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sábado, 7 de marzo de 2015

Hoy tomo café con…



Ana Rosetti
LO SACRO Y LO HERMOSO, LO OFICIAL Y LO PROHIBIDO, LO PERMITIDO Y LO MARGINAL EN ANA ROSSETTI*



   Ana Rossetti (San Fernando, Cádiz, 1950), cultiva una literatura de tono  exquisito y cuidado. Desde sus inicios, en el mundo del teatro, dispone de un mundo personal propio donde las referencias culturales y literarias se mezclan con imágenes y símbolos del mundo de la mitología, del renacimiento garcilasiano, del barroco gongorino o de tules y  bordados de una antigüedad fantástica y clásica. De su producción lírica destacan Los devaneos de Erato (1980), Dióscuros (1982), Indicios vehementes (1986), Devocionario (1986), Yesterday (1988), o su obra en prosa, Plumas de España (1988), Alevosías (1991) y Recuento. Cuentos completos (2001), una suerte de ajustar y corregir, de fijar definitivamente toda la obra en prosa anterior para emprender nuevos proyectos de ahora en adelante. Se ha atrevido además con una ópera, letras para canciones y con varias obras de narrativa juvenil
                                       
Lo que hemos sido  nos acompaña siempre.
        Eso no es cierto. El pasado no tiene porqué ser un estigma ni un destino. Estas afirmaciones significan una falta de esperanza en el ser humano y negarle toda posibilidad de transformación, rectificación, renovación, enriquecimiento o incluso perdición; como si no existiera ni el albedrío ni la capacidad de regir su vida. En realidad esta es una cuestión ética.


¿Realmente, nada desaparece de la memoria?
        Muchas cosas desaparecen de la memoria: algunas por autodefensa, otras por cobardía, otras por falta de interés  y otras por desgaste de neuronas, simplemente.        

¿Piensa usted que en la infancia se encuentra la parte más importante de nuestra memoria?
        No precisamente. En cantidad claro, pues en la infancia tenemos más sitio en el disco duro para que se nos grabe información. Pero eso no pasan de ser datos o ráfagas de imágenes, no un conocimiento de nuestra relación con el mundo. Lo importante empieza cuando esos datos se cuestionan, se analizan, se reflexionan  y van formando parte de nuestra toma de conciencia. A partir de ahí hay antiguas actitudes que se alejan completamente de nosotros como si concerniesen a otras personas y hay otras que van configurando nuestra experiencia y que pueden llegar a convertirse en sabiduría. La memoria sin revisión es sólo una acumulación de lugares comunes y de prejuicios.

¿Cómo cubrimos, entonces, nuestras pérdidas?
        Jamás me he planteado las cosas que no me interesan o no me convienen o han dejado de convencerme como pérdidas. Hay otras situaciones que acostumbramos a identificar como pérdidas como puede ser la muerte o el desamor o la traición o incluso la ruina material o el deterioro físico. Naturalmente que supone una gran conmoción en los universos estables y engañosos que tendemos a fabricarnos pero una vez superado el dolor hay que recordar que la inteligencia sirve para adaptarse favorablemente a cualquier contingencia para extraer felicidad y aceptar lo que hemos convenido en llamar pérdida como una posibilidad de cambio. 

Literariamente, Ud. empezó estrenando algunas piezas teatrales, ¿qué le queda de aquella época?
        Esa época fue muy importante en mi vida personal, pero si vamos a ceñirnos a lo profesional me ha quedado lo que podría llamarse «memoria de adiestramiento». De esa época data mi facilidad para trabajar y escribir en equipo y el considerar un proyecto en su totalidad no como la suma de protagonismos.


Sin embargo, deslumbró como poetisa y su poesía ha sido calificada de apasionada, audaz, sensual y brillante, ¿Usted se impuso una nueva estética con la lírica?
        ¿Yo? Hasta ahí no llega mi soberbia, pero si eso fuera posible, me refiero a hacer coincidir la realidad con el deseo me encantaría tener el truco. Yo no me impuse hacer una poesía como dicen que hice pero a lo mejor no difería tanto de los presupuestos estéticos del grupo de teatro que, para empezar, se llamaba «Metáfora». 

