entrega pensará que ha acertado y ha encontrado, por fin, su propia voz de narrador. La novela fue escrita en veintiún días, a capítulo por día. «Salió así —afirma el vallisoletano—, cogí el tono en que aquella historia tenía que ser contada, narraba yo, pero al mismo tiempo establecí cierto distanciamiento que me permitía un sinnúmero de libertades narrativas, y un sinfín de matices de humor, ironía, ternura...». En el año 2000, Destino, la editorial de su vida, publicó El camino. Edición facsímil, con introducción de Ramón García Domínguez, el original está escrito en cuartillas de papel de periódico (16 x 22), y a pluma estilográfica, como el resto de sus manuscritos. Hoy es una rareza, digna de tener en cuenta.


Sábado, 12 de marzo, 2011; pág.8                          

                       


miércoles, 25 de febrero de 2015

Hoy invito a…



María Ángeles Pérez


    Bajo el título genérico de AMANECERES y durante los últimos cinco años, María Ángeles Pérez ha desarrollado una intensa labor de columnista en la página 2 del suplemento literario, Cuadernos del Sur, del Diario-Córdoba. En apenas 900 caracteres cincela con una aguda visión aspectos variados de nuestra sociedad, de nuestra cultura, de nuestra política y los ámbitos más variopintos; eso sí, con una mirada, en ocasiones, ácida y crítica, pero en otras, pese a la brevedad, resultan de lo más entrañable.  


AMANECERES

JUSTICIA

    El sol se asoma entre las crestas de las montañas. Son los amaneceres de nuestros asiduos paseos. Hasta ahora no les había prestado atención, algo ha cambiado. Siento la necesidad de despertar de un profundo sueño. ¿Por qué esta vuelta de tuerca? ¿Por qué despiertan ahora unos sentimientos dormidos, o ignorados? Busco una respuesta. Generalicemos. ¿Cuántas personas dejan de ver un amanecer? ¿Cuántas dejaron de hacerlo injustamente en nuestra Guerra Civil? Y ahora, pretenden que olvidemos, que echemos más tierra sobre esas tumbas comunitarias. Castigan a un juez, que pretende hacer JUSTICIA, consolar corazones repletos de recuerdos. El sol sigue saliendo cada día, la vida continúa. Los afortunados que percibimos esas sensaciones, unimos nuestro corazón a los enterrados en el olvido de la Historia. Hoy he vuelto a contemplar un nuevo amanecer y, por supuesto, era distinto al de ayer. 
                                                                Sábado, 24 de julio, 2010.




ZENOBIA
                                                                              
        Desde siempre se ha dicho: “detrás de un gran hombre hay una gran mujer”. Refranes y dichos populares esconden un porcentaje muy alto de auténticas verdades. Volviendo a leer Historias de mujeres de Rosa Montero, me detengo en Zenobia, esposa de J. Ramón Jiménez, y lo que llama mi atención es cómo siendo una mujer tan culta, activa, desenvuelta y moderna en su tiempo se deje anular hasta límites insostenibles por el poeta. La hipocondría de éste y su estado continuo de “enfermo imaginario” llevan a crearle tal dependencia de Zenobia que ésta retrasa su propia intervención quirúrgica para no dejarle solo.

        Hoy podemos presumir de J. Ramón por su legado literario y por ser premio Nobel en 1956. También deberíamos presumir de Zenobia por estar a su lado incondicionalmente, dejando de lado su propia creación. Aquí se cumple al cien por cien  el dicho popular que da comienzo a esta columna.
                                                             Sábado, 22 de enero, 2011.
 


