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lunes, 6 de marzo de 2017

Paula Izquierdo



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FEMENINO SINGULAR


       Escribir sobre un universo poblado, exclusivamente, de mujeres siendo sigue una fórmula literaria válida para explorar el mundo interior femenino, la fuerza que surge como contrapunto de las reacciones que experimentan las mujeres a lo largo de su existencia en nuestra sociedad actual. Tras la democracia, pese a una avalancha de narradores, nadie o casi nadie se sintió en la obligación de abordar un estudio serio sobre la cuestión: femenino/feminista como si, verdaderamente, de una manifestación diferenciadora se tratara, aunque lo cierto es que surgieron nuevos nombres que le otorgaron novedad a este hecho histórico y a la nómina de escritoras surgidas en las décadas de los 40 y los 50, se sumaron los nombres de Esther Tusquets, Carmen Riera, Rosa Montero, Montserrat Roig y poco después, se sumaron los de Cristina Fernández Cubas, Soledad Puértolas, Adelaida García Morales, Ana Rossetti, Paloma Díaz Más, Mercedes Abad y un largo etcétera hasta hoy. Quizá a estas alturas, en pleno siglo XXI, ese discurso caduco no tiene sentido alguno y más bien habría que hablar de literatura escrita por mujeres y literatura escrita por hombres, de protagonistas femeninos y protagonistas masculinos o, de literatura, en definitiva. Las voces femeninas que pueblan Anónimas (2002) el reciente libro de relatos de Paula Izquierdo (Madrid, 1962), enmarca la cuestión en esa primera acepción, mujeres anónimas que se sirven de un fuerza extraordinaria para constatar su victoria acerca del mundo de lo femenino. Pero las mujeres sobre las que escribe la narradora madrileña se muestran, pese a todo, insatisfechas, faltas de solidaridad y sufren, como el resto de la especie humana, siguen padeciendo su diferencia sexual y pretenden encontrar ese hecho liberador que las transporte a una nueva vida.
       Doce relatos con doce mujeres anónimas para garantizar su universalidad y en los que se suceden todas las formas de vida y expresión que conforma nuestra sociedad: incluido el sexo y la pasión, la monotonía y la laxitud, el deseo de venganza ante la opresión masculina, además, y esto es lo destacable, el valor de una marcada incomunicación que lleva a sus protagonistas a una hiriente soledad o al abismo de la locura. Y frente a la expresión inequívoca de una femineidad corporativa para denunciar desigualdades, para concienciar y terminar de conocer el mundo de la mujer, surge el retrato de los hombres, en este libro, meras sombras, referentes de alguna apetencia, objetos de deseo, como otrora ellas mismas. La angustia de «Alguien llama» se trueca en una esperanza maternal junto a un niño durante una noche calurosa que se diluye hasta el día siguiente; la incertidumbre de «El ruido del desierto», se convierte en esperanza, en uno de los mejores relatos del libro; el sexo, su deseo visto desde la óptica de la mujer, tiene una referencia interesante en «Del otro lado de la luna» o «El deseo». El resto de la mujeres de Paula Izquierdo, pueblan la ciudad y sus parques, conviven en apartamentos, se alojan en habitaciones de hotel y recurren a la memoria o a la esquizofrenia del pasado para contemplar el escenario de una existencia cotidiana que tan sólo se convierte en extraordinaria de la mano de otra mujer, quien junto a ellas, se erige en robinsón de su propia existencia. 



ANÓNIMAS
Paula Izquierdo
Barcelona, Seix-Barral, 2002

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