Indicios vehementes (1985) recoge buena parte de su obra lírica y muchos de sus poemas recogen ese enfrentamiento entre infancia-inocencia y adolescencia-voluptuosidad. ¿no hay un excesivo cuidado en el tratamiento del tema sexual o erótico?
        Yo no pretendí enfrentar nada. Recordando algunos poemas de Los Devaneos de Erato,  mi primer libro allí recogido, junto a los del apartado «Otros poemas» que son también de antes del 1980, como por ejemplo el de «Paris» o el de «Cibeles» o el de «Onán» o el de «Nikeratos» o el de «A la puerta del Cabaret» o el de «Un señor casi amante de mi marido»  o el de «Lindsay Kemp»  o el «Los jadeos de Lélia»  y así no sé cuántos, no veo que pueden tener de infancia ni de adolescencia. En Dióscuros si hay infancia, pero no inocencia sólo la imposibilidad de nombrar lo que se siente o se descubre. En Indicios...  hay referencia a algunos jóvenes pero no en relación con la voluptuosidad sino con sus suicidios o sus muertes prematuras. En cuanto al excesivo cuidado en el tratamiento de un tema, nunca es demasiado se escriba de lo que se escriba si se quiere hacer las cosas bien.

¿Establece usted tratamientos distintos para la prosa y el verso?
        Yo y todo el mundo. Hay distintas leyes para una y otro. La prosa organiza oraciones y  el verso sílabas. El verso es verso porque tiene medidas, acentos, ritmo, licencias y pausa métricas. Si no sería prosa poética.


En 1988 publicó Plumas de España, su primera novela, después ha insistido, pero sobre todo en el cuento ¿qué le ha aportado este género a su narrativa?
        Es que mi narrativa se compone generalmente de cuentos. No le ha aportado nada a mi narrativa como algo externo a ella sino como algo que en sí lo es.

Nuevas entregas, Alevosías (1991), con premio incluido, Una mano de santos (1997), El antagonista (1999), todos  incluyen  realismo y fantasía, ¿son estos los dos parámetros en los que se fija para contar sus historias? 
        Me gustaría saber si además del realismo y la fantasía hay otra cosa porque me la estoy perdiendo.

Este Recuento (2001) significa lo que lleva implícito el término en sí.
        Explico en una nota previa que se trata de «volver a contar», tanto en el sentido numérico porque es una recopilación, como en el narrativo porque se trata de cuentos ya publicados. Si hubiese sido una selección no lo habría llamado así. Procuro que los títulos se correspondan con los contenidos.
Estos Cuentos Completos recogen mundos medievales, con ángeles, demonios, evocaciones del pasado, frustraciones amorosas, esbozos celestiales, alegorías. ¿Son sus mundos particulares?
        ¡No, por Dios! Son mundos que pertenecen a la literatura universal.


¿Cuáles serían, pues, sus mundos particulares?
        Insisto: así como todos los mundos existentes están en este, los mundos literarios sólo pueden proceder de la literatura. Lo único que puede hacer un escritor es combinarlos para crear una sensación distinta convalidándolos o poniéndolos en duda, pero nunca sacar algo de la nada. Yo le debo a las novelas policíacas mi manía de ir provocando expectativas sin resolverlas hasta el final del poema o del relato; el juego con los equívocos del lenguaje a las comedias de enredo; la preocupación por el conflicto entre la individualidad y la identidad, a la literatura amorosa; el gusto por la oralidad, a mis lecturas de Delicado, Muñoz y Pabón, Fernando Quiñones...Yo podría seguir y seguir enumerando ramas genealógicas aunque con eso no le garantizo el buen resultado de los injertos.     