REENCUENTRO


      Sin lugar a dudas, las madres queremos de una manera incondicional a los hijos.
     Leo, recientemente, un artículo sobre la mítica cantante Joan Baez donde confiesa el reencuentro con su hijo Gabriel. Ella reconoce todos los vaivenes que le llevaron a continuar con sus giras y su lucha política, sintiéndose culpable de no atender lo necesario a ese niño de apenas un año. Pasadas las etapas de adolescencia y madurez llega, por fin, el esperado reencuentro. Charlan como personas adultas y según sus palabras “hacen las paces”. Ahora Joan Baez tiene 70 años, Gabriel 42 y además le ha dado una nieta que, esporádicamente, sube a los escenarios. Según palabras de Gabe, como ella lo llama, su madre estaba “hecha para vivir sola” y durante un tiempo fue así.  Entonces no la entendía, ahora la comprende y la adora.
    Bienvenida a la complicidad entre padres e hijos, aunque, a veces, ésta, llegue demasiado tarde.
 
                                                           Sábado, 19 de mayo, 2012.


PLACERES

  Cuenta una leyenda oriental que el sultán de Constantinopla se desmayó de placer degustando un plato de berenjenas rellenas de tomate y piñones. El sabor de este último manjar fue lo que le llevó a su repentino desvanecimiento. Nos suena a cuento, incluso puede provocarnos una sonrisa, pero de pequeños placeres está la vida llena
  Nos puede producir placer leer un buen libro, junto a una chimenea, en una tarde invernal, pasear por la playa durante un día soleado; infinidad de pequeñas cosas crean esa sensación placentera. Incluso, ¿por qué no? una buena comida no podemos excluirla de ello, por lo tanto no debería asombrarnos que, el sabor de los piñones, poseedores de excelentes propiedades para la alimentación, produjera tal bienestar al mencionado sultán.
 Sobre sabores no hay colores. De sinsabores está la vida llena. Aprovechemos los primeros aunque sea a través de unos simples piñones.

                                                                Sábado, 4 de mayo, 2013

PEQUEÑECES

    Estamos construyendo un mundo repleto de problemas y de obstáculos. Por diversos motivos interesa que sigan existiendo países en continuo belicismo y pobreza, que la palabra “ecologismo” exista en el diccionario como definición ornamental, que el altruismo vaya en detrimento favoreciendo el sentimiento individual y el egocentrismo.
 Hay momentos que lo único que nos queda es engancharnos a la evasión. Evadirnos ante una buena lectura, contemplando un amanecer, fusionarnos con una puesta de sol rojiza, o con un anochecer iluminado por fugaces estrellas y una luna inmensamente llena, aun corriendo el riesgo de ser atacados por el hombre lobo. Vivamos estas pequeñas cosas, como diría Serrat, sintámonos privilegiados pudiendo disfrutar de ellas y, encima, sin ningún tipo de gravamen económico.
        ¡Qué difícil o qué fácil podemos percibir esta vida dependiendo del horizonte desde donde la observemos
                                                               Sábado, 24 de mayo, 2014

EL FINAL

    Y llegó final de año, con la única esperanza de que el Nuevo rompa ciertas historias de las que no fue capaz el anterior. Giremos de una vez la tuerca y acabemos con las injusticias, las mentiras y las desilusiones. Demos un carpetazo a nuestras mentes cerradas, acomodaticias e insidiosas, tendamos nuestros brazos abiertos a la cultura, la crítica, el diálogo, la justicia y la comprensión.
    Presiento que este puede ser el año con el que podamos dar fin a casi todo aquello que forma parte del lado oscuro de nuestra conciencia. Ojalá no me equivoque, supondría el comienzo para poder divisar nuevos horizontes, distintas tonalidades de luz, infinitas ilusiones. Cerremos 2014. Bienvenido 2015, tu terminación numérica resulta agradable a la hora de escribirla y escucharla, apórtanos ese bonito “son” durante tus trescientos sesenta y cinco días. Quizá ello suponga el principio de algún oscuro final.
                                                               Sábado, 31 de enero, 2015

martes, 24 de febrero de 2015

Eva María Medina


I
Ingenio
“El ingenio consiste en apreciar el parecido de cosas que difieren entre sí, y la diferencia de cosas entre sí iguales”.
                                                                Madame de Staël
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Relojes muertos


   Eva María Medina (Madrid, 1971) entrega su primera novela, Relojes muertos (2015) y, desde las primeras páginas, se percibe un firme pulso narrativo que nos sumerge en un extraño mundo, sus personajes viven entre una realidad inmediata y el abismo de la locura, una suerte de auténtico torbellino vital con una existencia marcada por la esquizofrenia, y el deseo único de otorgar sentido a una mísera vida.

