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jueves, 30 de marzo de 2017

Javier Tomeo



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ALGO DE CORAZÓN

       Una vez más esta historia mínima reúne todos o casi todos los elementos que necesita Javier Tomeo (Quicena, Huesca, 1932) para construir una obra, es decir, una vida tan anodina como contradictoria, una situación absurda y no menos jocosa, ciertas actitudes que llevan a ingenuidades y monólogos tan sabrosamente interesantes como insustanciales. Así se concreta esta nueva entrega, El cantante de boleros (2005), una muestra más del mundo propio del escritor aragonés.
       Cierta vida monótona, una soledad calculada, la realidad de un mundo vulgar, sin aliciente alguno, el hecho de constatar una razón posible sin una sinrazón que la haga creíble, así es la existencia del narrador de esta nueva novela que se pasa las mañanas en su casa y las tardes repartiendo los paquetes de un pequeño supermercado a domicilio, con unas mínimas preocupaciones que, en absoluto, alteran el ritmo cotidiano de su vida. Es más, la acumulación de situaciones insignificantes a que se va enfrentando le proporcionan todo el aliciente para reflexionar sobre los más inusitados y genuinos temas a que se ve convertida su cotidianidad. Tomeo va perfilando a lo largo de su relato un personaje solitario y extraño que pone en su propia boca frases de una madre muerta que siempre rememora, pero también bebe cerveza en el bar del vecindario, se ducha constantemente para combatir el calor, come fabada enlatada, tiene una pequeña aventura en uno de los repartos a domicilio y se interroga continuamente acerca de la actitud de su amigo Rafael y de los plantones que éste le ha proporcionado en las diversas citas, se siente vigilado en el barrio, recibe extrañas llamadas de teléfono, y acoge en su casa a Cornelio, el marido despechado de Carmen, la vecina que escandaliza al barrio con su aventuras sexuales.
                      Tomeo es un virtuoso del lenguaje, de la fraseología popular que explota ampliamente en El cantante de boleros porque la historia, puesta en boca de personajes tan aplastantemente humanos, no podía haberse escrito de otra manera. Humor, irónicas situaciones y perspectivas con ciertas dosis de ingenuidad van aflorando por las conversaciones que mantienen tanto el narrador como Cornelio y hay una frase que se repite una y otra vez, «no digo ni que sí ni que no», como un sonsonete que repiquetea a lo largo de los monólogos y los diálogos de los principales protagonistas de esta singular historia.
                      Tomeo no ha sentido nunca preocupación porque sus historias se identifiquen con una realidad concreta y parece desligarse de una actualidad identificable, su actitud se aleja de ese concepto social que propugna nuestra sociedad porque así la exclusión del lugar concreto o el tiempo tienen como objeto primordial evitar toda distracción del asunto que importa, y tanto los protagonistas como los lectores se centran en una historia que ellos mismos, siempre,  tratan de situar en uno y otro espacio.






EL CANTANTE DE BOLEROS
Javier Tomeo
Barcelona, Anagrama, 2005

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