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jueves, 12 de marzo de 2015

TRAVESÍAS


KAFKA



      Todo escritor tiene derecho a que le sobrevivan esos textos que, durante su experiencia creativa, considere oportunos. El caso de Franz Kafka no es distinto, uno más de la extensa lista a quién no respetamos su deseo. Sufrió una dolorosa enfermedad y temprana muerte, y desde entonces sus escritos calificados por él de mediocres no han dejado de reeditarse. Sus devotos lectores herederos de su literatura, no dejamos de sorprendemos cuando, pese a todo, leemos cual fuera su última voluntad: “Querido Max: Quizá ya esta vez no me levante. Después de este mes de fiebre pulmonar es muy probable que sobrevenga una inflamación seria de los pulmones (…) He aquí pues mi última voluntad respecto de todo lo que escribí para el caso de que se produzca lo que preveo: de todo cuanto he escrito pueden conservarse sólo las siguientes obras: La condena, El proceso, La metamorfosis, En la colonia penitenciaria, Un médico rural, y el relato Artista del hambre. Los pocos ejemplares de Contemplación pueden también conservarse; no quiero dar a nadie el trabajo de destruirlos, mas no han de imprimirse de nuevo. Al decir que pueden conservarse esos cinco libros y el relato no quiero significar que tenga el deseo de que vuelvan a imprimirse para ser trasmitidos a la posteridad; por el contrario, si se perdieran por completo, ello respondería a mi verdadero deseo. Sólo que no puedo impedir a nadie, puesto que ya existen, que los conserve si así le place. Pero todo lo demás escrito por mí (…) sin excepción alguna (…) ha de ser destruido y te ruego que lo hagas cuanto antes. FRANZ”. 
        Kafka que se calificaría mediocre, suplicaría a Brod que destruyera todos sus escritos, cosa que su amigo no lo hizo, por razones obvias, o para gloria de la humanidad literaria.


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