En este Recuento dividido en unos apartados conscientes se puede establecer buena parte del proceso de su producción en prosa: la infancia, la religión, la fantasía, con duendes y princesas, el erotismo ¿todos sus materiales temáticos y léxicos están incluidos en este volumen?
        No creo que sea fácil establecer el proceso puesto que hay ahí obras muy diferentes que se han escrito de manera simultánea. En cuanto a si hay están incluidos la totalidad de los materiales yo no soy quién para decirlo pero para determinarlo habría que examinar mi poesía, mi literatura infantil, mi teatro, mis letras de canciones... sólo así se puede estudiar cuáles son mis constantes, los distintos tratamientos que le he dado y saber cuáles están representadas y cuáles ausentes. De todos modos querría que, aunque ese fuera todo mi material, no lo siguiera siendo siempre. 

Su insistencia en lo erótico, en la sensualidad, en esa metáfora del deseo, se repite a lo largo de su toda obra y se percibe, también, en muchos de los cuentos de este Recuento, ¿es ésta una temática literaria a desarrollar o una nostalgia de esa inocencia perdida?
        La inocencia es un estado de ignorancia y de falta de responsabilidad moral. Yo no puedo tener nostalgia de nada parecido. Y en cuanto a la insistencia en lo erótico existe más en las preguntas de los entrevistadores que en mi obra.

¿El antagonista es un extraño relato dentro de Recuento?
        Vamos, que «Bitácora inmóvil» es muy normalito y pega mucho con por ejemplo «Solamente una vez» o que «Esto es mi cuerpo», «Dedicado a sus plantas», «El joyero de la infanta», «Las tres cartas de una vedette« y «Ensueña de una noche de verano», tienen mucha relación entre sí.

Insistamos en el lenguaje y en las posibilidades que éste ofrece en sus obras, ¿por qué se ha afirmado que sus textos son de intercambio?
        Ni sé quién lo ha dicho ni a qué se refiere y me parece que no me conviene demasiado saberlo. Las opiniones ajenas sobre mi escritura no tengo porqué discutirlas ni suscribirlas porque qué valor puede tener lo que yo diga:  por mucho que me empeñe no puedo ser imparcial. 

Yo se lo puedo apuntar, lo han afirmado dos hispanistas alemanes, y no se trata de discutir o suscribir opiniones ajenas. El intercambio apuntado se refiere a la mezcla o la unión (de lo santo, lo profano, lo moderno, lo pasado, lo popular lo culto).
        Es que esos dos hispanista —que ya sé quienes son— no han estudiado nuestro Siglo de Oro, porque su especialidad es la literatura contemporánea, por eso no pueden considerarlo como dentro de una tradición. Si supieran que por ejemplo en El caballero de Olmedo, que es una tragedia en verso, hay comicidad, intriga, asesinato, enredo amoroso, e incluso un pasaje en prosa, o que Góngora era capaz de escribir letrillas y Las Soledades o Quevedo que escribía al amor y al ojo del culo...y mil etcéteras más, no les llamaría tanto la atención. De todas maneras el término «intercambio» está mal elegido.

Se ha apuntado un proyecto narrativo diferente, el de la literatura infantil-juvenil ¿hasta qué punto le interesa ese público lector para dedicarle su tiempo?
        Cuando un creador está en proceso de crear lo único que le importa es la creación en sí. Crear un Huckleberry Finn no es dedicar el tiempo a unos adolescentes desconocidos sino a un muchacho fascinante. No todo el mundo somos capaces de conseguir dar vida a un personaje imprescindible en la historia de la literatura, pero yo puedo asegurar que me lo he pasado tan bien con mis «Chicas Robinson» como Mark Twain.

¿Qué queda de toda esa farándula sobre literatura femenina o literatura escrita por mujeres? ¿Tal vez no está de acuerdo con este calificativo?
        Créame que a veces me gustaría operarme y llamarme Pepito Pérez para que dejaran de hacerme preguntas estúpidas.

* La entrevista se hizo en la primavera de 2001, con motivo de la publicación de Recuento. Cuentos Completos (Páginas de Espuma).

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