  La narradora madrileña ha arriesgado mucho en su primer proyecto extenso, y abordar el tema de la locura resulta una apuesta interesante que recuerda a ilustres antecedentes, que no son necesarios cuantificar, aunque en una primera impresión, deberíamos matizar, Medina sale airosa, y en ese puzzle de imágenes y metáforas que componen Relojes muertos sobresale el hilo narrativo, y un profundo halo de humanismo deja un buen sabor de boca a la hora de avanzar por sus páginas. La vida del protagonista Gonzalo se concreta en una serie de vivencias y actuaciones que se mezclan en su existencia, y pasan de una absoluta cordura a una autentica locura en sus actuaciones y sucesivas opiniones; pese a todo, el personaje, aflora como alguien inteligente capaz de sobrevivir tan solo en la vida de los demás, sin llegar a intensificar el significado de la suya propia, y así será capaz de imaginarla sin que por ello ponga remedio alguno. Es así como, tal vez, cierto sector de la sociedad vea a algunos individuos, y solo cuando alguien se interese por nosotros, justificamos nuestra presencia, caso de Ángela, quien sustenta la vida de Gonzalo, le otorga credibilidad y da los primeros pasos para convivir juntos y otorgarle un sentido a su vida. Aunque a medida que transcurre el tiempo, el personaje irá encerrándose aun más en su mundo, se convierte en alguien intransigente y violento y parece vivir en ese mundo de los sueños, donde todo parece real aunque desaparece cuando uno despierta. 
   El resto de la historia muestra a unos personajes que viven las misma histeria, y sin duda la alusión a “relojes muertos” se deba precisamente a que se comportan como tales, viven en una atormentada irrealidad marcada por un relojes que ya no marcan las horas, o les llevan solo a imaginar y nunca consiguen alejarse de una tragedia obsesiva que condiciona sus vidas y nunca les permite alejarse del sinsentido de una locura colectiva. Como en la novela, en nuestra lectura nos vamos deteriorando, al igual que su protagonista, Gonzalo que irá viendo como se aleja de Ángela, de sus compañeros del trabajo y de su pequeño mundo, en un progresivo deterioro que terminará por destruirlo totalmente. Y solo así comprendemos y diferenciamos las dos posibles partes de Relojes muertos, una novela ambiciosa y compleja, una primera cuando se describe el proceso de la enfermedad y de su estancia hospitalaria con su vuelta a un mundo que le resulta ajeno, y la segunda, esa realidad cotidiana donde el mundo del ensueño y las percepciones subjetivas se abrirán paso para ensayar una narración diferente que, no obstante, oprime aun más la voluntad del narrador y, al mismo tiempo, la del lector, aunque de esa curiosa simbiosis resulta lo mejor de la novela.

 










RELOJES MUERTOS
Eva María Medina
Madrid, Playa de Ákaba, 2015




lunes, 23 de febrero de 2015

TRAVESÍAS



CHEJFEC


  Sergio Chejfec (Buenos Aires, 1956) se adscribe a ese grupo de escritores que no tienen una concepción pacífica de la literatura, la observan como un lugar vacío que ocupar, lo literario se muestra como un territorio de entredichos permanentes. Admirador de una artista venezolana, un día llamó a su puerta y así nació, Baroni: un viaje (2007). En realidad, Rafaela Baroni es una escultora que vive al pie de la cordillera, en la población de Betijoque, en el estado de Trujillo. Talla, generalmente, figuras de madera con motivos religiosos, nadie queda indiferente ante su mirada, sabia y transparente, ella imagina permanentemente el mundo desde sus manos: vírgenes, santos, ángeles, flores y pájaros multicolores, fina declamadora, cantautora y poetisa, es dueña de una religiosidad muy personal. Todos los Viernes Santo del año celebra su propio funeral para exorcizar, de alguna manera, la muerte.
  La editorial Candaya presenta, en España, a Sergio Chejfec con Mis dos mundos (2008), una fábula sobre cómo recuperar el tiempo vivido de otra forma, en este caso, un paseo por un parque en una ciudad del sur de Brasil, una suerte de arqueología irrelevante. Y Baroni: un viaje (2010), ¿una novela? ¿un ensayo? ¿una crónica? ¿cuaderno de notas? ¿un testimonio vivo? Chejfec juega, muestra esa sensación de vacío que caracteriza a su obra, la suya es una forma de no vincularse con lo real, se sirve de la indeterminación para interpretar el mundo, y solo así reinventa un personaje, Baroni, tan esquivo como real. Su obra, sin duda, entreteje la trama con la reflexión. 

