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lunes, 13 de marzo de 2017

Javier Tomeo



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COLECCIÓN DE HISTORIAS
                 
        No hay nada de extraño que, en el mundo de Javier Tomeo (Quicena, Huesca, 1932), y en sus libros, aparezcan palomas, leones, tortugas, gallinas, hormigas, gatos o cualquier tipo de animal doméstico o no, hombres miopes, atormentados y solitarios, héroes anónimos, que se incluyen en escenas cotidianas, situaciones inimaginables, perversidades, en definitiva, que otorgan a la credibilidad del mundo actual, esa calificación que se justificaría por sí sola, es decir, que no hay razón posible sin una sinrazón que la haga creíble. Quizá por eso, Tomeo, y creo que sólo por eso, en su narrativa insiste, una y otra vez, en plantear las situaciones más inverosímiles que ningún ser humano pueda pensar, pero con la suficiente credibilidad como para que no resulten fuera de lo humanamente posible. Con sus fábulas, Tomeo, refleja esa inquietante faceta que todos pretendemos mantener y que hace de nuestra vida un enigma tan sólo cifrado o tal vez descifrado por los sueños, como puede leerse en muchas de sus novelas, o en muchos de sus cuentos, en tantas de sus historias, y en definitiva, como otras muchas de las nuestras.
        En Cuentos perversos (2002), su último libro publicado, existe un desorden organizado porque lo que nos propone Tomeo en esta ocasión es un recorrido por una serie de perversidades en su sentido más estricto: treinta y nueve en total, aunque tratándose de un escritor como el aragonés este término va mucho más allá de su acepción y nos convoca a una suerte de costumbres sobre las que hay que disentir en esta vida cotidiana, como es habitual en él. En realidad, se trata de nuevas historias mínimas con esos medios, manifiestamente reducidos, que obligan al lector a elaborar sus preguntas y sus respuestas puesto que, inicialmente, plantean situaciones en apariencia muy sencillas: las múltiples personalidades del protagonista de «El hotel de los pasos perdidos» no es sino, esa voluntad de cambio que todos experimentamos; quién no ha soñado con convertirse en alguien importante, como el Capitán General de «El sargento Gutiérrez», tal vez nadie ha especulado con coleccionar cualquier tipo de aves como el protagonista de «El coleccionista de gallinas», jamás un ser humano no se ha sentido tentado de contar a unas niñas un cuento políticamente incorrecto como el de «Las nietecitas preguntonas» o, tal vez, alguien no ha soñado con matar, definitivamente, a los números como en «Los números muertos». Estos relatos están contados en tercera persona, ofrecen un mínimo diálogo, o una conversación directa, a veces, interrumpida por la brevedad de los mismos. Existe, la misma o parecida parquedad, en la descripción de los lugares y en el tiempo de la acción. ¿Son absurdas muchas de las situaciones que nos plantea Javier Tomeo? Evidentemente el escritor considera que de aquello sobre lo que escribe pertenece a un mundo en que, no necesariamente, se cuestiona la realidad. Su actitud, crítica si la hubiere en sus textos, se aleja de ese concepto social que sacude la visión de nuestros días. Tomeo ha fraguado su mundo experimentando en su propio beneficio y en el de aquellos que quieren seguirlo, algo que no es fácil pero humanamente posible.




CUENTOS PERVERSOS
Javier Tomeo
Barcelona, Anagrama, 2002

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