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jueves, 5 de marzo de 2015

TRAVESÍAS



CAMPOS REINA


   Uno descubre el mundo narrativo de un autor de muy diversas maneras, y solo la fortuna nos sorprende en ocasiones, nunca deja de ser una aventura, y tras haber leído el libro de un desconocido sopesamos si el intento ha merecido la pena: mi suerte se tituló Tango rojo (1992), una colección de relatos que me descubrían a (Juan) Campos Reina (Puente Genil, Córdoba, 1946), y su visión de la España negra y surrealista, un haz de tonalidades de profunda tradición literaria, cantares de ciego, asombros místicos, gacetillas decimonónicas, e historias de bandoleros. Luego vendrían, sus novelas, Santepar (1988) y Un desierto de seda (1996).
   Campos Reina vivió, parte de su vida, en un entorno cordobés, y se retiró al mar para ir componiendo lo esencial en su obra: Córdoba y Andalucía. El bastón del diablo (1996) fue una de sus novelas que más despertó mi interés, el mejor momento de un buen novelista, centra su atención en una época de nuestra historia reciente cuando ser de izquierdas o derechas significaba, vencedor o vencido. Lo mejor ese descenso a los “infiernos” con obligada referencia a su novela anterior, Un desierto de seda, que representaba el “paraíso” y La góndola negra (2003), el “purgatorio”. El narrador cordobés ya ha alcanzado un dominio de la técnica novelística, mezcla ficción e historia de una forma indisoluble. Su pluma recupera ese antagonismo tanto tiempo denostado en la España del XX, el ilustrado, inquieto e idealista hombre de izquierdas, y el conformista, iracundo de una ilusa razón personal que justifica todas sus actitudes, el hermano de derechas. El bastón del diablo contribuye a desvelar el lado oscuro de la psicología humana, de la falsedad política, espejo de una permanente actualidad.

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