* Durante estos años, Chejfec se ha cnvertido en un autor de culto en nuestro país, y la mism editorial editaba La experiencia dramática (2013) y Modo linterna (2014).
 

domingo, 22 de febrero de 2015

Desayuno con diamantes, 24



MARGINADOS Y OLVIDADOS
(Los cuentos de Julio Ramón Ribeyro)




   El peruano Julio Ramón Ribeyro, nacido en Lima, en 1929, pertenece a la generación narrativa de los cincuenta, un grupo de escritores que se iniciaron literariamente publicando cuentos; en realidad, colecciones de relatos que desde muy variados registros muestran situaciones humanas solitarias o violentas, con tal grado de degradación que el dramatismo y la crudeza de los barrios limeños pone de manifiesto la truculenta realidad de una época en la que el «costumbrismo descriptivo» se convertía en la expresión inequívoca del momento. Ribeyro publicó entonces Los gallinazos sin plumas (1955), Cuentos de circunstancias (1958) o Las botellas y los hombres (1964) y continuó publicando cuentos a lo largo de toda su trayectoria literaria: Tres historias sublevantes (1964), Los cautivos (1972), El próximo mes me nivelo (1972), Silvio en El Rosedal (1977) y una última colección, Sólo para fumadores (1987), aunque tanto a lo largo de su existencia, como posteriormente a su muerte, se realizaron compilaciones que recogieron, en buena parte, la totalidad de su narrativa breve, La palabra del mudo: cuentos (1952/1972) (1970-1973), La palabra del mudo: cuentos (1952/1993) (1994) y Cuentos completos (1952-1994) (1994). Su primera novela, Crónica de San Gabriel (1960) es un relato de aprendizaje, cuya acción se sitúa en una finca campesina a donde acude Lucho, el protagonista, y allí descubre un nuevo mundo. Su siguiente relato extenso, Los geniecillos dominicales (1965), es otra narración tradicional escrita en tercera persona, cuenta la historia de un joven limeño, Ludo, inconforme con un trabajo burocrático rutinario y, una tercera, Cambio de guardia (1976), la figura de un dictador, Alejandro Chaparro, que bien puede reflejar la sombra del general Odría y las intrigas del poder político. La prosa de Ribeyro es, estilísticamente, seca, sobria, directa, parte de la ironía, pero también de la nostalgia y del escepticismo de un narrador que siempre tuvo los ojos muy bien abiertos a la realidad que le toco vivir. Su estilo, muy personal, revela la miseria del hombre, como queda apuntado, siempre sometido y, al mismo tiempo, capaz de resistir y mostrar esa rebeldía propia que ofrece el ser humano. De autor en fuga —lo calificaba la mejicana Vivian Abenchuchan— de auténtico «pasajero en tránsito»; en realidad, Ribeyro se procuraba identidades y escrituras distintas. Por sus Cuentos Completos—añade la estudiosa— transitan varios narradores, filiaciones literarias, temperaturas y temas. Cuentos rurales, fantásticos, épicos, alegóricos, urbanos, satíricos, de enigma, de infancia, de literatos, componen su producción; lo mismo acude a la crónica que a la autobiografía sesgada, a la crítica, la parábola y la fábula. No sólo eso: Ribeyro construye sus frases «palabra por palabra» buscando, con singular obstinación, trazar un camino hacia un estilo neutro, es decir, hacia la supresión de cualquier estilo.



