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domingo, 29 de marzo de 2015

Desayuno con diamantes, 29



Un gallego en la corte del Rey Arturo
     “El periodismo puede hacer o deshacer a un escritor, pero es indudable que la literatura española siempre ha entrado y salido de los periódicos con naturalidad perfecta”, Ignacio Peyró. 



Ese fue un tipo de periodismo muy diferente, el que se practicaba a caballo entre la corresponsalía de guerra y la crónica chispeante y analista de la sociedad inglesa durante los bombardeos que la Luftwaffe realizaba sobre Londres, crónica de una larga sucesión de ataques por aire  desarrollados entre julio de 1940 y el 10 de mayo de 1941. La Luftwaffe comenzaría sus incursiones en el sur de Inglaterra, sobre objetivos navales y económicos que facilitarían su invasión terrestre por el Canal de la Mancha, luego se aventurarían hasta algunos importantes barrios londinenses y entre septiembre y noviembre las incursiones fueron casi a diario y, al menos, 43.000 fueron las víctimas mortales, unos 100.000 los heridos y más de un millón de familias perdieron sus hogares.

El gallego Augusto Assía fue el único corresponsal español que contó desde la City cuanto ocurría sobre los cielos londinenses durante la Segunda Guerra Mundial, cuando previamente había sido expulsado de la Alemania nazi, censurado por la República española y posteriormente por el régimen franquista. Corresponsal de La Vanguardia,  un medio para el que escribiría durante buena parte de su vida, posteriormente desarrolló su trabajo en Bonn, Nueva York y Washington hasta que en la década de los 70 volvió a su Galicia natal, donde siguió con sus colaboraciones hasta bien entrada la década de los ochenta.
Según se dice, plantó cara a Goebbels, fue anfitrión de Indalecio Prieto, compartió mesa con Franco y finalmente fue amenazado por Serrano Súñer.

Libros del Asteroide recupera para el curioso lector español sus crónicas fechadas entre los difíciles períodos, el 3/12/1939 y 8/05/1945, que anteriormente ya habían sido recogidas en Cuando yunque, yunque (1946), y un segundo volumen, que corresponde a julio de 1943, en adelante, y publicadas con el título Cuando martillo, martillo (1947), ahora aparecen en un solo volumen que ofrece la visión de conjunto, y lo mejor no solo la visión bélica que Assía enviaba con mucha asiduidad, sino que estas crónicas están escritas, al más clásico estilo literario y, lo sorprendente, en medio de una tormentosa evocación de la más sangrienta contienda en la Historia de la Humanidad reciente. Leemos a un Assía, sarcástico, de un sutil humor, conjugando aspectos humanos, acontecimientos bélicos y civiles, en realidad vida y muerte, el periodista apunta, y siempre da en la diana, para ofrecer un auténtico retrato del flemático inglés, del gentleman pese a todo, porque según Assía, son el pueblo más normativo y ritual que nadie pueda imaginar. “El guardarropa de un gentleman”, o “Casco y bombín” son buena muestra de ello, jocosidad, ironía y saber estar, por encima de todo.



Defensor de un impertérrito Churchill, vería en el Primer Ministro la quintaesencia del carisma británico a quien, enseguida, la población británica aclamó como su salvador, e incluso asevera, “el jefe del Partido Conservador es, por temperamento, un innovador”, y eso “a pesar de pertenecer a una de las grandes familias que encarnan el abolengo conservador de esta misteriosa isla”. Es más, señala que su talante reformista le ha convertido en un sospechoso habitual en los conciliábulos “que ponen pies de plomo en la marcha del Imperio”, y en otra crónica, aun insiste, “Churchill no solo ha salvado al Imperio durante los tres últimos años, sino que ha enriquecido su historia como no lo hizo quizá jamás hombre alguno antes de ahora”.

El libro

Las crónicas, “seleccionadas entre más de un millón de palabras”, abarcan las primeras impresiones del gallego al llegar a Londres, con Inglaterra golpeada por el yunque alemán, estamos en la fase de la guerra defensiva, y están escritas entre 1940 y 1943. La segunda, la guerra ofensiva, con las tornas cambiadas y la guerra a su favor, Gran Bretaña, se convierte en un martillo que golpea hasta la victoria.
Aparecen por primera vez, y en un único volumen, casi un centenar de artículos, en los que se alternan la guerra entre los civiles, la resistencia, la vida y la muerte. La última crónica lleva fecha del 8 de mayo de 1945, y ya lejos de Londres, en Nueva York, hace un balance final: “Hitler se había echado montañas arriba contra el curso de la Historia, contra el poder de la libertad, contra la fuerza de la gravedad”. Y añade, “sólo un loco puede intentar de nuevo la tarea de subyugar a Europa”.

El autor

Felipe Fernández Armesto, conocido también como Augusto Assía, nació en La Mezquita (Orense) el 1 de mayo de 1904 y fallecido en Xanceda (Mesía, La Coruña) el 2 de febrero de 2002.
Estudió el bachillerato en Orense y, en 1924, ingresó en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Santiago. En ese mismo año vieron la luz sus primeros artículos en El Pueblo Gallego, donde dirigió la página universitaria de este periódico.
En 1927 abandonó la ciudad compostelana, y marchó a París. Al año siguiente consiguió una beca de estudios en la Universidad de Berlín. Desde allí escribió en diversos periódicos españoles, especialmente en La Vanguardia de Barcelona, entonces popularizó la firma Augusto Assía. En abril de 1933 fue expulsado de Alemania por el Gobierno nazi y La Vanguardia lo envió a Londres como corresponsal.
En agosto de 1936 viajó a la España nacional, quedando adscrito a la sección de Prensa del Gobierno de Burgos. Estuvo en el frente de Asturias y, más tarde, fue director del diario orensano Arco, así como jefe de la sección de Internacional de La Voz de España.
En 1939 fue enviado de nuevo a Londres como corresponsal, e allí pasó toda la Segunda Guerra Mundial, enviando unas crónicas que se hicieron famosas. Tras la victoria aliada en la guerra, cubrió la información sobre los juicios de Nüremberg.
En agosto de 1950 contrajo matrimonio con la periodista María Victoria Fernández-España y Fernández-Latorre, de quién tuvo un hijo. Ese mismo año se trasladó a Estados Unidos, donde continuó como corresponsal de La Vanguardia.
En el año de 1964 compró en Xanceda (Mesía) una gran extensión de terreno, donde montó una explotación agrícola-ganadera.
En julio de 1967 firmó en La Voz de Galicia un artículo en el que reclamaba la equiparación de derechos para la lengua gallega en su país. Y el ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga Iribarne, le impuso una multa de 50.000 pesetas al director del periódico.
En 1986 dejó de escribir en La Vanguardia, tras 58 años de servicio.
 














Augusto Assía; Cuando yunque, yunque/ Cuando martillo, martillo; Barcelona, Libros del Asteroide, 2015; 476 págs.


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