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lunes, 2 de marzo de 2015

TRAVESÍAS



ENCUESTAS


   Existen palabras que conforman el mundo, y  nombres capaces de explicarlo todo. En una encuesta reciente, a una variopinta y amplia representación de escritores, se les preguntaba, ¿Por qué escribe? Porque es una manera de vivir, sostenía con fehaciente sinceridad, el reciente Nobel, Vargas Llosa, y para sentirse uno vivo o muerto, añadía algún otro. La triste manera de ofrecer un testimonio, es como deberíamos entender el famoso diario de la adolescente Anna Frank. Un modo de sentir el vínculo con el tiempo, confesaría la poetisa rusa Anna Ajmatova, o simplemente, porque estamos aquí, aunque quisiéramos estar en otro lado, aduce Tabucchi. Por una añoranza, aquella que emula a la infancia, imagina Almudena Grandes, o, en un sentido práctico, porque me gustaban las redacciones en el colegio, inventar cuentos, escribirlos y dibujarlos, asegura Muñoz Molina.
   Lo cierto es que a lo largo de la historia, el escritor ha ido viendo crecer una singular muestra de la bíblica Babel y, con su escritura, no de ha dejado de contribuir a entender ese complejo y difícil tótem humano. De la destrucción de la torre, surgió una afortunada confusión de lenguas. Resulta evidente que, ante la conclusión producida por cualquier encuesta al uso en una sociedad mediática, cabría resumir: escribo porque me gusta, o porque respiro, para no tener jefe, ni nadie que me obligue a madrugar, incluso por insatisfacción y perplejidad, o, porque como muchos otros, soy un imitador, un eslabón en la cadena ininterrumpida de la tradición. Pero, sin duda, la mejor de todas las respuestas: sinceramente, porque no lo sé.

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