La editorial barcelonesa Seix-Barral recupera para los lectores, La palabra del mudo (2010), que había sido publicado, originariamente, entre 1973 y 1994, aunque en la presente edición, además, de las colecciones apuntadas, se incluyen unos Cuentos olvidados, seis en total, aparecidos por primera vez en, Ribeyro, la palabra inmortal (1995), en edición de Jorge Coaguila, los Relatos santacrucinos (1992), diez en total, tres Cuentos desconocidos, que nunca antes habían aparecido en libro, y un Cuento inédito, «Surf», fechado en Barranco en julio de 1994, escrito posiblemente unos meses antes de su fallecimiento, en diciembre del mismo año. Ribeyro justifica el título del volumen argumentando que «en la mayoría de mis cuentos se expresan aquellos que en la vida están privados de la palabra, los marginados, los olvidados, los condenados a una existencia sin sintonía y sin voz», y en la «Introducción» escribe sobre su deuda con el relato desde su niñez misma, tras las lecturas de Anatole France, Abraham Valdelomar, Luigi Pirandello, E.A. Poe y, por supuesto, mucho más tarde los relatos de Kafka, Joyce, James, Hemingway y Borges que, le descubrieron al escritor limeño, nuevas probabilidades para ensayar la lógica del absurdo, la habilidad técnica, el arte de lo no dicho, la eficacia del diálogo, y la fantasía puesta al servicio de la paradoja. Un cuento como «Las cosas andan mal, Carmelo Rosa», incluido en la presente edición en Los cautivos (1972), escrito durante una de sus estancias en París en 1971, siendo corresponsal de France Pressfigura como ejemplo de una voz interior que se nos descubre íntimamente, esa especie de devenir atribulado de la conciencia narrativa como circunstancia reveladora de la destrucción del protagonista, crítica de una opresora existencia. Técnicamente, el narrador fue dando cabida al realismo urbano, confundido en numerosas ocasiones con el neorrealismo de anteriores décadas, aunque en este caso el peruano nunca renunciara a la inclusión, en sus cuentos y novelas, de elementos fantásticos que siempre funcionan en sus textos como reordenadores de la realidad, atento como fue siempre, a las experiencias humanas frustrantes y a la denuncia de situaciones negativas e injustas de la sociedad, con referencia inequívoca a la peruana, aunque universalizados, sin duda alguna. «Cuentos, como espejo de mi vida, —escribe Ribeyro—, pero también reflejo del mundo que me tocó vivir, en especial el de mi infancia y juventud, que intenté captar y representar en lo que a mi juicio, y acuerdo con mi propia sensibilidad, lo merecía: ilusiones frustradas, vida familiar, o Miraflores, el mar y los arenales». Al final de su «Introducción», añade un decálogo personal para desarrollar su concepción del cuento, especialmente significativo y resumido en, un estilo directo, preferentemente breve, solo debe mostrar, admite todo tipo de técnicas, puede ser real o inventado, se parte de un conflicto, cada palabra es imprescindible, debe conducir a un solo desenlace y si el lector no acepta ese desenlace, entonces todo el cuento habrá fallado.


   No menos significativa es el resto de su prosa que incluye los títulos Prosas apátridas (1975), Prosas apátridas aumentadas (1978), Prosas apátridas completas (1986), Dichos de Luder (1989) y, sobre todo, La tentación de fracaso I. Diario personal (1992), una forma de escritura que desde siempre había defendido Ribeyro y —según él mismo—era fruto de «una necesidad de emulación, pues, uno tiende a imitar lo que le impresiona; —añade, además—que uno relata actos, o, más profundamente, pensamientos e ideas, y, en lo más profundo, emociones y sentimientos. Cada diario mezcla planos, y es por eso que en mi diario ustedes encontrarán pasajes descriptivos y factuales, o momentos de reflexión sobre algo que me ocurrió o que leí, y también, en algunos pasajes más profundos, la expresión de sentimientos hondos».


















Julio Ramón Ribeyro; La palabra del mudo; Barcelona, Seix-Barral, 2010; 1035 págs.